Mommy

Jueves, 14 de Mayo de 2015 | 2:31 am | No hay comentarios

Título original:

Mommy

Dirigida por:

Xavier Dolan

Duración:

139 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon, Suzanne Clément, Alexandre Goyette, Patrick Huard

Con sus personajes disfuncionales, diálogos histéricos y cuidadas secuencias videoclipescas, el canadiense Xavier Dolan se ha hecho un nombre propio dentro de la cinematografía contemporánea y convertido en referente en el circuito indie en cuestión de pocos años. Haciéndole honor a su denominación de niño terrible, la recepción de sus trabajos no conoce puntos neutros: o se le admira, o no se le soporta. La polarización es entendible dado el carácter pretensioso y a ratos autoindulgente de sus películas, así como su obsesivo afán por adornar con música pop, pero sería antojadizo quedarse con aristas que dependen más del gusto personal y no admitir que el sujeto es un creador talentoso.

MOMMY 01La vida de la políticamente incorrecta Diane ‘Die’ Després (Anne Dorval) cambia de súbito cuando su hijo adolescente, Steve (Antoine-Olivier Pilon), incendia el comedor del internado para jóvenes problemáticos donde está encerrado y debe traerlo de vuelta a vivir con ella. Viuda hace tres años, Die lidiará con la inestabilidad psicológica del chico, siendo ayudada por la enigmática vecina, Kyla (Suzanne Clément), forjándose un fortuito lazo entre el trío.

Para los que vieron su premiada “J’ai Tué Ma Mère” (“Yo Maté A Mi Madre”, 2009), es natural la inclinación a asociarla con esta última entrega en términos de temática, sin mencionar que los papeles principales femeninos son interpretados por las mismas actrices. Como una especie de versión actualizada y más compleja de la cinta de 2009, “Mommy” introduce a una madre y un hijo envueltos en una bizarra relación de amor/odio, marcados por la soledad e inmadurez de ella, y la rabiosa impulsividad de él. El parecido se extiende con el rol de Kyla que, al igual que en su primera cinta, es profesora y concentra su energía en apoyar a un muchacho ajeno, con tal de no verse hacia adentro y reconocer su propia falta de afecto.

Lo positivo es que, aunque las características en común entre ambas cintas están bastante transparentadas, ahora fueron trabajadas en mayor profundidad y dieron luz a un producto perfeccionado. Clave en esto es que el joven realizador finalmente se deshace de la mayoría de sus tentaciones autocomplacientes y se concentra en construir la trama con una mesura que se aprecia, avanzando con prudencia, queriendo a sus tres protagonistas por igual. Se toma su tiempo y, a la vez, no se extiende en demasía, por lo que en ningún instante agota. Mantiene su sello, con ese desvergonzado uso de atractivas canciones, que seguramente son placeres culpables de varios, etéreos planos ralentizados y la propuesta visual entre vintage y kitsch, que ha sido comparada con la de Almodóvar, pero en esta ocasión, a diferencia de sus obras antecesoras, no cae en el exceso ni la MOMMY 03gratuidad –esa sensación irritante de que ciertos intervalos estéticamente bellos sólo fueron incluidos para llenar vacíos narrativos-. Entre todas las aristas en juego, no obstante, son los textos los que chocan a ratos. Saturados de gritos e insultos, es cierto que su tono y ritmo son coherentes con el carácter de los personajes, pero es un recurso que Dolan viene explotando desde el arranque, dando la impresión de no poder visualizar discusiones cargadas de melodrama extremo.

No está del todo definido de qué específicamente trata la historia. ¿Es la tormentosa relación de una madre y un hijo? ¿Es sobre tres personas inadaptadas anclándose una a la otra? ¿O es una exploración respecto al poder del afecto? La protagonista, después de todo, cree ser capaz de enfrentar los serios problemas mentales de Steve con cariño, ante la incredulidad de la encargada del internado. Si este objetivo se logra o no, al final del camino poco incide, ya que lo que vale aquí es el proceso. Por lo mismo es que la estructura, que está diseñada en base a escenas que resultan más bien dispersas en vez de directamente integradas unas de otras, pasa a segundo plano. Lo que presenciamos son momentos que fluctúan entre la tristeza, tensión, incomodidad, extravagancia, felicidad y violencia, todos efímeros; van y vienen. La casa de Die es el espacio físico donde el trío parece encapsulado en lo que se podría extrapolar a la vida misma.

MOMMY 02Las actuaciones no desentonan, y si bien Dorval y Pilon cumplen con las exigencias de dar con un par tan inusual como entrañable, la que sobresale es Clément. Tremenda actriz, se pone en la piel de una muy introvertida mujer, cuyas capacidades han sido progresivamente disminuidas bajo el alero de las estructuras machistas del matrimonio tradicional. Su performance cúspide sigue siendo la de “Laurence Anyways” (2012), pero aquí otra vez conmueve con su solidez dramática y poder de convencimiento.

Un film como “Mommy” es el resultado de un trabajo persistente que hay que reconocerle a su director. No es su obra más fascinante en cuanto a la visualidad de su superficie, sin embargo, es ese leve despojo decorativo lo que permite calar más hondo en lo que se está contando. Paradójicamente, siendo Steve el personaje más desquiciado de su historial, está inserto en su relato más reflexivo. De todas maneras su estilo registrado continúa latente –ese que seduce a cierto nicho más alternativo- de modo que la reacción seguirá dependiendo de la preferencia de cada uno. Quitarle el mérito artístico por un mero capricho, eso sí, sería una gran injusticia.

Por María José Álvarez

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