Moana: Un Mar de Aventuras

Jueves, 5 de enero de 2017 | 12:01 am | No hay comentarios

Título original:

Moana

Dirigida por:

Ron Clements y John Musker

Duración:

107 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Animación

En simultaneidad con el fortalecimiento de su animación de inspiración más fresca (“Zootopia”, la última representante), Disney ha visto afianzar su poderío con la aparición de nuevas películas con princesas protagonistas. Una suerte de regreso a sus mejores días, en la entrega de cuentos mágicos y emotivos con mujeres al frente. Tras muchos años de silencio en ese apartado, Tiana de “The Princess And The Frog” (2009), Rapunzel de “Tangled” (2010), Anna y Elsa de “Frozen” (2013) se unieron al grupo de icónicos personajes del estudio y, a una marcha paulatina, han evidenciado la intención por parte de la compañía de ajustarse a los tiempos actuales. A siete años del regreso de su división animada más clásica, una nueva pieza se incorpora, gozando de distinciones del esquema tradicional.

La isla polinésica de Motunui es el lugar donde vive la joven Moana, hija de los líderes de la tribu que desde pequeña se ha visto atraída por el mar, bajo la mirada aprensiva de sus progenitores. Esas ansias por ir más allá de los límites establecidos encontrarán estímulo cuando, deslumbrada por la relevación de un misterio, cruce sola el océano en búsqueda de una isla legendaria, y de Maui, semidiós alguna vez acogido por los humanos al que le llegó la hora de saldar cuentas.

Fruto de un 2016 muy prolífico y estimulante de filmes animados, desembarca para iluminar la cartelera la nueva apuesta de Disney, en lo que puede ser calificado fácilmente como un estreno perfecto para estos tiempos de noticias sombrías y tristes. Sobre todo dado el contexto, sumergirse en esta historia puede parecerse a un festín, y califica como evasión ideal que permite conectarse con un puñado de ideas y sensibilidades que completan el alma al terminar la función.

Con la astucia que se le conoce al estudio, la magia del relato captura desde su inicio, envolviendo en su mitología y su noción de la aventura, bajo una visualidad fresca y suelta. Imitando la estructura de “Frozen”, concentra buena parte de su apartado musical en la primera fracción, perfilando a su protagonista y deslizándose por lo que esconde Motunui. No es la parte más divertida de la cinta, pero se entiende en cuanto permite otorgarle bases sólidas a la narración y distanciarla del modelo de animación que se factura sin sazón ni esmero, mientras que para efectos de la fluidez se manifiesta habilidad para proceder con pulcritud, pese a que no encandila.

La película se mueve a su ritmo, sin fluctuaciones toscas que la desvíen hacia el impacto fácil o la emoción de golpe. Hay, sello distintivo de Disney, elegancia en la articulación del relato en casi todo instante –a excepción de ciertas facilidades por las que se inclina, como poner a Moana y Maui juntos a muy poco que ella ha zarpado– y en su búsqueda de ser concreta y condensada, establece pocos personajes y los moldea bien, otro de sus méritos, regalando uno especialmente enternecedor como el de la abuela de Moana, y otros simpáticos y eficaces como el gallo Hei Hei, o el mar (sí, personificado).

Si “Frozen”, enfocada en dos hermanas de la realeza, había sido un paso adelante en términos de prescindir de los príncipes audaces y valientes, esta nueva apuesta liquida definitivamente esa opción perpetuamente desarrollada por el estudio en sus clásicos: no hay interés romántico y la historia no se activa en función de lo masculino. Ahora, la cinta, lejos de proponer algo tajante y radical, sustituye aquello por una variante más aventurera de la lógica imperante. Aunque sigue siendo la película de Moana, durante la segunda parte Maui amenaza con apropiarse de todas las miradas, demostrando su naturaleza cercana a “Hércules” –título que la dupla de cineastas dirigió en 1997– y a Ralph. Durante esos pasajes, el filme hace malabares para que el carácter de la protagonista se imponga –pese  a lo llamativo del semidiós–, no obstante, es dudoso que eso se termine consolidando íntegramente. Asimismo, es complicado no tender a pensar que podría haber funcionado incluso mejor sin la necesidad de adicionarle un personaje masculino tan fuerte, pudiendo haber extendido las posibilidades del viaje al que se lanza Moana y empujado el relato por derroteros más desafiantes y menos aplicados y probados. Si bien aquello se parece a asomarse al terreno de la especulación, resulta difícil no conectar con esa idea.

Pero, en efecto, hay certezas que se instalan con mayor fuerza: para el trayecto marcado por Disney, más lento y cauteloso que el de otros competidores de menos excelencia, la cinta de los veteranos Ron Clements y John Musker encarna una muestra de hacer cine familiar abrazando la inclusión y el empoderamiento femenino. La película celebra a su protagonista, le da independencia, osadía y sueños que trascienden romper un hechizo o conseguir una pareja. Tal vez no sea el triunfo rotundo que podría haber sido en ese ámbito, pero brinda las satisfacciones que permiten despedir con una sonrisa sus minutos finales. El filme lo consigue con ese protagónico, así como también con una oferta de canciones estupendas y una aventura que irradia entretención y hondura con respetable balance.

Por Gonzalo Valdivia

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