Matar A Un Hombre

Jueves, 16 de Octubre de 2014 | 12:22 pm | No hay comentarios

Título original:

Matar A Un Hombre

Dirigida por:

Alejandro Fernández Almendras

Duración:

82 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Daniel Candia, Daniel Antivilo, Alejandra Yáñez, Ariel Mateluna, Jennifer Salas, Don Willie

El sur de Chile como refugio de una familia que se sostiene a duras penas y de un matrimonio que siente gradualmente el dolor del desgaste. Todos encapsulados en un cine de mirada sutil, sensible, precisa. Un cine que no necesita discursear para hablar de política. Un cine que no necesita contener un mensaje explícito para referirse a la sociedad. Un cine que no necesita remarcar su perspicacia para dejar una profunda huella. Uno que los presenta más como personas que como personajes. Contundente e indispensable, la obra de Alejandro Fernández Almendras ensancha sus dimensiones con su tercer componente.

MATAR A UN HOMBRE 01La historia sigue a Jorge (Daniel Candia), un apacible hombre que mantiene a su esposa y dos hijos con su trabajo como cuidador de una reserva natural. Una fatal noche, luego de llegar de una jornada laboral, es asaltado por un grupo de delincuentes de su población liderados por el Kalule (Daniel Antivilo). Su hijo (Ariel Mateluna) se decide a recuperar sus pertenencias, pero en ese intento resulta gravemente herido. Pasan dos años y el Kalule obtiene su libertad, regresando el calvario a la vida de esta familia. El hombre los acosará cada vez con mayor violencia, por lo que buscarán protección en el sistema legal, pero no encontrarán más que una muralla de burocracia. En medio de esta condición de completa vulnerabilidad, Jorge se lanzará a tomar una crucial decisión.

Impunidad y culpa se cruzan en esta historia basada en hechos reales, que le permite a su director, a diferencia de “Huacho” (2009) y “Sentados Frente al Fuego” (2011), explotar su capacidad para narrar y sintetizar una gran cantidad de información que escapan a las posibilidades del plano. Fernández Almendras tiene una historia en que a todos niveles hay muchas más cosas que explicar, y lo que hace es adaptar brillantemente sus pautas de cine más reposado a lo que tiene entre manos. Para todos los propósitos, mantiene intacta su lucidez dada por la exploración que realiza; observa, contempla, analiza, sin un leve tono de superioridad moral o altanería. El director retrata a su protagonista –un tipo descaminado, empujado por las circunstancias, que no sabe muy bien qué diablos está haciendo- siempre con una proximidad certera: no dispuesto desde una perspectiva de calidez, sino que desde la posición de un cineasta conmocionado y decidido a no decantarse por respuestas simples.

MATAR A UN HOMBRE 02Quizá lo más notable de la cinta es que, pese a todo lo anteriormente dicho, priman las sensaciones antes que los hechos. “Matar A Un Hombre” es una película que no opera desde la lógica o el raciocinio, sino que desde una óptica emocional, desgarradora, visceral. Apartada de todo cálculo u operación preliminar, lo que transmite es que fue hecha con el corazón en la mano. De ahí que los alcances de la obra no estén concebidos desde una vereda ética o moral. Su propósito mayor está en convertirse en un viaje mucho más profundo y atípico, que desentrañe los abismos del ser humano. Y en esa búsqueda es que se zambulle en territorios de penumbra, lo que no  hace más que corroborarse cuando se acontece el punto más álgido del relato.

Por su intención de explorar los procesos internos de un protagonista abatido, podría haberse inclinado por una cámara que no le diera tregua, como hiciera hace no tanto “Carne de Perro” (2013). En cambio, su apuesta va por mezclar planos amplios y otros más cerrados, alejándose de la corriente más dardenniana. Se afinca a una distancia justa –dada por la puesta en escena- para que el personaje no sea observado como ratón de laboratorio, ni tampoco para que la implicación con él sea forzosa.

MATAR A UN HOMBRE 03La suntuosa dirección de fotografía de Inti Briones, por esa razón y por la preponderancia del entorno, resulta vital en la película. Por su parte, la música, prácticamente inédita en el cine del director, también es trascendental en la construcción de la cinta. Ya sea con composiciones que pareciera que van a consumir la pantalla o tenues sonidos que sólo sirven para hacer transiciones, la banda sonora guía un relato de permanente y abrumadora tensión.

La de “Matar A Un Hombre” es otra de esas tantas historias que en la prensa son tratadas con sensacionalismo y destacadas por la rareza que las envuelve, pero acá sirve como base de un drama excelso, superior, avasallador. Eso no se debe a otro motivo más que detrás está un autor que maneja con delicadeza y minuciosidad un abanico interminable de dispositivos narrativos y audiovisuales, partiendo por siempre tener el cuidado de conferirles dignidad a personajes usualmente relegados a la compasión. En sus historias situadas en pueblos del sur de Chile –unas más reveladoras y grandes que otras- se deja ver lo más íntimo del ser humano, sus transformaciones internas, sus dudas, sus miedos y sus culpas.

Por Gonzalo Valdivia

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