Mátalos Suavemente

Miércoles, 3 de Abril de 2013 | 11:00 am | No hay comentarios

Título original:

Killing Them Softly

Dirigida por:

Andrew Dominik

Duración:

97 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Brad Pitt, Scoot McNairy, Ben Mendelsohn, Richard Jenkins, James Gandolfini, Ray Liotta, Vincent Curatola, Slaine, Max Casella, Trevor Long, Sam Shepard, Garret Dillahunt, Bella Heathcote, Linara Washington, Ross Brodar

Las películas son pequeños universos de sentido, donde cada elemento es puesto en funcionamiento para entregar un mensaje, de acuerdo a los intereses expresivos del autor. En un primer instante, la cinta debe funcionar en su interior, ser una unidad coherente donde nada sobre ni falte para entender el mensaje. Sin embargo, el cine no sólo habla de sí mismo, habiendo casos en donde las ficciones de un relato escapan a la pantalla y se instalan como verdades incómodas dentro del discurso social. El problema surge, en este caso, cuando se le entrega demasiada significación a elementos inocentes en un texto, o cuando otras aristas, ricas en dobles lecturas, se dejan de lado por simple desidia o pereza mental.

¿A qué viene este alegato a favor del cine como herramienta para entregar un discurso social, político o cultural? Porque, más allá de valoraciones más cerradas (bueno/malo, aburrido/entretenido), -casi- todo el cine es capaz de entregar mensajes, sólo deben existir quienes sean capaces o quieran o se atrevan a realizar estas lecturas. Tal como sucede con “Mátalos Suavemente”, tercer largometraje de Andrew Dominik (“Chooper”, “The Assasination Of Jesse James By The Coward Robert Ford”), donde se desliza una incómoda similitud entre la dinámica económica de un país y de la Mafia, extrapolando una sutil crítica política y social.

Johnny Amato (Vincent Curatola), dueño de una lavandería, convence a Frankie (Scott McNairy) y Russell (Ben Mendelsohn), dos ladrones de poca monta, para que roben una casa de juegos clandestina manejada por la mafia local. Los dos ingenuos se tientan por el plan que Johnny tiene para inculpar al gerente del establecimiento, Markie Trattman (Ray Liotta), quien ya estuvo involucrado en un asalto parecido. Luego de acontecido el hecho, y para salvar la economía criminal de la ciudad, la mafia contrata a Jackie (Brad Pitt), un asesino a sueldo, para que restablezca el orden y haga pagar a los responsables.

Más allá del guión, una historia bastante clásica sobre los negocios del crimen organizado, uno de los puntos fuertes de esta cinta está en el paralelo que se realiza entre la crisis de la economía mafiosa y la de Estados Unidos. El tiempo absoluto del relato está fijado en 2008, justo cuando el país del norte vivía la recesión más profunda desde 1929, y se sucedían las campañas de Obama y McCain a la presidencia. En una especie de extraña música incidental, los discursos de Obama, McCain y del presidente de ese momento, George W. Bush, decoran las escenas centrales del relato, como por ejemplo el robo a la casa de juegos.

Como recurso expresivo, la sola inclusión de estas palabras a manera de escenografía sonora obliga a aterrizar los hechos relatados, que son pura ficción, pero terminan pareciéndose demasiado a la “realidad”. Es aquí donde la película termina por incomodar, en lo que podría considerarse como una “economía de la violencia”, aquel grado de agresión propia de los sistemas capitalistas, que son capaces de absorber sus propias irregularidades, restableciendo el orden a través de Jackie, un administrador de esa violencia. Es el personaje interpretado por Brad Pitt quien se lleva el peso de la propuesta discursiva de la cinta, al ejecutar los mandatos de la mafia, siempre intentando ser lo más KILLING THEM SOFTLY 04“económico” posible respecto a los castigos que debe perpetrar. La complejidad, y riqueza final de su actuación radica en la humanidad que supuestamente trasunta, lo que no es más que un minucioso cálculo de las posibilidades de sí mismo, de la realidad económica y política donde está inserto; y finalmente de cómo esta mecánica está englobada en el mismo film.

“Mátalos Suavemente”, ya en el final, se vuelve consciente de sus posibilidades, redondeando toda la crítica esbozada de forma paralela anteriormente. Porque sólo los ingenuos -o los idiotas- creen que la realidad económica de una sociedad está desligada de su aparato político, donde algunos dicen gobernarnos sin un interés creado en las riquezas que se generan para unos pocos. De ellos no puede venir el cambio, así que lo único que queda es hacer el trabajo y cobrar.

Por Juan Pablo Bravo

Enlace corto:

Comentar

Responder