Lucy

Jueves, 21 de Agosto de 2014 | 1:29 pm | No hay comentarios

Título original:

Lucy

Dirigida por:

Luc Besson

Duración:

89 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt, Pilou Asbæk, Analeigh Tipton, Nicolas Phongpheth, Luca Angeletti, Loïc Brabant, Pierre Grammont, Pierre Poirot, Bertrand Quoniam, Pascal Loison, Pierre Gérard, Isabelle Cagnat, Frédéric Chau

Si hay un punto que concederle a Luc Besson, independiente de la preferencia personal, es su preocupación por dar vida a personajes femeninos poderosos e innovadores en una industria que nos tiene acostumbrados a encumbrar al hombre como el héroe. Es probablemente su principal carta de presentación, de igual manera que es la excéntrica y, por ende, algo incomprendida conjunción de acción, humor negro, ciencia ficción y romance que suele imprimir en su filmografía. Al francés se le nota que disfruta haciendo sus películas, les tiene cariño, hay un dejo de auto-indulgencia en ese afán de insistir con las situaciones bizarras, ritmos vertiginosos, estéticas arraigadas a la cultura pop y ese toquecito de surrealismo que a instantes impide tomar sus cintas demasiado en serio. Guste o no, el sujeto se arriesga, juega e inventa como un niño hiperactivo que no descansará hasta obtener lo que desea. Porque, en efecto, la mejor forma de describir “Lucy” es como su más reciente capricho.

LUCY 01Obligada por su amante narcotraficante, Lucy (Scarlett Johansson) se involucra en el negocio comandado por  Mr. Jang (Choi Min-Sik). Su labor es portar en el estómago una peligrosa droga que deberá transportar desde Taiwán a Europa, sin embargo, el paquete se le rompe en el camino, y su organismo en vez de colapsar ante la sobredosis, reacciona fortificando su inteligencia hasta el punto de dotarla de habilidades literalmente impensadas para un mortal. El fenómeno llega a oídos del profesor Norman (Morgan Freeman), quien ha dedicado su vida al tema y verá en Lucy a la primera persona en usar la capacidad total del cerebro humano.

La película consta de una velocidad frenética que le juega a favor y en contra en partes iguales. Por un lado la dota de una agilidad que mantiene el ritmo fresco y encendido en todo momento, inspirado en tratamientos cercanos a la publicidad y el videoclip, que a estas alturas se ha vuelto costumbre en producciones modernas y que, más allá de la calidad de su aporte al cine, proyectan un espectáculo visualmente seductor. Pero esa es la superficie, ya que al momento de colaborar con el discurso que pretende plasmar el argumento, ese ritmo descalabra el objetivo. Jugar con el ritmo es válido, está bien coquetear con lenguajes dinámicos, no obstante, el recurso se torna antojadizo cuando deja de ser proporcional al texto. La temática del tiempo es el común denominador, su importancia es subrayada una y otra vez, pero en pantalla somos testigos de una serie de aceleramientos que no sólo acaban siendo excesivos (y tal vez derechamente insufribles), sino que también impiden profundizar en la premisa en cuestión.

LUCY 02Hay un afán tan obsesivo porque todo luzca rápido con tal de metaforizar sobre nuestro modo de vida actual, donde nos movemos de tal forma que acabamos insensibilizados respecto a nuestro alrededor, que ese mensaje figurativo se pierde porque la misma película resulta vacía en su fondo. Es el mayor error de la cinta; su tratamiento no le ayuda. Termina cayendo en su propia trampa. Pretende ahondar en temáticas contingentes a través de una estructura que se asemeja a la de una exposición académica con sus comparaciones con el mundo animal, tiene ambiciosas aspiraciones de ensayo medio filosófico-medio científico con sus cuestionamientos sobre nuestros orígenes, cómo hemos construido paradigmas con tal de comprender el universo y qué hemos hecho con ellos, pero esas no son más que interrogantes que se quedan flotando en un ambiente nebuloso, donde sólo logra distinguirse su cualidad estética. Curiosamente, sus fallas se asemejan a la de su contemporánea “Transcendence: Identidad Virtual” (2014); leyéndolas en perspectiva, ambas son primas que coinciden tanto en su tópico central como en las características de su protagonista y sus falencias.

Johansson, la reina absoluta del foco de atención, despliega un desempeño aceptable para un rol físicamente llamativo, pero que tampoco exige demasiado en términos de complejidad interna. Esto resulta engañoso, porque en primera instancia Lucy da luces de una personalidad desenvuelta y fascinante que marcará una diferencia, sin embargo, esa ilusión se desvanece demasiado pronto como para lograr apreciarla como personaje icónico del todo. Por desgracia, es la gran sensación que se genera a lo largo de todo el metraje: que las acciones ocurren con demasiada prisa y, entonces, todo aquello que tenía potencial para ser grande va quedando en el camino, siendo el desarrollo de la heroína la víctima que la saca más cara, lo que bajo ninguna circunstancia es un error remediable, a raíz de que Lucy es el motor del film, y si el motor decepciona, entonces el resto del engranaje lo hace en reacción encadenada. Da la impresión de que Besson se encontraba tan ansioso por materializar su idea de esta mujer superhumana cuya existencia pondría en cuestionamiento nuestra perspectiva de LUCY 03la vida, que pasó por alto la necesidad de entregarle el tiempo suficiente para armarla a cabalidad como personaje que, a través de su transformación, realmente fuera capaz de dejar huella.

“Lucy”, tanto la película como su figura principal, se queda como un esbozo de un concepto a primeras irresistible, mas eventualmente desencantador conforme se desenvuelve frente a nuestros ojos a una velocidad que, aunque engancha a nivel de envoltorio, arruina en el contenido. En cintas como estas es fácil –y entendible- quedarse con ese exterior atrayente, donde el ritmo atrapa, la música envuelve y la protagonista porta esa actitud intrépida que cualquier muchacha envidiaría, pero cuando es la misma obra la que explícitamente aspira a ser un documento de reflexión e intelectualidad, no basta conformarse con el espectáculo. Es más, no debiera ser tan explícita en su intención en primer lugar, pues eso implica construir promesas que no sabe concretar, y gozar de un subtexto lo bastante macizo para prescindir de un texto tan directo. Esto no la convierte en una mala película, en todo caso, sólo en un imperfecto intento más de su inquieto realizador por impactar.

Por María José Álvarez

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