Los Padecientes

Jueves, 22 de Junio de 2017 | 12:53 am | No hay comentarios

Título original:

Los Padecientes

Dirigida por:

Nicolás Tuozzo

Duración:

116 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Benjamín Vicuña, Eugenia Suárez, Nicolás Francella, Pablo Rago, Ángela Torres, Luis Machín, Osmar Nuñez, Justina Bustos

El cine de suspenso, en especial aquel que no busca por ningún motivo convertirse en terror, es un conjunto complejo de recursos que buscan mantener al espectador al borde de su asiento, con la respiración acelerada por saber qué sucederá después. Es un género fílmico que, cuando logra ser llevado a cabo de manera correcta, produce obras maestras que pasan a la memoria colectiva enalteciendo a sus directores. No obstante, también suele ser un género que engloba una serie de películas que no han logrado llegar a esa categoría tan anhelada, quedando a medio camino entre el cine negro cliché y el drama injustificado. “Los Padecientes” es uno de estos últimos casos; una adaptación de la novela de Gabriel Rolón que no termina de convencer a sus espectadores ni por un segundo, a pesar del gran potencial creativo que encierra.

La tercera película de Nicolás Tuozzo como director se toma 116 minutos de viaje narrativo para contar la historia de Pablo Rouviot (Benjamín Vicuña), un afamado psicoanalista que se ve envuelto en el peritaje de la muerte de un importante empresario. En este trabajo, el psicoanalista irá desentrañando el misterio alrededor del asesinato, mientras defiende a Javier Vanussi (Nicolás Francella), hijo trastornado de la víctima, en un intento por descubrir la verdad del crimen.

La película comienza con la narración del protagonista sobre su filosofía en torno a las ideas de la justicia, la verdad y la importancia de buscarlas incansablemente. Desde este momento en adelante, será esa narración las que nos remontará al pasado, hasta el punto exacto donde comienza la historia de Pablo y nos llevará a través de escenas llenas de frases desafortunadas que rayan en lo misógino, y un guion pobremente trabajado que se va transformando en la tónica del film a medida que los minutos avanzan. No toma mucho tiempo para que comience a relucir un quiebre entre las intenciones del relato y el tratamiento cinematográfico que se le ha dado: por un lado, una historia compleja que promete personajes ricos y profundos, con un cuidado por la construcción de las personalidades a través de detalles, y por otro lado, una forma de narrar mediante diálogos y escenas que no convencen, con personajes de una sola dimensión y de intenciones mecánicas, que responden a las necesidades del guion y no a una motivación interna.

En lo técnico, el uso de la cámara y la propuesta artística abundan los planos cercanos que se suceden unos a otros, en un intento voraz por mostrar a los actores que protagonizan el film, pero que no alcanzan para construir verdaderamente una propuesta cinematográfica clara que sirva de base estética para apreciar la cinta. A pesar de tener muy buenas locaciones, de colores y rítmicas visuales llenas de contraste que pudieron ser explotadas de manera exquisita, la indecisión en su propuesta termina por generar una narrativa visual poco clara, poco propositiva y, hacia el segundo tercio de la película, predecible.

Finalmente, son dos puntos críticos los que terminan por hundir al film en el aburrimiento total del espectador: lo poco creíble de su argumento y lo mal logrado de su construcción de tensión. Al tratarse de una película cuyo centro es la investigación de un personaje que se declara a todas luces como intelectualmente superior, se esperaría un desenvolvimiento de la historia basado en las deducciones inteligentes, en las formas de pensar brillantes y en la seducción del pensamiento de una mente que deslumbre al espectador. No obstante, esta película decide alejarse de ese camino, y decide entregar a su protagónico las soluciones de manera arbitraria en un juego de convencimiento que hace parecer que los demás personajes no tienen coherencia alguna, insultando la inteligencia de ellos al entregar en bandeja todas las soluciones y aguantando las más absurdas interpretaciones de Rouviot, e insultando también al espectador al llenarle de tantas esperanzas de verse burlado por el psicoanalista y que sólo consigue entregar un personaje pobre y difícil de soportar en su rol de investigador.

Como consecuencia de lo anterior, el film carece de una curva de tensión que justifique su clasificación como cine de suspenso psicológico, convirtiéndose en el perfecto cliché del investigador que vence porque el guion así lo dicta: sin tensión, sin clímax y sin emoción alguna más allá de las que los personajes dicen sentir, pero que no tienen justificación alguna para un espectador que se cansa de querer involucrarse en el mundo de la película y no lograrlo por los enormes descuidos que esta tiene para plantear su propio mundo narrativo.

En conclusión, “Los Padecientes” es un intento desesperado por hacer funcionar una historia mal adaptada. Un ejercicio cinematográfico que logra llegar a la pantalla grande debido al esfuerzo conjunto de sus respaldos, patrocinadores, apoyos y su grupo de actores que, a pesar de los grandes y notables esfuerzos que hacen en sus escenas, no logran sacar a flote a una película que, a claras luces, tiene problemas para justificar su existencia más allá de sus primeros veinte minutos.

Por Ricardo Tapia

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