Los Indestructibles 3

Jueves, 21 de Agosto de 2014 | 12:29 pm | No hay comentarios

Título original:

The Expendables 3

Dirigida por:

Patrick Hughes

Duración:

126 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Sylvester Stallone, Jason Statham, Arnold Schwarzenegger, Harrison Ford, Mel Gibson, Jet Li, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Wesley Snipes, Antonio Banderas, Kellan Lutz, Ronda Rousey, Victor Ortiz, Kelsey Grammer, Glen Powell, Robert Davi

En 2010, debían viajar a una isla de Latinoamérica para acabar con una dictadura. Dos años después, hacían frente a un terrorista empecinado en dominar el mundo con una poderosa arma nuclear. El grupo de veteranos mercenarios capitaneado por Sylvester Stallone irrumpe por tercera vez en las salas del mundo, decididos a no dejar la posta que ha permitido que disfruten de sus mayores éxitos en décadas y que ha llevado a que la acción no quede rezagada en cuanto a reuniones de viejas glorias se trata.

En esta nueva aventura, Barney Ross (Stallone) y sus compañeros deben combatir contra Conrad Stonebanks (Mel Gibson), un desquiciado traficante de armas conectado con los orígenes de Los Indestructibles y que todos creían muerto. Después de ser apaleados por el villano, Ross decide que sus antiguos compañeros ya no están capacitados para aguantar un enfrentamiento de esta magnitud, por lo que resuelve formar un nuevo equipo, esta vez compuesto únicamente por sangre joven.

Con un primer episodio de escaso vuelo y una segunda entrega mucho más consistente como antecesoras, no deja de llamar la atención que la película tenga falencias que ya parecían superadas. La diversión asociada a la nostalgia, queda en un segundo plano ante la preeminencia de un argumento con marcado énfasis en el personaje de Stallone, en especial en cómo el villano lo asedia por todos los flancos. La cinta pierde mucho con que su protagonismo sea tan amplio, ya que la interminable terna de secundarios queda con muy poco margen para hacer lo suyo y uno de los mejores atributos de la anterior eran las continuas apariciones de ellos. Y si bien no se toma tan en serio como la primera entrega, encierra el humor prácticamente sólo en un personaje (el de Antonio Banderas). En síntesis, adolece del ritmo e historia de la anterior para acercarse mucho más a la labor conseguida en la primera. Termina por ser la más insulsa y pueril al contener diálogos horribles y el más descarado arsenal de salidas fáciles del que se tenga recuerdo.

Tampoco está lograda en el apartado básico de un filme de acción, que dice que debe haber nervio, tensión y las secuencias de acción tienen que estar mínimamente bien filmadas. Que quede claro que no tiene gran implicancia que en este ocasión se haya buscado obtener la calificación PG-13 –es decir, inconveniente para menores de 13 años-, frente a la calificación R de las dos primeras. El mayor problema es que detrás está un director que filma tiroteos, explosiones y persecuciones con irritante falta de destreza. No contento con ello, apuesta por un montaje muy atolondrado que se puede tornar tan agobiante como la peor de las montañas rusas.

Más interesante que todo, e incluso que lo relativo a la amistad –ya agotado en los anteriores episodios-, resulta la irrupción del villano a cargo de Mel Gibson, un actor despreciado en el medio que, a la hora de la verdad, se devora a quien se le cruza. De manera similar a Eva Green en “300: Rise Of An Empire”, aferrándose a la exageración y desfachatez, entiende en qué clase de película está y qué rol debe cumplir. Es capaz de proporcionar el placer que siempre ocasiona ver a un actor apropiándose de sus líneas para darles la grandeza que en el escrito no tienen, y hace parecer muy torpe que el personaje no esté mejor delineado (claramente el guión ni lo trata con el mismo cariño que  a Jean-Claude Van Damme en la anterior) y tenga un espacio tan restringido.

THE EXPENDABLES 3 04El otro que entiende el juego es Antonio Banderas, aunque se mueve en una dirección diferente. Sus apariciones no son numerosas ni están bien insertadas, pero baña de una necesaria capa de ligereza el relato. Su interpretación, evidentemente construida en base a mucha improvisación, cumple a cabalidad con eso, pero además es partícipe del único momento en que la cinta rasguña ligeramente la emoción y se acerca en algo a construir personajes que nos importen más allá del tiroteo constante. Banderas, una suerte de ronin occidental (no va de aquí para allá sin encontrar su lugar porque haya perdido a un maestro, sino que porque se quedó sin compañeros de acción), le confiesa a Stallone qué pasó realmente con su equipo. El español, que no ha parado de parlotear, se da cuenta que Stallone no lo ha estado ignorando. En esos pocos segundos, Banderas logra ganarse nuestro corazón como ningún indestructible en los tres filmes. Una emoción que, por ejemplo, está lejos de transmitir la misma estrella de Rocky y Rambo. El tipo se deshace de sus viejos amigos, contrata a nuevos matones, pero él continúa hacia adelante sin vacilar, con la obligación (¿moral?) de llevar a cabo la tarea encomendada. Por sobre lo torpe que luzca esto como pieza en el arco argumental, lo que parece estar haciendo Stallone es anteponer sus propios intereses con el fin de mandar un mensaje a la industria: surgirán nuevas estrellas, cambiarán las modas, pero de este negocio ni a patadas me sacan.

Si hay algo que define a la película, es que juega con oposiciones que descolocan. En su dimensión narrativo-técnica, puntualmente, recurre todo el tiempo a los viejos trucos de la acción, pero en su parte final –indignantemente extensa- apela a los vicios de los blockbusters de corte más “realista”, en específico a la boba espectacularidad de cintas como “Fast & Furious 6” (2013). En algo se arregla la cosa cuando se pasa al combate cuerpo a cuerpo. Como insigne producto de hoy estelarizado por dinosaurios de acción, el filme se mueve en esa disyuntiva: viejos trucos versus espectacularidad reinante en la industria. Y es que en su esencia misma se anidan las contradicciones: estamos en 2014, la trama se ambienta en el presente, pero la cinta quiere que nos creamos que los mercenarios siguen haciendo la pega con planes dignos de hace dos décadas. Que la sangre nueva es necesaria, pero sin los viejos de siempre las cosas no terminan por salir bien.

Y eso al final recoge el espíritu de la franquicia completa, cuyo sostén es la nostalgia pura, el recuerdo que se anida en los espectadores que gozaron con los filmes que estos tipos hicieron hace décadas. Ese facilista recurso era maquillado con cierta astucia en las anteriores películas, pero acá queda al desnudo porque ni la historia ni la acción dan el ancho.

Por Gonzalo Valdivia

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