Logan

Jueves, 2 de Marzo de 2017 | 2:24 am | No hay comentarios

Título original:

Logan

Dirigida por:

James Mangold

Duración:

137 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Hugh Jackman, Patrick Stewart, Boyd Holbrook, Dafne Keen, Stephen Merchant, Doris Morgado, Richard E. Grant, Han Soto, Elizabeth Rodriguez, Julia Holt, Elise Neal, Al Coronel

Hugh Jackman empezó a interpretar a Wolverine cuando Hollywood recién impulsaba esfuerzos serios y persistentes por absorber a los comics y sus superhéroes. A 17 años de “X-Men”, su primera incursión, el panorama se ha revolucionado por completo. El actor australiano ha vivido como pocos la explosión y las oscilaciones del boom desde su interior, siendo parte primordial al encarnar incesantemente en cine al mutante que debutó en 1974 en las historietas. Hoy, vistas incontables cintas con ese origen y ocurrido más de un sobresalto en la franquicia de los Hombres X, Jackman decide despedirse del personaje con una película destinada a ser parte el canon fílmico de superhéroes.

En este tercer largometraje en solitario, todo arranca en un futuro próximo en las cercanías de la frontera con México, con Wolverine ganándose la vida como puede y cuidando del Profesor X (Patrick Stewart). Se trata de días donde lo que vale es sobrevivir y quizá soñar con perderse en algún confín del mundo; pero se cruza un hombre (Boyd Holbrook) que dice andar en busca de una mujer y una niña de nombre Laura (Dafne Keen), y de ahí en más se inicia una cacería que lleva otra vez al límite al envejecido y debilitado Logan, obligado a proteger lo que le queda.

Nuevamente bajo la conducción del siempre efectivo James Mangold, que hizo la anterior secuela sobre el personaje (“The Wolverine”, 2013), esta cinta perfectamente podría haber adoptado el título de “Los Últimos Mutantes”. El acercamiento conlleva poner a los viejos personajes en una realidad hostil, donde son parte de un paisaje marchito y lacónico, algo parecido sólo vagamente al comienzo de “X-Men: Days Of Future Past” (2014), aunque sin la posibilidad de enviar a nadie a los años 70 ni con una fuerza exterminadora concreta. Aquí los mutantes son parte de otra época y eso se asume con resignación, evitando determinar razones o culpables. Todo ha quedado desvanecido en el mar del olvido y no hay otro camino que seguir adelante. Ese aire de neowestern rodea a su protagonista, por primera vez –en un filme– inserto en la sociedad sin ser reconocido por sus garras de adamantium, sino que sólo como un hombre que quiere hacer lo suyo y vivir en calma.

Aunque Logan prontamente es obligado a sacarlas, Mangold disemina aquel componente en todo el relato. Por eso hay tiempo para comer cereal, parar a comprar en una tienda, cargar gasolina o sentarse a cenar con una buena familia. No hay trajes, ni secuencias cool, ni villanos con ansias de conquistar el planeta, esto es brutal y aterrizado en la realidad, audaz opción que la hace un artefacto casi único dentro de la familia de producciones a la que pertenece. Nunca las heridas que recibe Wolverine habían dolido tanto como aquí. Nunca, tampoco, su trayecto se había sentido tan cercano y bello. Asimismo, pocas veces se había usado una película de superhéroes como excusa para hacer un filme de género, en este caso el del forajido que es empujado de vuelta a la acción cuando el cuerpo y el alma no le responden como antes y desconoce el mundo que habita.

De mejor modo que en “The Wolverine”, el director saca a su personaje de su zona de confort y lo lleva a un territorio donde se experimenta realmente la vulnerabilidad. Favorece, evidentemente, la total libertad que brinda el haber decidido buscar la calificación R (18 años; llega para mayores de 14 años en Chile), aunque la formación del espíritu de la cinta trasciende aquello.

Existe también cierta rebeldía con la idea de franquicia y tener que responder a lo que se narró y a lo que se podría abordar a futuro, lo que refuerza que la película parezca más mayor y madura. Por supuesto que hay referencias que dan pistas, pero se omiten flashbacks, flashforwards o apariciones reveladoras, de modo que se puede jugar con que la historia transcurre en un universo distinto al de las entregas previas de la saga, cuya línea argumental, por cierto, se ha ido haciendo más complicada y difícil de seguir. “Logan” tiene el arrojo de rechazar y liberarse de todo aquello, siendo una ficción que corre de modo autónomo, no teniendo tapujos en lucir violenta y descarnada como “The Revenant” (2015) o en rozar la calidez de los momentos más fraternos de “Stranger Things”.

Vale por un momento preguntarse si este es el nuevo camino que emprenderán las secuelas de superhéroes. Los hermanos Russo con “Captain America: The Winter Soldier” (2014) se aprovecharon de un pequeño hueco dentro de la saga para hacer una verdadera cinta de espías, pero ello no marcó una nueva hoja de ruta para la franquicia. Con la tercera película de Wolverine estaba la intención de dar un cierre, por lo que existía el desate para trasladar el relato donde se quisiera, algo que el filme ejecuta de modo rutilante humanizando a su personaje y captando un mundo inclemente y tangible. “Logan” marca un hito y es fruto de una de esas raras veces en que se produce cine a gran escala anteponiéndose el cariño hacia lo que se está realizando –hacia el personaje, la fuente original, los seguidores– por sobre hacer caja. La circunstancia es la de una despedida, probablemente la mejor y más original que podía tener un personaje angular del cine de superhéroes: mediante la triunfal apropiación de códigos rara vez explorados por el entretenimiento actual.

Por Gonzalo Valdivia

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