Leviatán

Jueves, 22 de Octubre de 2015 | 10:25 am | No hay comentarios

Título original:

Leviafan

Dirigida por:

Andrey Zvyagintsev

Duración:

140 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Vladimir Vdovichenkov, Elena Lyadova, Aleksey Serebryakov, Anna Ukolova, Roman Madyanov, Lesya Kudryashova

Cuando el hogar en que has pasado toda tu vida es escogido por las autoridades como el punto exacto para la construcción de una antena. El ofrecimiento por comprar el lugar no es más que una forma políticamente correcta de obligarte a ceder, ya que el plan se llevará a cabo con o sin tu beneplácito. Encima no tienes educación ni dinero ni contactos, y ahí te quedas, deambulando, observando de manos atadas el desmoronamiento de lo poco y nada que era tuyo. “Leviatán” es eso: el argumento más desalentador. Un camino de puras sombras, angustioso de principio a fin, imposible de provocar indiferencia.

LEVIAFAN 01En un pequeño pueblo pesquero de Rusia vive Kolya (Aleksei Serebryakov) junto a su esposa Lilya (Elena Lyadova) e hijo. Ya que el municipio pretende quitarle sus tierras para construir una antena de telecomunicaciones, el hombre recibe la ayuda de un abogado amigo. El problema es que Kolya, aunque se enfrenta a un autoritario y ambicioso alcalde, no está dispuesto a aflojar.

La corrupción y el abuso de poder. El fastidio de la burocracia. La pequeñez de un don nadie frente al sistema. El aislamiento y la soledad. Relaciones interpersonales débiles que sólo necesitan de un leve empujón para fracturarse. De un montón de asuntos y más trata el film de Andrey Zvyagintsev, teniendo la enorme virtud de no transformarse en un torpe intento por albergar demasiadas temáticas sin llevar ninguna a puerto. Dueña de uno de los guiones más complejos que se han visto en los últimos años, la película se agarra del conflicto del terreno y lo usa como dispositivo para explorar tópicos contingentes con notable naturalidad. Como quien toma una cámara y se inserta en el diario vivir de una familia; ocurren cosas diversas, pero el núcleo que los une impide que estas se desarraiguen de las otras.

De narraciones leales a estructuras convencionales tenemos bastantes y estamos habituados; que la presentación del obstáculo al minuto exacto, la acción y la progresión, la evasión de los tiempos muertos, la duda, el enfrentamiento, el clímax y anticlímax. Una duración prudente que permita completar el viaje y a la vez no arrastrarse hasta la somnolencia. Esta obra manda todo esto al tacho de la basura, desplegando un metraje obstinadamente pausado y monótono por casi dos horas y media, lo que en la teoría ya agota. Sin embargo, la puesta en escena está bien pensada, es LEVIAFAN 02coherente, las cosas avanzan a su propio ritmo y las interrelaciones mutan sin forzarse, desembocando en un producto orgánico que, disponiéndose a prestar atención, logra involucrar, afectar, e indignar.

Desde la escena del hijo sentado frente al esqueleto de una ballena, hasta la grosera figura del alcalde, la presencia del Leviatán como metáfora está recalcada lo suficiente para no cavar en su búsqueda. La significancia política de aquel monstruo marino, esa que equivale al imbatible poder estatal ruso, aquí cobra vida contra Kolya y los suyos, sumiéndolos en una miseria tanto material como emocional de la que el espectador es triste testigo. “El Estado se hará cargo de tu hijo”, le dicen al protagonista con apatía, porque él nunca tuvo el control de su propia existencia en primer lugar. Se reconoce uno, también, tan disminuido como los personajes en la vida real; mientras la corrupción es la monumental ballena, nosotros somos los pescados que la esposa desmenuza en la línea de fábrica.

Su relato tan aletargado como minucioso, con un protagonista atribulado en circunstancias duras, reflexionando sobre la angustia de la condición humana, recuerda a los mejores trabajos del cine ruso, ese que el cinéfilo piensa en letras mayúsculas, cual marca registrada. La mano de Tarkovsky se asoma de tanto en tanto, omnipresente, ofreciendo pinceladas en el peso de su atmósfera, en los LEVIAFAN 03vacíos donde no parece acontecer nada y en los planos extensos. Es una historia fría más allá de su fondo geográfico; relega instantes claves al fuera de campo y mantiene una distancia con sus personajes, simplemente dejándolos vivir sus penurias sin tentarse ante la empatía o la condescendencia. Donde la víctima parece hundirse cada vez más en el hoyo ante estrategias sucias y el azar más amargo, su director se mantiene firme en su afán por evitar un discurso presuntuoso sobre la injusticia social.

Levantó polvo en Rusia, y debería hacerlo en todos lados. El horror de la inequidad y las manipulaciones de interés detrás de esta, son tópicos relevantes mucho más allá de aquellas fronteras eslavas que parecen tan lejanas. Realista para algunos e intolerablemente pesimista para otros, “Leviatán” es un film cuya crudeza temática y de punto de vista es balanceada por una delicada labor fotográfica que nos pinta el pueblo en cuestión como un rincón fantasma plagado de criaturas desalmadas. Hay que darse el trabajo de interesarse, por cierto, pues no cualquiera alcanza a llegar al último segundo con la lucidez del arranque, sin mencionar que acarrea el prejuicio del denominado “cine arte” que pocos soportan. Pero es verdad, también, que el que lo haga agradecerá el ejercicio, concluyendo cualquier cosa menos que perdió el tiempo.

Por María José Álvarez

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