Las Mujeres del 6to Piso

Miércoles, 31 de Octubre de 2012 | 12:03 pm | No hay comentarios

Título original:

Les Femmes Du 6ème Étage

Dirigida por:

Philippe Le Guay

Duración:

104 minutos

Año:

2010

Protagonizada por:

Fabrice Luchini, Sandrine Kiberlain, Natalia Verbeke, Carmen Maura, Lola Dueñas, Berta Ojea, Nuria Solé, Concha Galán, Muriel Solvay, Annie Mercier

Con pinta de comedia de época, nos llega esta cinta que fue estrenada el año 2010, y llega por fin a nuestras salas para entregar un retrato de la España y Francia de la década de los sesenta, jugando asertivamente con el choque de culturas, mientras se desarrolla una historia de amor que conmueve por su sutileza.

En plena dictadura franquista, muchas mujeres abandonan España para emigrar a Francia en busca de mejores oportunidades. Un grupo de ellas trabaja como empleadas para los habitantes de un edificio en París, manteniéndose unidas en los pasillos del sexto piso, el cual está reservado para las criadas. Un día la señora Suzanne Joubert (Sandrine Kiberlain) contrata a la joven María (Natalia Verbeke), quien acaba de llegar al país para tomar el puesto que dejó su ex empleada y hacerse cargo de las tareas domésticas. María llegará para reavivar la dinámica monótona y fría de la familia, tocando especialmente a su patrón, Jean-Louis Joubert (Fabrice Luchini), quien comenzará a encontrar en el carisma y espontaneidad de María, la libertad de la que nunca ha gozado.

“Las Mujeres del 6to Piso” puede visionarse como una comedia simple y divertida, muy al estilo europeo, donde prima el buen gusto en cada uno de sus apartados. Pero lo que ofrece la cinta es más que una comedia costumbrista, entregando un subtexto bastante categórico en cuanto al trasfondo histórico y cultural de las dos naciones protagonistas. Inteligentemente, los contrastes entre ambas culturas se convierten en el motor que mueve a la película, estableciendo una marcada diferencia entre la vida de los patrones y la vida de las sirvientas, retratando como una rutina monótona a la primera y como un alegre pasar por la vida a la segunda. Las clases sociales marcan las dos caras de la moneda, siendo la burguesía francesa la que termina siendo conquistada por el vigor del proletariado.

Ahora, por muy cliché que pueda sonar la idea, la película es lo suficientemente sutil e inteligente como para no hacer de estas diferencias un pastiche de teleserie, escapando de los estereotipos que, aunque están presentes de forma superficial, sólo se concentran en los rasgos folclóricos de los personajes, profundizando en la humanidad y verdad de los mismos. Es así como Jean-Louis escapa de todos los cánones del “patrón de fundo” que  tiene un romance furtivo con su criada, para ser retratado como un hombre desencantado de su vida que, más que enamorarse de su joven empleada, comienza a darse un espacio para sí mismo, descubriendo a las personas detrás de “las mujeres del piso seis” y labrando un platónico romance con María, que pasa por lugares más idealistas que carnales. En ese sentido, las interpretaciones de Fabrice Luchini y Natalia Verbeke son notables, y poseen una gran química en pantalla, dando en el tono justo y  logrando dotar a una dinámica que ya hemos visto miles de veces, de ternura y verosimilitud.

El resto de las mujeres del sexto piso están interpretadas por caras conocidas del cine español, tales como Carmen Maura y Lola Dueñas, quienes junto al resto de las empleadas, son las principales encargadas de provocar las risas a lo largo del metraje. Por el otro lado, Sandrine Kiberlain como la esposa de Jean-Louis, cumple con la contención e incertidumbre de su personaje, el cual es incapaz de comprender la transformación de su esposo y reconocer la fría rutina en la que se ha convertido su matrimonio.

Retratando bellos paisajes de la ciudad y el campo parisino, “Las Mujeres del 6to Piso” es una cinta muy divertida, dueña de un subtexto que no teme en entregar un juicio sobre las dos culturas en disputa, y que escapa a la regla en cuanto a la trama que nos trata de narrar. Una película que realmente vale la pena ver.

Por Sebastián Zumelzu

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