Las Inocentes

Jueves, 15 de Junio de 2017 | 1:04 am | No hay comentarios

Título original:

Les Innocentes

Dirigida por:

Anne Fontaine

Duración:

115 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Lou de Laâge, Agata Kulesza, Joanna Kulig, Agata Buzek, Anna Próchniak, Vincent Macaigne, Katarzyna Dabrowska, Pascal Elso, Eliza Rycembel, Helena Sujecka

La Segunda Guerra Mundial dejó una huella trágica en la humanidad, plagado de historias que el cine ha tomado para narrar con distintos propósitos. Ya sea para glorificar la guerra o en un tono pacifista, estas han sido contadas en gran parte con un enfoque masculino, por lo que es poco común hablar de un film feminista de la pos-guerra, y aún más extraño llega a ser el mezclarlo con la religión. Esto logra Anne Fontaine en “Las Inocentes”, directora más conocida por la película “Coco Avant Chanel” (2009). En esta entrega se enfoca en la hermandad entre mujeres, manteniendo un sutil feminismo a lo largo de esta producción franco-polaca.

En la solitaria Varsovia tras el término de la Segunda Guerra Mundial, Mathilde (Lou de Laâge), una enfermera francesa, comunista y atea, es abordada por una monja a quién sigue hasta su convento. Allí descubre que las hermanas han sido violadas por los soldados y algunas se encuentran en diferentes estados de embarazo. Lejana a la devoción de estas mujeres, pero entendiendo su necesidad de reclusión y el peligro que corren si su secreto sale a la luz, Mathilde decide ayudarlas, compartiendo con ellas una etapa que pone en crisis la fe de las religiosas, y creando un vínculo al compartir la duda y angustia que viven.

Anne Fontaine pudo fácilmente crear un melodrama con esta historia basada en hechos reales, pero decide tomar otro camino. “Las Inocentes” es un film silencioso y plagado de sutilezas, realista incluso en la paleta de colores con la que representa el invierno polaco. La violación ya es un tema crudo y difícil de enfrentar en la vida real, y Anne Fontaine no lo sensacionaliza: no entrega culpas, tratándolo con un respeto y recato propio de las mismas protagonistas. Se interesa más en mostrar la hermandad entre mujeres que un odio a la figura masculina, tono que mantiene con consistencia durante su largometraje.

En un comienzo parece desconcertante la manera de presentar y cambiar los puntos de vista de sus personajes, dejando poco claro quién y cuál es el rol de la protagonista, por lo mismo, durante el primer acto puede resultar difícil acostumbrarse al ritmo propuesto por la directora. A pesar de esto, las diferentes historias presentadas son efectivas gracias al nivel de empatía que Fontaine logra construir con sus personajes, pero también gracias a las diferentes actrices que las llevan a la pantalla. Si bien, en ocasiones sufre de la explicación extensa para una película de esta sutileza, puede resultar útil, sobre todo para quienes no estén familiarizados con el contexto religioso. El diálogo contrasta con momentos de silencio, que resultan ser los mejores logrados, involucrando al espectador sin subestimarlo.

Uno de los elementos mejor logrados en “Las Inocentes”, es el sentido de hermandad femenina, no entregado por el simple hecho de que nos enfrentamos a un grupo de religiosas, ya que entre ellas mismas todas enfrentan la situación de manera distinta. Esta cualidad está dada por el sentido de protección que tienen unas sobre otras, incluyendo las intenciones cuestionables de la madre superiora. Al unir esta hermandad a una protagonista bien elegida, se consigue integrar a la audiencia dentro del convento: Mathilde es racional y desde esa racionalidad viene su crecimiento y su arco como personaje, conectando así con su lado emocional.

El uso de la cámara es tan respetuoso del tema y los actores, como lo es el guion, que suele mantener una distancia de los personajes, permitiéndoles la intimidad que demanda su situación y que no resulta en una distancia emocional con el espectador. La cinematografía logra secuencias y cuadros que parecen una pintura renacentista por su gama de colores y su composición, muy a tono con las figuras y el contexto que representa. Este tratamiento cinematográfico es el que logra que la decisión de no sensacionalizar la violación para no convertirla en melodrama, transforme a “Las Inocentes” en una historia atractiva y filmable.

“Las Inocentes” resulta ser un retrato feminista que no se denomina como tal, a diferencia de filmes que han basado su marketing en esto, como fue el caso del remake de “Ghostbusters” (2016).  Aquí no hay una lucha agresiva que ponga culpa y vergüenza en cada rostro masculino, sino que hay sutileza, hermandad y maternidad, dejando los juicios en responsabilidad del espectador. Este tratamiento consistente se realza por el hecho de que no sólo el elenco es mayormente femenino, sino que también lo es la producción, cosa que se traspasa a la pantalla. Anne Fontaine y su equipo pueden decir que condensan su film en una sola línea de diálogo dicha a la protagonista: “La fe son veinticuatro horas de duda y un minuto de esperanza”. Con ese tono logran retratar una historia cruda y llena de cuestionamientos morales que van más allá de la religión.

Por Valentina Vinet

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