La Voz en Off

Jueves, 12 de Noviembre de 2015 | 2:14 am | No hay comentarios

Título original:

La Voz en Off

Dirigida por:

Cristián Jiménez

Duración:

96 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Ingrid Isensee, María José Siebald, Paulina Garcia, Cristian Campos, Niels Schneider, Shenda Roman, Maite Neira, Lucas Miranda, Cristobal Palma

Cada época tiene su denominación. Respectivos centros de interés que quedaron patentados en la historia occidental y que se imparten en las escuelas bajo nombres pretenciosos. Tal como en la actualidad se repasa la Edad de Piedra, el Renacimiento o la Guerra Fría, en el futuro se mirará atrás nuestro contexto como las décadas de la Comunicación. Materializado por el apogeo de internet, la telefonía celular inteligente, populares redes sociales y un sinfín de aplicaciones digitales, el mundo de hoy, en el papel, debería estar más conectado que nunca. La hipótesis de Cristián Jiménez, LA VOZ EN OFF 01no obstante, es que en la práctica no es tan así.

En la bella ciudad de Valdivia vive Sofía (Ingrid Isensee). Madre de dos niños, divorciada hace poco y empleada de garzona a pesar de ser actriz, se ha desconectado de la televisión, celular e internet para ganar paz interior. Pero esa calma dura poco, porque de pronto su padre decide dejar a su madre y entremedio su hermana regresa de Francia con esa actitud confrontacional que la caracteriza.

Muchas veces la verdad no yace en lo que se dice, sino en lo que no. En los silencios, las pausas, una mirada esquiva, un discurso intrincado que no llega a puerto, o en un gesto compulsivo de nerviosismo. No es rebuscado inspirarse en un país que descolla en el arte de ocultar información para metaforizar al respecto, por lo que en su tercer largometraje el realizador  retoma el hilo conductor de su breve filmografía: la paradójica crisis comunicacional en las relaciones interpersonales cuando en la teoría las herramientas están dadas para que nos entendamos mejor. Y lo hace con ese tono sarcástico que alimenta su estilo, situaciones cargadas de humor negro y personajes cotidianos que cautelosamente bordean el absurdo sin mancharse en la caricaturización.

LA VOZ EN OFF 02El conflicto acá parte del padre, interpretado por Cristián Campos, que se forjó una mala fama en la comunidad por conductas de las cuales su esposa e hijas son ignorantes. En tanto Sofía cumple con su voto de desconexión a medias, se acuesta con un hombre casado, su hija mayor maltrata al más chico a escondidas, su hermana irrumpe con sus maneras inescrupulosas, su madre sólo se desahoga con el yerno extranjero y su abuela se entretiene en el computador. Esperar que la trama se defina en algo fijo y que se resuelva de forma categórica hacia el término es infructuoso, ya que al parecer pretende tratar de todas esas mínimas historias, unidas por respectivas expresiones del concepto de la (in)comunicación. El padre, inconscientemente, sembró la semilla del secretismo para cubrirse las espaldas, determinando a su alrededor que siguió su rumbo.

Jiménez es un adepto a la utilización del lenguaje cinematográfico como instrumento simbólico, y cómo no. ¿Para qué hacer cine si no se aprovecha la multitud de disciplinas que se conjugaron para verlo nacer, concediéndole una complejidad de lenguaje que ningún otro arte tiene? Si la aspiración es contar una historia sin más –que de malo no tiene nada- tenemos el teatro y la literatura, pero una LA VOZ EN OFF 03película posee un espectro de elementos a su alcance que, armonizados, son capaces de expresar diez cosas en un único plano. El director chileno saca provecho de esto, jugando con una asertiva musicalización y montaje que, conjugados, significan el elemento cómico –que de causar gracia, lo hace-. Justificando el título, recurre también a un consistente uso del texto en off que acusa lo que los protagonistas no se atreven a revelar de frente.

En el mismo sello autoral de Jiménez hay ironía también. Se aferra a la hipocresía y hermetismo tan propios de nuestra idiosincrasia post dictadura, por lo menos la de la clase media-alta, empleando simultáneamente un tratamiento tanto sonoro como visual, que rememora a la dramedia británica o alguna producción independiente norteamericana querendona de Sundance. Evocaciones a Wes Anderson, incluso, se pueden reconocer en su particular sentido del humor. Estética anglosajona para echar a andar un relato que goza de dinamismo y subtexto, aunque no quede claro si la dispersa estructura de guión fue así planificada o falló en la focalización. Su director, de todas formas, continúa siendo uno de los exponentes más frescos de la escena nacional actual.

Por María José Álvarez

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