La Mujer de Iván

Jueves, 12 de Diciembre de 2013 | 11:15 am | No hay comentarios

Título original:

La Mujer de Iván

Dirigida por:

Francisca Silva

Duración:

88 minutos

Año:

2011

Protagonizada por:

Marcelo Alonso, María de los Ángeles García, Aldo Parodi, Jaime Lorca

¿Cómo abordar una temática que, apenas es destapada, puede conmocionar al espectador? ¿Cómo tratar la opresión sobre la infancia en un relato con dos personajes? El abanico de posibilidades es limitado, siendo la mayor dificultad dar con una fórmula equilibrada. Francisca Silva en su primera película esquiva el camino simplón del trazo grueso, pero deja caer la historia en una zona más desconcertante que afortunada.

LA MUJER DE IVÁN 01Esta es la historia de un captor, Iván (Marcelo Alonso), que ha tenido retenida en su casa a Natalia (María de los Ángeles García) desde que era niña. Si bien es una relación sostenida en la represión, se ha creado un lazo de dependencia que ha permitido una convivencia ordinaria. Pero la joven ha crecido y su descontento aumenta día a día, ante lo cual el hombre se verá obligado a ceder antes sus deseos. Natalia, por su parte, va adquiriendo conciencia del poder que puede tomar, por lo que comienza a asumir nuevas funciones en la casa y a aumentar sus exigencias.

La propuesta es la de desplegar un universo colmado de perversión y crudeza, donde la esperanza no tiene cabida alguna. La decisión de abarcar este tema tiene varios riesgos incorporados, siendo el principal la posibilidad de desplomarse hacia el lado de la caricatura. Para beneficio de todos, la directora no está interesada en esta senda, pues lo suyo es situarse en un terreno árido: la observación pura de un vínculo establecido a la fuerza mediante el cautiverio. Y lo que hace concretamente es optar por el drama psicológico de notas distantes y hasta desalmadas.

LA MUJER DE IVÁN 02Acá hay claramente una víctima y un victimario, pero la película difumina esa zona, inundando de ambigüedad el lazo entre Iván y Natalia. Esto dado que la cinta intenta adentrarse en lo que surge cuando el tiempo ha hecho de la reclusión algo cotidiano. El problema es que, al mismo tiempo, pone una barrera entre el espectador y los personajes, suprimiendo de un plumazo toda carga emotiva. La distancia con que asume el relato ocasiona que la jugada termine en un autogol: el filme se convierte en un caprichoso experimento en el que dos personajes mutan en su relación. Así, la experiencia no dista mucho de ver desde arriba a animales enjaulados en el zoológico. Observamos su comportamiento, su evolución, sus tiras y aflojas, pero lo descorazonado del tratamiento lleva a que sean muy aislados los instantes en que el drama consigue interpelar. La sensación se acentúa aún más dada la opción de puesta en escena que toma –muy teatral- y el tipo de actuaciones que contiene –cargadas de rigidez.

Lo que no se puede discutir es que la temática es interesante. Muy interesante. Y es que jamás se podrá pasar por alto una premisa donde confluyen infancia con dominación, inocencia con LA MUJER DE IVÁN 03profanación, amor con opresión. Sin embargo, la esencia del gran cine está lejos de residir en el punto de arranque; con suerte, corresponde al primer paso hacia esa finalidad. La película se estanca al proponer un “cómo” pretencioso y hostil, desperdiciando un “qué” capaz de llamar la atención.

En definitiva, nos encontramos ante una cinta más analítica que sensible, más ambigua que reveladora y, por sobre todo, más calculada que franca. Pese a que trata de constituir personajes enriquecidos con matices y zonas grises, que escapen de lo estático, la lejanía que toma respecto a la historia deja en nada esos esfuerzos por aplicar una mirada distinta. Lo más desalentador es que “La Mujer de Iván” va extraviando atractivo a medida que deja en claro que el espectador es sólo un invitado no deseado a esta función.

Por Gonzalo Valdivia

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