La Morgue

Jueves, 11 de Mayo de 2017 | 1:23 am | Comentarios (1)

Título original:

The Autopsy Of Jane Doe

Dirigida por:

André Øvredal

Duración:

86 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Emile Hirsch, Brian Cox, Ophelia Lovibond, Michael McElhatton, Olwen Catherine Kelly, Jane Perry, Parker Sawyers

El cine de terror, tal y como lo conocemos, es una mezcla delicada entre música, efectos e historia que varios cineastas han ido perfeccionando a través de los años, tomándose de los elementos que el suspense y el thriller psicológico han propuesto para lograr poner al espectador al borde del asiento, generar sudor frío y obligar a mirar debajo de la cama antes de dormir que asociamos al miedo puro que el cine nos transmite. “La Morgue” no es la excepción a esta regla; un viaje de 86 minutos que lleva a navegar en un mar de sensaciones encontradas a medida que transita entre los clichés más clásicos y vistos del cine de terror, hasta usos magistrales de la música o el color que producen esa sensación incómoda en la boca del estómago, propia de este género cinematográfico.

Dirigida por André Øvredal, conocido por ese interesante falso documental llamado “Trolljegeren” (2010), la película gira en torno a la historia de un cuerpo no identificado (Olwen Kelly) encontrado de manera misteriosa en una escena del crimen en una pequeña ciudad estadounidense. El sheriff de la policía, Sheldon Burke (Michael McElhatton), al no poder encontrar una explicación a la presencia del cuerpo, decide poner a cargo de la investigación a una pareja de médicos forenses y dueños de la morgue del pueblo, Austin Tilden (Emilie Hirsch) y su padre Tommy Tilden (Brian Cox), quienes deberán dilucidar el misterio.

La película tiene unos primeros 30 minutos brillantes, donde Øvredal saca a relucir toda su experiencia en el cine noruego para crear atmósferas oscuras e intrigantes que no caen en el pesado cliché del terror más clásico, lleno de sustos basados en saltos y movimientos repentinos de cámara. Por el contrario, logra llevar la tensión psicológica del misterio alrededor del cuerpo no identificado a puntos interesantes de la mano de un control preciso de los planos y sus ángulos. Una visión que juega con los colores y las luces de la morgue, usando la expectativa como recurso para generar fintas sobre posibles monstruos que realmente no muestra, y que sólo alargan la tensión y la eterna pregunta sobre cómo y qué nos saltará encima para asustarnos.

La música, a cargo de Danny Bensi y Saunder Jurriaans, es otro de los puntos fuertes de la película. Con una variedad que va desde el rock ligero hasta canciones que pareciesen sacadas de una iglesia americana de los 70, la banda sonora se aleja rápidamente de los golpes orquestales cuando aparecen objetos de improviso o situaciones misteriosas, y prefiere tomar un papel mucho más activo, trabajando desde la creación de una atmósfera cotidiana dentro de una morgue, hasta el alarmante silencio con el que se enfrenta a las situaciones más cercanas al horror que propone la película. No obstante, uno de sus grandes puntos débiles es el paso que hace de thriller psicológico a terror después de su primer tercio, el cual está marcado por los descubrimientos de los Tilden respecto al cuerpo y un cambio general de la estética: los colores bajan en intensidad, dando guiños a propuestas artísticas que recuerdan a “Resident Evil” (2002), de luz tenue y juegos de cámara que se vuelven cada vez más predecibles a medida que avanza el film.

Pasado este punto de quiebre, la revelación de la amenaza y el carácter fantástico de la misma genera dos efectos principales: por una parte, rompe esa cotidianeidad rica en tensión que la película había establecido en sus primeros minutos, haciéndola pesada y más cercana a la tradición fílmica del horror -y, con ello, más predecible-. Por otra parte, convierte a la cinta en horror psicológico, poniendo a sus personajes en laberintos imaginarios que entran en diálogo directo con grandes películas como “The Thing” (1982) o “The Blair Witch Project” (1999), alejando la historia de la típica y sobre vista escapatoria del psicópata con machete, y dándole un vuelco sobrenatural que, a pesar de las grandes posibilidades creativas y soluciones técnicas que pudo haber utilizado, no termina de cuajar, quedando en la arquetípica solución que no convence a ningún espectador.

En conclusión, “La Morgue” es realmente dos películas que completan un nuevo intento de acercamiento al fenómeno complejo del terror. Por un lado, los primeros 30 minutos brillantes, llenos de promesas y atmósferas envolventes que dan muestra de un director y equipo fílmico arriesgado, con una visión particular del miedo que encanta e hipnotiza al espectador en espera de ver un desenlace que jamás llega a concretarse apropiadamente. Por otro lado, la película se repliega sobre sí misma y se hace más canónica y tradicional respecto al cine de terror de antaño, volviéndose pesada y predecible, ofreciendo una buena experiencia momentánea, pero que no busca trascender o proponer nada nuevo a sus espectadores, más allá de los sustos que podrían encontrarse en cualquier otra propuesta genérica y un final que desencanta desde todos los ángulos posibles.

Por Ricardo Tapia

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  1. Chester says:

    Puta la hueá, ya me había entusiasmado xd

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