La La Land: Ciudad de Sueños

Jueves, 19 de Enero de 2017 | 12:55 am | No hay comentarios

Título original:

La La Land

Dirigida por:

Damien Chazelle

Duración:

128 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Ryan Gosling, Emma Stone, John Legend, Rosemarie De Witt, J.K. Simmons, Finn Wittrock, Sonoya Mizuno, Jessica Rothe, Jason Fuchs, Callie Hernandez, Trevor Lissauer, Phillip E. Walker, Hemky Madera, Kaye L. Morris

Tras el éxito de la memorable “Whiplash” (2014), muchos fuimos los que nos preguntamos –con alto grado de ilusión y expectativa– cómo se desarrollaría la carrera de esta emergente figura del panorama mundial del séptimo arte llamada Damien Chazelle. Básicamente, el cuestionamiento apuntaba a si todo lo bueno de su anterior cinta había sido sólo producto de un momento de iluminación fugaz o realmente estábamos frente a un fuego que desarrollaba sus primeros momentos de combustión. Y lo cierto es que, con “La La Land: Ciudad de Sueños”, todo pareciese indicar que estamos frente a la segunda hipótesis.

Mia (Emma Stone) es una actriz que trabaja sirviendo café, y Sebastian (Ryan Goling) es un músico de jazz que vive de tocar canciones de otros en bares de mala muerte. Ninguno ha podido desarrollar sus pasiones de la manera en la que quisiesen, y esto los ha llevado a encontrarse y soñar juntos en una historia de amor que se verá enfrentada a la realidad.

La coreografía visual, la rítmica del montaje, la muy cuidada ambientación y la importancia de la música de manera transversal como recurso narrativo, son algunos elementos ya observados en su anterior producción, y que en esta nueva cinta son llevados a una distinta –pero obvia– dimensión: la del musical. Y es que considerando lo anterior, la decisión de Chazelle de que su nueva cinta estuviese regida por este formato es percibido como algo natural más que una búsqueda forzosa y caprichosa de contar una historia, dando como resultado una obra realmente inspiradora y desarrollada de manera armónica en todas sus dimensiones.

En este sentido, temáticas tales como la frustración, la ambición, la decepción amorosa, la crítica hacia el sentido de nuestra vida cotidiana y la perdida de la magia en contextos en los que soñar es visto como una pérdida de tiempo, son algunos de los temas que subyacen en una historia que, a simple vista, no tiene nada nuevo en el contexto de un musical. Y es precisamente en lo anterior donde encontramos la propuesta de Chazelle: hacer converger la nostalgia del homenaje con la frescura del presente y de sus tópicos de interés –mucho más amargos de lo que aparentan–, lo que en conjunto dotan a la cinta de una belleza profunda que se va develando con el desarrollo de la trama. Así, el buen gusto y la fineza para lograr lo anterior es lo que nos permite como espectador ir fluyendo con la narración, y a la vez evitar el hostigamiento y lo artificial que nos podría parecer de buenas a primeras.

Por su parte, las actuaciones de la pareja protagonista sin ser grandilocuentes logran transmitir de manera correcta lo que sus personajes encarnan, sintiéndose explícitos en sus valores encarnados, pero naturales al momento de ser digeridos, esto último gracias a una construcción del guion que nos permite empatizar con ellos e ir observando sus cambios sin ser demasiado obvios. Punto aparte son aquellas secuencias en donde Gosling y Stone echan a andar la química y el magnetismo entre sus personajes, fundiéndose maravillosamente en el marco de coreografías y puestas en escena que terminan por armar cuadros audiovisuales realmente bellos.

Por último, la música compuesta por Justin Hurwitz logra captar la sensibilidad con la cual se presenta la cinta, sintiéndose justa y necesaria en todos los momentos en los que está presente, inclusive en aquellas instancias donde el musical coreografiado da un paso al costado permitiéndole a las composiciones y sus interpretaciones narrar la historia de una manera sensorial y simbólica, todo apoyado en una visualidad cargada y coherente con la música.

Con “La La Land: Ciudad de Sueños” estamos frente a una gran cinta, que nos permite seguir disfrutando de una estética cinematográfica marcada por aquellos elementos que de a poco van posicionándose como un sello identificable en la filmografía de Chazelle. Ante esto, es posible nada más que seguir aumentando la expectativa, pero ya teniendo una respuesta al cuestionamiento inicial: sin duda alguna estamos frente a un fuego que se vale de temáticas y recursos cinematográficos combustibles para hacer perdurar una llama que es de esperar próximamente siga iluminando el panorama general del cine, como lo ha hecho hasta ahora.

Por Matías Ponce

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