La Extraña Vida de Timothy Green

Miércoles, 3 de Octubre de 2012 | 12:46 pm | No hay comentarios

Título original:

The Odd Life of Timothy Green

Dirigida por:

Peter Hedges

Duración:

105 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Jennifer Garner, Joel Edgerton, CJ Adams, Ron Livingston, Dianne Wiest, Rosemarie DeWitt, Michael Arden, Common, Lois Smith

La fantasía es un recurso que cruza toda la producción audiovisual, y podría decirse que es parte esencial del cine, desde que Méliès explorara los alcances del cinematógrafo para sustentar sus actos de ilusionismo. Sin embargo, la verosimilitud y la suspensión de la incredulidad, dos conceptos que en la práctica nos permiten “comulgar con ruedas de carreta”, aunque suene simple, no es algo tan sencillo de obtener. La ilusión de realidad nos hace disfrutar dentro del cine con mentiras plausibles, diametralmente opuestas a las verdades que circulan en el mundo real. Por eso la premisa fantástica de “La Extraña Vida de Timothy Green”, pese a todas sus cualidades, se queda en las intenciones.

Jim (Joel Edgerton) y Cindy (Jennifer Garner) son una pareja que no puede tener hijos. La tristeza de la última consulta médica, donde se les diagnostica la disfunción de forma definitiva, los motiva a imaginar las cualidades de su hijo, a modo de terapia improvisada para salir de la crisis. Para finalizar este ejercicio “psicomágico”, deciden enterrar los borradores en el patio trasero, y una extraña lluvia –el pueblo está en sequía- hace germinar a un niño llamado Timothy (CJ Adams), quien trata a la pareja como “papa y mamá” y tiene las mismas cualidades que ellos describieron. La historia de las peripecias de Timothy es relatada, frente a la agente de adopción, quien decidirá al final si la pareja es idónea para recibir un niño en adopción.

Presentada la premisa, la película escapa de las explicaciones sobre el hecho paranormal (un gran acierto) y se centra en los personajes y en cómo cada uno interactúa con el niño. Como narración es melosa y empalagosa sin caer en la exageración (incluso cantan, como en toda película Disney). Lo importante es centrarse en las relaciones que, por ejemplo, mantiene Jim con su padre o su jefe, o Cindy y su jefa, y cómo cada una de ellas será tocada por la llegada milagrosa de este niño que literalmente se alimenta del sol.

Lamentablemente, la propuesta pulcra y eficiente de Peter Hedges (“Dan In Real Life”, 2007; “Pieces Of April”, 2003) centrada en la comedia familiar, se diluye en errores formales y de fondo casi imposibles de obviar. “La Extraña Vida de Timothy Green” no es una mala película, tratarla de esa manera sería injusto, sin embargo, exige una credulidad que sólo puede darse en un templo religioso un domingo en la mañana. Precisarlos todos es un ejercicio estéril porque, tal como con el humor, cada uno se banca las fantasías que mejor le parezcan. La fantasía “para adultos” del film, está en el límite entre el absurdo y la credulidad absoluta, sin nunca decidirse por completo.

El conflicto no es ese. La verosimilitud es esencial en cualquier relato. La coherencia retórica permite que, aunque lo que se cuente sea totalmente irreal, mientras estemos dentro de la sala oscura nos olvidemos de ese detalle y creamos los giros que entrega la historia, justificados por la trama y el universo inventado. La problemática surge cuando es la misma película la que se dispara en los pies, donde cada decisión en la trama es inútil, sin tener peso ni consecuencias en los personajes. Eso sucede con “La Extraña Vida de Timothy Green”, nada es demasiado importante, nada tiene consecuencias, ni siquiera la llegada del niño es un elemento que cambie en algo un destino, un final demasiado obvio.

La factoría Disney es un género por sí mismo. Aunque haya explorado diversos formatos e historias, su propuesta está cruzada por elementos clásicos que construyen relatos familiares, con marcado acento moral y que exacerban la manipulación emocional lacrimógena. Hay que reconocer que el paso de los años ha hecho que estas fantasías tomen ribetes más contemporáneos, aceptando la producción de franquicias como “Piratas del Caribe” o la adquisición de la comiquera Marvel y el estudio de animación Pixar. Pese a no ser las favoritas del redactor, esas premisas construyeron fantasías clásicas, coherentes y con un valor más allá de la ideología que permeaban. Cuesta creerlo, pero “La Extraña Vida de Timothy Green”, al no arriesgar respecto a los tópicos clásicos de fantasía del estudio que la produce, se queda sin despegar los pies de la tierra.

Por Juan Pablo Bravo

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