La Chica del Tren

Jueves, 3 de Noviembre de 2016 | 12:10 am | No hay comentarios

Título original:

The Girl On The Train

Dirigida por:

Tate Taylor

Duración:

112 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Emily Blunt, Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans, Edgar Ramirez, Justin Theroux, Allison Janney, Lisa Kudrow, Laura Prepon, Lana Young, Nicole Bonifacio, Marko Caka, Danielle M. Williamson, Alexander Jameson, Sidney Beitz

Plasmar estados psicóticos y la progresiva entrada a la locura en la pantalla grande, sostiene retos. Estos son, sin duda, en ningún caso menores. Si se observa los grandes hitos que han explorado esos bordes y no se baja la exigencia al nivel de películas prescindibles, probablemente todo debiera empezar por una narración limpia, o al menos eximida de trampas que hagan plausible la intriga; y vinculado a eso, a una construcción de personajes sutil y articulada que trascienda la falsedad. A fin de cuentas, que la historia sea todo lo enrevesada y oscura que desee, pero que esté llevada con aplomo y convicción, atributos que en la cinta basada en la novela homónima de Paula Hawkins no proliferan.

the-girl-on-the-train-01Aún perturbada por su reciente divorcio y conviviendo con su adicción a la bebida, Rachel (Emily Blunt) sagradamente cada mañana y tarde pasa en tren por lo que era su antiguo barrio, ese en que se ubica la casa que habitó por años con Tom (Justin Theroux), quien ahora tiene una hija pequeña con Anna (Rebecca Ferguson). Con vista a las vías también está el hogar en que residen Megan (Haley Bennett) y Scott Hipwell (Luke Evans), un matrimonio que observa con la misma atención. A través de ese invariable día a día condicionado por la distancia entre su trabajo y actual casa, Rachel se involucrará más allá de lo correspondido.

Un novato en el género está a cargo de la dirección y eso se percibe en exceso; Tate Taylor, con pasos por el drama de época en “The Help” (2011) y el biopic musical en “Get On Up” (2014), no hace más que llenar de tics visuales la pantalla e imponer que sus actores se pongan en modo afligido, para llevar a cabo un guion fracturado en distintas miradas y temporalidades que, además de incluir más de algún engaño, no cuaja por completo.

the-girl-on-the-train-02La cinta arranca en una tecla –con un montaje y una banda sonora bien evidentes–, pero ese énfasis o tono se extiende a lo largo de las casi dos horas de filme. No hay variaciones y eso, en vez de posibilitar el enganche, hace que la película fatigue y no sea más que un trasnochado thriller que sólo sea posible ver a pedazos en el cable. En cierta forma, esa fórmula de visionado está abierta y no es una exageración plantearla: cada vez que se propone un flashback o hay un cambio de perspectiva y se ubica en posición de una mujer distinta, la historia pareciese estar comenzando de nuevo, aunque siempre en la misma cargante clave, con los mismos juegos visuales y la misma utilización de música, haciéndose muy agobiante la tarea de llegar al final sin mirar la hora.

Lo miserable de la existencia de Rachel queda de sobra expuesto con su progresivo deterioro y andar desgraciado que la hacen un ser indeseable. La cinta, sin embargo, no se pone a la altura y le otorga un tratamiento muy trivial, que daña fuertemente los propósitos que se pone el relato y deja las cosas más cerca de la caricatura que del humano con el que se puede empatizar. Si bien, la puesta en escena puede tener algún acierto en ese retrato, Taylor carece de la destreza y clase que una representación de ese tipo demanda. Desde luego, Emily Blunt se entrega por completo y parece un the-girl-on-the-train-03buen casting; el problema viene porque quienes llevan las manijas del relato impiden sentir algo más que lástima por ella, de hecho, su búsqueda o fin luce muy ajeno. Si en ese caso la película no es justa, con el resto es aún menos sensata y, de algún modo, ofrece únicamente el esbozo de figuras que podrían haber aspirado a ser personajes. Lo que queda son piezas usada para distraer, confundir y armar un puzle insulso y artificial que destroza toda expectativa de encontrar, por lo bajo, algo de decente evasión.

En ese análisis se despierta probablemente lo más llamativo de la película: justamente los personajes masculinos son los que, aparte de generar más hastío, están construidos con menos empeño (lo de Edgar Ramirez es irrisorio, por ejemplo). Eso puede ser coherente dado el espíritu de la cinta, es una posibilidad, pero más que eso, es señal de todos los desajustes que contiene, que exagera la tecla y provoca más rechazo que simpatía, que parece tener claro hacia dónde avanzar, pero en cada decisión parece contener algo sobregirado. Sin ser una calamidad, “La Chica del Tren” ofrece poco para disfrutar y sus dos horas se hacen más interminables que la última trilogía de Peter Jackson, lo que ya es decir demasiado.

Por Gonzalo Valdivia

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