La Cenicienta

Jueves, 19 de Marzo de 2015 | 10:30 am | No hay comentarios

Título original:

Cinderella

Dirigida por:

Kenneth Branagh

Duración:

112 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Lily James, Cate Blanchett, Helena Bonham Carter, Richard Madden, Holliday Grainger, Sophie McShera, Eloise Webb, Derek Jacobi, Hayley Atwell, Stellan Skarsgård, Leila Wong, Ben Chaplin

Recrear cuentos de hadas en carne y hueso es un nicho que cada vez ha inflado más sus tropas. “Snow White & The Hunstman” (2012), “Maleficent” (2014) y, ahora último, “La Cenicienta” de Kennet Branagh, dan cuenta de un nuevo amanecer en los viejos clásicos, esta vez con rostros reales. Sin embargo, ¿qué tiene para ofrecer una película como “La Cenicienta”, cuya historia puede ser recitada por cualquiera que esté más o menos familiarizado con cuentos infantiles? No muchas sorpresas, sin embargo, esta no es una respuesta mordaz. La apuesta de “La Cenicienta” es una suerte de restauración de la versión de 1950 que, en conjunto a una delicada puesta en escena y un elenco hábilmente escogido, puede reencantar a quienes ya han disfrutado con la versión animada.

CINDERELLA 01Ella (Lily James) es una bella y bondadosa  joven,  que luego de la muerte de su padre, queda a merced y disposición de su cruel madrastra, Lady Tremaine (Cate Blanchett) y sus odiosas hijas, Anastasia y Drisella. Ellas, a fin de ahorrarse trabajo y unos pesos, relegarán a la joven Ella (a quien luego llamarán Cenicienta) a trabajos domésticos y malos tratos, que terminarán por impulsarla a huir, aunque sea momentáneamente de su hogar. Es en ese escape que Cenicienta conocerá  a un apuesto joven llamado Kit (Richard Madden),  quien quedará prendado a ella e intentará utilizar su poder como príncipe para poder encontrarla.

Especialmente fiel al estilo y diseño de la película de 1950, “La Cenicienta” es la muestra que una recreación no implica necesariamente resignificación. A diferencia de otros directores, Kennet Branagh apuesta por la lealtad a la versión de Disney, y si se añaden personajes o momentos que no aparecen en la original, es para llenar vacíos y hacerla creíble, dentro de las proporciones, claro, pues la magia sigue presente en esta versión. Si algún niño o niña se preguntó antes por qué no contrataron más gente para las tareas domésticas o por qué “La Cenicienta” soportó tanto mal trato, puede que ahora encuentre su respuesta.

CINDERELLA 02No obstante, pese a que la fidelidad de la historia es uno de los caballitos de batallas de  Branagh, su amparo también está en los relieves. Si en 1950, Cenicienta manaba buenos sentimientos, en la actual esto se exalta aún más. Lo mismo sucede con su valentía, pues no cualquiera puede enfrentar las vicisitudes de la comunión conyugal entre príncipes y plebeyas, o al menos así lo quiere plantear esta cinta. Tanto la bondad como el arrojo de Cenicienta, hacen empatizar más con ella y no verla sólo como una mujer sumisa salvada por la magia, sino con cualidades propias, aunque dentro del paradigma de princesa Disney. Vale decir que, en esta versión que llega a los cines, antes de partir la película hay un corto del cumpleaños del personaje Elsa de “Frozen: Una Aventura Congelada” (2013), llamado “Frozen Fever”, lo que contribuye a resaltar más este tipo de figura y a la atmósfera de magia.

La frescura de esta versión viene también de la mano de la cuidadosa elección de colores, formas y espacios en el diseño de ambientes y vestuario. Por un lado, en la ambientación se mezcla lo bucólico de la vida de los plebeyos con el lujo de los castillos y fiestas de los reyes. Mientras que por otro, el vestuario ha sido pensado para destacar los atributos de cada personaje: en Cenicienta se mantiene el abultado vestido azul, que aporta ingenuidad y femineidad a la protagonista, y en el caso de la CINDERELLA 03madrastra y las hijas priman los colores estridentes y las formas voluminosas, que permiten resaltar  el rechazo que producen las Tremaine. En cuanto a las actuaciones, el elenco, en general, logra dar con  la idiosincrasia de cada uno de sus personajes. La madrastra y sus hijas son tan desagradables como se les recuerda del cuento, especialmente el personaje de  Blanchett, quien impregna todo su garbo y malicia como villana, y la pareja principal tiene suficiente química como para justificar una búsqueda tan incisiva.

Con cambios esencialmente cosméticos, “La Cenicienta” no es una película que asombre por su historia, pero  tampoco quiere hacerlo. Sus intenciones no van por innovar el cine infantil, sino de nutrir el cuento de hadas que ya conocemos, tanto en el relato como en su diseño y aparataje estético, propósito que efectivamente conquista. Quienes esperen que la narración rompa con el paradigma de Disney no encontrarán satisfacción, sin embargo, puede ser una historia encantadora –pese a portar un mensaje tan conocido- a quienes se encuentran con esta historia por primera vez, o quienes ya habían disfrutado con la primera versión de Disney.

Por Javiera Quiroga

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