La Casa Del Miedo

Miércoles, 5 de Diciembre de 2012 | 2:47 pm | No hay comentarios

Título original:

Silent House

Dirigida por:

Chris Kentis, Laura Lau

Duración:

86 minutos

Año:

2011

Protagonizada por:

Elizabeth Olsen, Adam Trese, Eric Sheffer Stevens, Julia Taylor Ross, Haley Murphy, Adam Barnett

El cine se debe a su formato. Como medio expresivo y vehículo de transporte de ideas y sensaciones, la máquina de hacer (y exhibir) películas apuesta por integrar de forma simbiótica, la narración y la expresión artística. En este sentido, los grandes monumentos del séptimo arte entregan un texto que, en su complejidad, no pueden existir fuera del cinematógrafo. En la medianía, la mayoría de los creadores se abocan a explorar una u otra faceta, ya sea resaltando el poder de una buena narración o la calidad del formato que se explote. Junto con el montaje, quizás la técnica que mejor representa la singularidad del cine es la total ausencia del mismo: el plano secuencia. Desde los albores de esta arte, cuando simplemente se fijaba la cámara para un “teatro filmado”, a las posibilidades impensadas de planos eternos y movedizos en cámaras digitales, esta técnica ha sido el fetiche de los cineastas, y cuenta entre sus puntos altos a “La Soga” (1948) del maestro Hitchcock y la más actual “El Arca Rusa” (2002). Pero, como todo artificio, requiere de pericia en su ejecución o termina por convertirse en una trampa de arena de la cual es imposible salir. Algo que le sucede a “La Casa Del Miedo”, remake de la cinta uruguaya “La Casa Muda” (2010).

En general, la historia es la misma respecto a su símil uruguayo, salvo pequeños detalles. Sarah (Elizabeth Olsen) acompaña a John (Adam Trese), su padre, a reparar una casa de campo abandonada, propiedad de Peter (Eric Sheffer Stevens), su tío, quien la pondrá en venta. La idea es pasar la noche en ella para comenzar las labores temprano en la mañana. Pero al entrar a la vivienda, Sarah comienza a escuchar extraños ruidos en el segundo piso, y al quedarse encerrada, estos se materializan en presencias que la perseguirán y atacarán sin razón aparente.

Sustentada en el plano secuencia, al igual que la original uruguaya, esta película se centra en el punto de vista de la protagonista, y es a través de ella que presenciamos los giros que dará la trama, hasta revelar el “ni tan” secreto final (si ya se vio la anterior). La sorpresa, y el juego, está en descubrir los elementos nuevos que se integran al relato, y que cambian en parte el enfoque del conflicto. Pero ninguno de estos detalles llega a cambiar el panorama principal, siendo más anécdotas o justificaciones para el nuevo proyecto, como si al cambiar un par de palabras por sinónimos se fuera a modificar el sentido del texto.

Es más fácil enumerar las pocas diferencias que las similitudes que tiene “La Casa Del Miedo” con “La Casa Muda”, porque aquí lo que se presenta es una fotocopia de la original: el mismo guión, la misma puesta en escena, los mismos efectos para provocar miedo, los mismos clichés. Ni siquiera existe una intención de ocultar la imitación del plano secuencia, artificio que ni siquiera es real en el sentido estricto, ya que ante ojos más versados se revelan los cortes necesarios, ya sea por restricción de la cinta filmada o por simple comodidad en el montaje. Pero el punto no es ese. Esta técnica basa su éxito expresivo, más que en el centro de la imagen, en sus alrededores. Lo interesante es mirar de reojo, y ver cómo la profundidad de campo o los elementos del encuadre van complementando un punto central. Acá la cámara está tan concentrada en la protagonista, que termina por aburrir, lo que hace apartar la vista de la pantalla y perder el efecto.

“The Silent House” (su título en inglés), termina por convertirse en un déjà-vu, en la repetición inútil de un experimento que ya fue, y que tampoco entregó resultados tan satisfactorios en su momento. Porque, tal como es un error creer que el formato no influye en el resultado final de una película, también lo es creer que al cerrarse a una técnica y llevar la forma al límite, se logrará crear un producto final digno de ser visto.

Por Juan Pablo Bravo

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