Kong: La Isla Calavera

Jueves, 9 de Marzo de 2017 | 2:18 am | No hay comentarios

Título original:

Kong: Skull Island

Dirigida por:

Jordan Vogt-Roberts

Duración:

118 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman, John C. Reilly, Toby Kebbell, Thomas Mann, Corey Hawkins, Jason Mitchell, Shea Whigham, John Ortiz, Eugene Cordero

Es posible que King Kong, desde su primera versión en 1933 hasta la última adaptación dirigida por Peter Jackson en 2005, sea uno de los personajes más reconocidos en la historia del cine y una de las más populares bestias dentro de las películas centradas en monstruos, sirviendo de inspiración para cintas contemporáneas y despertando en varios realizadores el deseo de revivir el mito. Este año el personaje vuelve a nacer dentro del llamado MonsterVerse que inició “Godzilla” (2014) y que promete juntarlos en una futura producción.

Dirigida por Jordan Vogt-Roberts, “Kong: La Isla Calavera” se centra en grupo de exploradores que viajan a una misteriosa y escondida isla en medio del Pacífico, entre ellos el capitán James Conrad (Tom Hiddleston), el teniente Preston Packard (Samuel L. Jackson) y la fotoperiodista Mason Weaver (Brie Larson). Al llegar a ella, deberán combatir todos los sorprendentes peligros que se les presentan, y enfrentar a quién rige este territorio, el legendario Kong.

Si “Godzilla” hablaba de las consecuencias químicas en la Tierra, la figura de Kong representa la lucha de las fuerzas naturales y cómo el ser humano falla al intentar dominarlas. Sin embargo, esta nueva reinvención de la mítica historia del gigantesco gorila se traslada desde 1930 hasta a mediados de 1973, justo en medio de la Guerra de Vietnam, de esta forma permitiendo que el contexto se torne importante al momento de desarrollar la trama, pues la simbología de la guerra y sus consecuencias estarán presente durante gran parte del relato. Mientras, la psicodélica música de principios de los 70 acompaña gran parte de las secuencias de humanos y sus máquinas de destrucción.

Esta es la película de una bestia soberana en un lugar inhóspito, y en ese sentido Kong es el indiscutido protagonista, no tan sólo porque la narración gira en torno a su figura, sino también porque existe un cuidado particular en su construcción visual y como personaje, sorprendiendo por su realismo y la cuota necesaria de fantasía que enaltece su figura mítica, donde su sensibilidad está puesta en el cuidado de su entorno y las criaturas débiles que tiene a su cargo. El diseño digital destaca cuando la sensación de peso y fuerza se apoderan de la pantalla, potenciando además sus expresiones faciales, las que logran capturar la esencia de una bestia que defiende su territorio, causando temor y a la vez admiración. Por otra parte, la isla se caracteriza por albergar un sinfín de fantásticas criaturas, parte de una mitología que no necesita mayor explicación, pero que complementan el atractivo visual de este universo narrativo.

Si bien, la construcción de Kong como personaje logra su objetivo, la cinta queda desbalanceada cuando el resto de los personajes sólo cumplen con su cuota en pantalla, pues luego de un rato de frases aisladas -que sólo sirven como distracciones- se instala la duda frente a la relevancia que tiene cada uno de ellos, dando la razón cuando se piensa que en este tipo de películas los humanos poco tienen que aportar en la historia, justificando su existencia como carnada para ser vistos dentro de las grandes batallas que las bestias digitales están teniendo a su alrededor. Por lo tanto, no esconde el abandono que sufre su construcción narrativa frente a un atractivo y vibrante desplante visual, dejando claro que al menos en esta producción importa más la forma que el fondo.

En ese sentido, Vogt-Roberts le da énfasis a lo que sostendrá esta cinta en términos visuales, ya que son los escenarios y el diseño de las criaturas que habitan en la isla lo más atractivo de ella a través de un apropiado uso del CGI, estableciendo el tono a través de colores naranjos que extienden los atardeceres y generando una atmósfera que deja ver la influencia del cine de los 70, casi como un homenaje a “Apocalypse Now” (1979), pero en una clave totalmente diferente. Además, la película es honesta al plantarse como un relato de acción y aventura, por lo que gran parte de sus secuencias están enfocadas en potenciar estas características a través de un montaje que genera tensión y asombro, y prevaleciendo el uso de cámaras lentas cuando helicópteros y explosiones se apropian de la pantalla.

“Kong: La Isla Calavera” sin dudas entrega entretención, pues las secuencias de acción se encargan sostenerla y justificarla, potenciando lo mejor del cine de aventuras y trayendo al más popular de sus monstruos en una reinvención que aporta en levantar una vez más su figura. Sin embargo, tanto el diseño de sus personajes como su historia no logran encajar, dejándola incompleta y con una sensación de insatisfacción al estar construida en cimientos narrativos débiles. Al final, resulta ser una cinta con una bonita fachada, pero sin mucho que encontrar en su interior.

Por Ángelo Illanes

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