Kathryn Bigelow: En un mundo de hombres

Viernes, 15 de Febrero de 2013 | 1:55 pm | No hay comentarios
Kathryn Bigelow: En un mundo de hombres

El mundo de los directores de cine es uno de hombres. Tomando en cuenta que el surgimiento del cinematógrafo se dio a la par con los movimientos de emancipación femenina, se podría pensar que las mujeres deberían estar más incorporadas a la realización cinematográfica, no sólo frente a la cámara para interpretar papeles de diversa índole, sino que filmando, editando, decidiendo. Más allá de esta apreciación, lo mejor es no aventurar explicaciones antojadizas de este fenómeno para no enredarse en algún comentario que pueda sonar sexista. Porque, en el sentido estricto, no existe ninguna diferencia (o no es capaz de verla este redactor) entre hombres y mujeres para que unos tomaran ventaja en la silla de dirección frente a las otras; claro, sin dejar de lado el machismo que poco a poco va en retirada.

THE HURT LOCKERQuizás es ese mismo machismo en franca retirada, el que ha posibilitado a Kathryn Bigelow y a otras realizadoras a mirar a través del lente y conquistar un lugar merecido en la industria. Y es esta la que ha destacado por sobre el resto al convertirse, el año 2009, en la primera mujer en ganar el premio Oscar a “Mejor Director” por “The Hurt Locker”, historia ambientada en Irak sobre un desactivador de bombas demasiado comprometido con su trabajo. Sin embargo, ese éxito que parecía repentino, estaba solventado en una carrera sólida de más de 30 años, en donde ha explorado con bastante soltura temas como la violencia, los traumas de guerra y los límites de la lealtad entre compañeros. Algo que la posiciona como una autora de mirada fresca, novedosa y original sobre lo que podría definirse como un “cine masculino”.

Tal como Polanski ha explorado en varias de sus cintas los miedos arquetípicos de la femineidad, en varias de sus cintas Bigelow se la juega por delinear y construir personajes masculinos, observando con la certeza del lente los miedos, traumas y obsesiones que pueblan la mente de los hombres, y dibujar sus acciones. Es también interesante constatar que su trabajo se relacione con la violencia, insinuando con ello una relación intrínseca entre el comportamiento masculino y la agresividad. Algo que se puede constatar en su primer largometraje “The Loveless” (1982), el primero al salir de la universidad, compartiendo la dirección con Monty Montgomery, y el primer protagónico de Willem Dafoe, con quien no ha vuelto a colaborar. Pese a ser un fracaso en su momento, la atmósfera lograda con la fotografía y la violencia solapada que se respira en la pandilla que llega a un pequeño pueblo del interior de Estados Unidos, da pistas sobre lo que sería la carrera de la directora californiana.

Near DarkEn su segundo intento dirigiendo, se aventura con “Near Dark” (1987), también explorando la temática de la pandilla, pero ahora entendida como una “familia” de vampiros –aunque la palabra no se pronuncia en todo el metraje-. Nuevamente la violencia se toma la pantalla, nutriéndose aquí del conflicto del protagonista, un neófito que lucha por no convertirse en los monstruos que ve en la disfuncional prole de chupasangres. Sigue en camino esa exploración antropológica por las reacciones ante la violencia, ya sea como espectador o participando en ella.

“Blue Steel” (1989) suena como la película más metafóricamente autobiográfica, donde filtra esa sensación de estar jugando en un territorio de hombres. Porque el papel de Jamie Lee Curtis, esa policía novata que es perseguida por un sicópata y a veces es el ratón y otras veces el cazador, deja ver un poco la lucha de Bigelow por instalarse en el ambiente de Hollywood. Algo que vendría a lograr, y hasta cierto punto consolidar, con su siguiente cinta, “Point Break” (1991).

POINT BREAKDejando de lado el prestigio conseguido por “The Hurt Locker”, es la película conocida en Latinoamérica como “Punto De Quiebre” la que le trajo mayores réditos económicos y de fama, aportando las icónicas interpretaciones de Keanu Reeves y Patrick Swayze en el clásico relato del policía y el ladrón. Además, es esa misma interacción la que aporta una mirada casi paradigmática a la obra de esta cineasta, pasando por la violencia del crimen, el sentido del deber, la lealtad, y esa extraña complicidad generada en la escena final, donde es más importante ver al amigo conquistar un sueño –aunque sea suicida- antes que el relativo sentido de justicia del sistema.

“Strange Days” (1995) es, a todas luces, uno de los puntos más altos en la carrera de Bigelow. Con guión de su –en ese momento- esposo, James Cameron, es un apasionante ejercicio de ciencia ficción, con dosis justas de violencia, perversión, y un ambiguo triángulo amoroso. Aquí la exploración masculina es solitaria, y la encabeza el protagónico interpretado por Ralph Fiennes. Sorprende que este pueda ser tomado como un punto de inflexión en la carrera de los dos ex esposos, con Cameron alejándose de las temáticas futuristas relacionadas con la violencia, y por otro lado, con Bigelow que, pese a sus tropiezos, ha continuado sin comprometer sus convicciones, sólo explorando nuevas narrativas.

Seducida por la novela del mismo nombre, el siguiente proyecto de Kathryn Bigelow fue un cruce entre el relato de época y la intriga de ficción. “The Weight Of Water” (2000) está basada en los brutales asesinatos ocurridos en una isla desolada cerca de New Hampshire, durante 1876. La línea de tiempo, entonces, se desenvuelve en el presente, donde se realiza la investigación acerca de los crímenes de dos mujeres; y en el pasado, donde una de las sobrevivientes cuenta su experiencia los días previos a los hechos.

K-19 The WidowmakerDesde aquí que Bigelow ha enfocado sus esfuerzos en una temática que agrupa de mejor forma sus obsesiones: la guerra. Porque con “K-19: The Widowmaker” (2002) la cineasta esboza un retrato acerca del sentido del deber, la lealtad del grupo, y también da un salto a temas ideológicos, que incluso pueden acusarse de propagandísticos. El submarino ruso averiado en la Guerra Fría, y que deambula con una carga nuclear que puede desatar el conflicto global, deja ver algunos detalles que inquietan, pero que no se hacen evidentes hasta que se hace presente, luego de seis años, “The Hurt Locker”.

Porque “Vivir Al Límite” (su nombre de estreno en el país) va más allá. Bigelow es astuta, y jamás elude la irracionalidad de la guerra, ni los traumas que puede causar en la población, tanto entre los invadidos como en los foráneos. Ni menos deja de lado sus propios temas, aportando coherencia a una carrera coronada esta vez por el Oscar, inédito para una mujer cineasta. Pero algo falta, por lo menos un pequeño atisbo de cuestionamiento de porqué un país como Estados Unidos se ve obligado a invadir a un país pobre y desarmado como Irak.

Zero Dark ThirtyQuizás es una exageración pedirle al cine, y a los directores en particular, una reflexión acerca de temas políticos e ideológicos que terminan afectando a la sociedad en su conjunto, cada vez más globalizada e interconectada. El cine es en parte entretención, pero también es un vehículo de ideas, de mundos posibles, siendo con ello una forma de construir realidad. Kathryn Bigelow parece entender y asumir esa máxima, porque, si bien ha tenido tropiezos, sus películas de acción son efectivos ejercicios de género. El conflicto está cuando se trata de simplificar con ese prisma, fenómenos tan complejos como el llamado “terrorismo” del siglo XXI, llenos de matices y de opiniones divergentes. Habrá que esperar hasta ver “Zero Dark Thirty” para hacerse una idea de qué nos quiere decir la única ganadora mujer del Oscar sobre la muerte del hombre más buscado del mundo, Osama Bin Laden.

Por Juan Pablo Bravo

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