Juventud

Jueves, 4 de Agosto de 2016 | 10:56 am | No hay comentarios

Título original:

Youth

Dirigida por:

Paolo Sorrentino

Duración:

124 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano, Jane Fonda, Tom Lipinski, Poppy Corby-Tuech, Madalina Ghenea, Emilia Jones, Mark Kozelek, Anabel Kutay, Rebecca Calder, Ian Keir Attard, Roly Serrano

Cuando la intelectualidad y el hedonismo colisionan o, en otras palabras, el cine de Paolo Sorrentino. Muy italiano en su elegante dramatismo, su interés va por la construcción de esferas sociales inalcanzables para el sujeto corriente, pobladas por primorosas conceptualidades que revolotean abstractas entre jardines de lujo. Arte para el artista, desde el olimpo para el olimpo. ¿Qué es “La Grande Bellezza” (2013) sino un majestuoso poema hecho película? “Juventud” es su familiar cercano, pero un tanto más amigable.

YOUTH 01Un hotel de ensueño en medio de los Alpes es donde el afamado director de orquesta, Fred Ballinger (Michael Cane), goza su retiro. Su estancia está marcada por el recuerdo de su esposa, una invitación al cumpleaños de un príncipe, la reciente separación de su hija (Rachel Weisz), su amigo realizador (Harvey Keitel) que lucha por sacar su película y un actor (Paul Dano) que prepara un complejo rol.

No sucede mucho en cuanto a acciones se refiere. Sorrentino trabaja con situaciones autónomas vinculadas por un concepto, en vez de un solo largo relato unitario conformado por escenas codependientes, de modo que perderse un eslabón no implica desorientarse. Toda la experiencia de la película son momentos, encuentros, que se llevan a cabo dentro del hotel y que se esfuman cuando cortan al siguiente. Hay relleno entre la sustancia, pero desde una mirada superficial, ya que como tal no es estrictamente imprescindible, también aporta a la teorización. Así, en medio de esta atmósfera casi solemne, el ejercicio de una joven masajista al son de música pop irrumpe de la nada, y como llega, se va.

El espacio físico es representado más bien como una especie de resort de retiro de lujo para la tercera edad, correspondiendo la presencia de los jóvenes a invitados, afuerinos, así como bocanadas de aire YOUTH 02fresco. Su director tiene un particular sentido del humor, expresándolo a través de impecables y creativos planos que rayan en el absurdo –que descolocan, incluso, porque están puestos de forma que no queda claro si se supone que es en serio o no–. Hay miseria en la risa, como suelen ser las bromas; incluso observar la decadencia de Maradona es simpático.

Fred se contrapone con el cineasta, estando él asumido de su salida del sistema mientras que su amigo persevera por mantenerse vigente en el circuito. Y conforme la hija sufre porque su esposo que la dejó por una mujer más vital, el actor necesita de los maduros para nutrir un personaje de edad avanzada. Las distintas concepciones conviven en vez de colisionar, porque aquí no se presenta un sistema de contraposiciones: cada uno vive su instancia a su manera y cada uno dramatiza en su metro cuadrado. Este hotel, por tanto, no alcanza a ser un escape porque la realidad se traslada, acomodándose al frasco chico.

Filosofando mientras aparentemente no pasa nada, es lo que pasa. Entre aguas termales, masajes divinales y cenas refinadas, el film es la materialización de la hipótesis del personaje de Harvey Keitel: mientras que cuando se es joven el futuro se ve grande y esplendoroso, cuando se llega a viejo sólo se piensa en un pasado remoto como la prehistoria. Esta vejez es retratada sin romanticismos, incluso YOUTH 03con actitud descarada, indolente. Todo lo que el par de amigos fue, está atrapado ahí con ellos: la desfachatez, el ímpetu, la gracia.

Es una estadía envidiable, por cierto exclusiva. La elite otra vez, deambulando en la melancolía. Imposible replicar la existencia de Fred en el retirado común y silvestre. En ese sentido se agradece que el italiano no pretenda hacerse cargo de la problemática de la madurez como asunto social, pues su universo de elección está reducido a un círculo tan privilegiado, que hacerlo sería un sabotaje, además de un tremendo insulto. De sentirse viejo, todos lo harán; hasta el más joven sentirá nostalgia de su presente juventud, porque el anhelo por no envejecer jamás es real y el que reniegue de ello se está engañando.

Por María José Álvarez

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