Ismael

Jueves, 10 de Julio de 2014 | 10:53 am | No hay comentarios

Título original:

Ismael

Dirigida por:

Marcelo Piñeyro

Duración:

106 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Mario Casas, Larsson do Amaral, Belén Rueda, Ella Kweku, Sergi López, Juan Diego Botto, Mikel Iglesias, Gemma Brió, Óscar Foronda, Alain Hernández

El estado actual de la cartelera nacional luce dos peculiaridades que, además de ser las mayores variaciones respecto a otras temporadas, dan luces evidentes de que la oferta se diversifica con mayor rapidez que la que percibimos. Por un lado, se encuentra la naciente moda de estrenos cristianos  que ya suma a “Hijo de Dios”, “Tierra de María”, “Dios No Está Muerto” y “El Cielo Sí Existe”, y por el otro, la oleada de estrenos con el sello argentino: “El Misterio de la Felicidad”, “Betibú” y próximamente “Relato Salvajes” (única representante latinoamericana en la Selección Oficial de Cannes 2014). Ahora la novedad es el estreno de “Ismael”, el regreso del cineasta trasandino Marcelo Piñeyro a España tras los buenos resultados que obtuvo con “El Método” (2005).

ISMAEL 01Guiado únicamente por una dirección contenida en una carta dirigida a su madre, un niño de 8 años de nombre Ismael (Larsson do Amaral) llega hasta la puerta del departamento de una señora catalana (Belén Rueda), en busca de Félix Ambrós (Mario Casas), el padre que anhela conocer. La mujer resulta ser su abuela, y el tal Félix, un ermitaño joven profesor que ahora vive en un pueblo de Girona. Nora llevará hasta allá a Ismael para que se produzca el encuentro, mientras que, paralelamente, dado que el niño se ha escapado de casa, su madre Alika (Ella Kweku) y el marido de esta (Juan Diego Botto) viajarán desde Madrid para volverse a reunir con el pequeño. La inocente escapada de Ismael supondrá un insospechado retorno al pasado para todos los involucrados.

En muchos sentidos, este es el tipo de película con todos los componentes para conquistar a la galería: un niño en el centro, una historia de núcleo entrañable, dos de los más brillantes actores españoles, y un intérprete que arranca gritos de las féminas. El gran inconveniente es que sus piezas son tan opacas, que el efecto que provoca es completamente inverso. En sus minutos iniciales se limita a mostrarnos a un niño mulato en su trayecto hacia otra ciudad, cubriendo de preguntas el relato y capturando raudamente la atención. El asombro emerge cuando  en seguida –con excesiva prontitud- responde cada una de las interrogantes y, de paso, expone que sus cartas se encuentran depositadas ISMAEL 02en la calma y la parsimonia, en cocinarse a fuego lento y confiar el resultado a sus actores. La intención va visiblemente por el lado de ocupar la huida de este niño como una excusa para indagar en heridas todavía abiertas. Pero el relato empieza a deambular como zombie y no encuentra su norte en los siguientes minutos,  prolongándose de esa manera hasta su cierre. La cinta dispara para todos lados, proponiendo un escenario previsible y dando en el blanco en insuficientes ocasiones.

Gran parte de los traspiés que comete el filme emanan de su constante deseo por alejarse de la lágrima fácil. He ahí un mérito, pero se queda en nada a causa de que la película pone en juego una seguidilla de decisiones fallidas. Entre ellas, no decidir un foco claro y quedar a medio camino en cada uno de sus rutas. Si bien es valorable que se contenga, vistos los recursos con los que contaba, es una pena que Marcelo Piñeyro transforme todo en un relato vacilante y lánguido.

ISMAEL 03“Ismael” es el tipo de drama poseedor de un punto de inicio sensiblero –de atractivo importante-, que al final por enfocarse excesivamente en esquivar esa tecla, termina siendo un producto menos que rutinario, despojado de casi todo interés, y en este caso únicamente sostenido por el aplomo de sus más experimentados actores. Porque hay que ser claros: Belén Rueda y Sergi López lucen gratos y acertados, y la subtrama que protagonizan –con todo lo cursi que puede resultar- es un aliviante bálsamo en medio de un argumento central que confunde el desgano con la serenidad. Naturalmente, estos aspectos no redimen a la obra, aunque la ayudan a preservar algo de decoro. Sin embargo, el resultado no deja de sorprender por su vulgaridad, pues su director acostumbra a sacar lo mejor de los materiales que tiene entre manos, más allá de lo dramático de estos. La película jamás acaba por arrancar, lo que sumado a un nivel irregular de actuaciones, termina por timbrar una cinta, aunque atípica dados los elementos a disposición, insatisfactoria prácticamente a cada segundo.

Por Gonzalo Valdivia

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