Invocando al Demonio

Jueves, 26 de Marzo de 2015 | 11:34 am | No hay comentarios

Título original:

The Possession Of Michael King

Dirigida por:

David Jung

Duración:

83 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Shane Johnson, Ella Anderson, Cara Pifko, Dale Dickey, Julie McNiven, Patricia Healy, Tomas Arana, Krystal Alvarez, Luke Baines, Anna Mountford

¿Qué tan difícil es encontrar una idea matadora en la cual basar una película de terror? Bastante. Merecidos éxitos como “The Blair Witch Project” (1999) son fenómenos que se dan cada cierto número de años. Es esta misma el ícono oficial de lo que hoy día llamamos el formato del found footage, herramienta de metalenguaje que busca generar una sensación de realismo al enseñarle al espectador imágenes que, acorde al universo ficcional, ya fueron registradas, permitiéndole descubrir detalles del THE POSSESSION OF MICHAEL KING 01evento horroroso de turno. El factor novedad sólo se respiró en el caso de la bruja del bosque, pero algunos realizadores siguen estrujando el recurso. En su derecho están, por cierto.

El cineasta ateo Michael King (Shane Johnson) refuerza su escepticismo cuando su esposa (Julie McNiven) confía en los consejos de una tarotista y toma una decisión que deriva en su muerte. Es así cómo, empecinado en desenmascarar la falsedad del mundo paranormal, Michael desafía a las supuestas fuerzas del mal a violentarlo, grabándose durante el proceso para compartirlo con el público. Lo que él no augura es que los espíritus escuchen su petición, y efectivamente aparezcan.

El personaje desconfiado que termina tragándose sus palabras es un elemento archi-reciclado, pero su director y guionista, el debutante David Jung, sale airoso al inventar un contexto donde el carácter del hombre tiene sentido. Sus constantes miradas a cámara, que reflejan su desconfianza hacia los diversos espiritistas a los que se somete, pretenden crear una complicidad y naturalidad que, si bien a ratos son cursi, igual logran su objetivo. De la mano va la actuación de Johnson, quien comanda dignamente el metraje con su sarcasmo inicial, y luego su lucha psicológica y física por no ser vencido THE POSSESSION OF MICHAEL KING 02del todo. Es de subrayar esta virtud, pues la subvaloración del esfuerzo actoral en cintas de este estilo está casi establecida, tendencia injusta y francamente infantil. En este caso, el desempeño de Johnson es aún más respetable, teniendo en cuenta que se muestra la posesión del protagonista desde su perspectiva (rescatable apuesta dentro de una mayoría que suele agarrarse del punto de vista de una segunda persona), lo que duplica la atención en él.

La utilización del found footage es lo más débil de la película, aunque no es necesariamente culpa de esta en sí. Independiente de la trama en la que esté inserto, el formato ya perdió el encanto. Reiterativo y previsible, vuelve improbable la meta de no caer en lugares comunes que el espectador con facilidad pronostica; a estas alturas se sigue una fórmula memorizada que únicamente los aficionados acérrimos podrían valorar. Es verdad que este film no apunta a impresionar con su originalidad o alguna chocante vuelta de tuerca, pero el simple hecho de sumarse a un género manoseado hasta el desgaste, le resta puntos. No sólo sabemos el estado en que Michael terminará, sino también el cómo ocurrirá, cuánto demorará y quiénes pagarán las consecuencias.

THE POSSESSION OF MICHAEL KING 03En lo técnico, aunque existe la intención de crear atmósferas espeluznantes a través del sonido, no se aprecia lo suficiente, ya que en los instantes de mayor tensión se cae en una saturación que no hace más que molestar. Las imágenes, no obstante, sí desconciertan durante las situaciones más turbias y están puestas de manera eficiente, no obstante, el montaje es inestable, funcionando a ratos y estancándose en aspectos innecesarios en otros.

Considerando la masiva producción de trabajos decepcionantes del sub-género en cuestión, este no es ningún tipo de maravilla que quedará en la historia, pero tampoco es el descalabro que se podría sospechar a priori. La idea original es relativamente refrescante, o al menos interesante, y está dotada de una motivación que alcanza a ser verosímil: un sujeto pragmático que, devastado tras la partida del amor de su vida, decide ridiculizar a los supuestos culpables para que dejen de lucrar con la inocencia de la gente. Es, finalmente, la historia de cómo un joven viudo se las arregla para lidiar con el dolor de la pérdida. Como ópera prima se merece una oportunidad.

Por María José Álvarez

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