In-Edit Nescafé: “NY 77: The Coolest Year In Hell”

Viernes, 22 de Noviembre de 2013 | 10:36 am | No hay comentarios
In-Edit Nescafé: “NY 77: The Coolest Year In Hell”

NY 77: The Coolest Year In Hell

Año: 2007

Dirigida por Henry Corra

Cuando se piensa en lo audiovisual, una de las cosas más complejas de retratar es el caos. Paradójicamente, aunque el desorden controlado puede ser un recurso que funciona en pantalla de forma estética, el fondo muchas veces carece de la profundidad que la anarquía o la destrucción de un orden establecido debe poseer. Por ello, “NY 77: The Coolest Year In Hell” es mucho más relevante de lo que parece ser. No se trata sólo de un acercamiento a una ciudad determinada con un caos específico desde una arista clara, como es la música, sino que también es un efectivo registro de cómo dentro de cada desequilibrio se van formando tejidos sociales mucho más profundos y más resistentes, al menos en el papel.

NY77 THE COOLEST YEAR IN HELL 01El director Henry Corra, con el beneficio de la distancia, retrata uno de los años más convulsionados de Nueva York, con una crisis generalizada, tanto en lo político como en lo económico, lo que derivó en la ruina de la ciudad y en episodios como el apagón de 25 horas, el más famoso en la historia del país del norte, que derivó en el mayor arresto colectivo de la historia con más de tres mil personas detenidas por los saqueos, vandalismo y crímenes cometidos en aquel blackout.

Pero para las expresiones artísticas, esta decadencia fue la panacea. Múltiples estilos y corrientes de las artes se vieron beneficiadas de un caos que ellas sí podían retratar, mucho mejor que los alarmistas reporteros o los aprovechadores políticos. Es la época del esplendor del CGBG y el punk, del nacimiento del hip hop de forma explosiva, del surgimiento de la música disco y, en general, de la apertura de nuevos espacios entre las grietas de un orden que tarde o temprano se derrumbaría para dar paso a una nueva etapa.

En lo moral también había cambios. El destape y la liberación sexual también fue potente, el negocio alrededor movió mucho dinero y la tolerancia e intolerancia jugaron un rol trascendente en la convivencia de los individuos, pero también este fue un punto que empujó un conflicto político mayor, que a la vez sería el empujón necesario para entender que el infierno “más cool” no sería para siempre.

El documental logra hilar el paso de las múltiples expresiones musicales que explotaron (a veces, literalmente) en 1977 con el contexto en el que estas se instalan. Las entrevistas logran también situar a múltiples personajes en medio de una época que es complicada de reconstruir. Mucho material de archivo tiene un carácter general, lo que denota la complejidad de reconstruir ese año con imágenes más allá de la fotografía fija. Allí es donde el documental gana mucho con su montaje y las animaciones que utiliza para explicar varios puntos.

El mayor triunfo de Corra es hacer la trenza correcta entre la variedad de temas presentes en el documental, reinar en medio del caos, y dar la idea concreta del surgimiento de escenas desde el underground hacia lo mainstream en medio de un contexto con un gran potencial para el arte, entre la reconstrucción de una de las principales ciudades del mundo. Al final, el caos es mostrado civilizado de tal forma que su entendimiento logra ser total, aunque en el proceso de crear un guión coherente pierda un poco de la urgencia y el nervio que movía a los diferentes movimientos alrededor de New York.

Por Manuel Toledo-Campos

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