In-Edit Nescafé 2016: “Gary Numan: Android In La La Land”

Martes, 6 de Diciembre de 2016 | 1:17 am | No hay comentarios
In-Edit Nescafé 2016: “Gary Numan: Android In La La Land”

Título original: Gary Numan: Android In La La Land

Director: Steve Read y Rob Alexander

Duración: 85 minutos

Músico que tocó el cielo con ganas de tener una revancha. Es lo que han encarnado muchos artistas, y ahora es el turno de un ícono setentero y ochentero con gran influencia en generaciones posteriores, en “Gary Numan: Android In La La Land” (2016), estreno nacional en el Festival In-Edit Nescafé. Décadas y décadas de rodaje en la industria culminan en los años 2012 y 2013, período en que dos documentalistas registraron la composición y grabación de un nuevo álbum del londinense, aquel que lo traería de regreso con ánimo de volver a gozar de días gloriosos.

gary-numan-android-in-la-la-land-01Nine Inch Nails, Dave Grohl y el punk son algunos de los nombres que circulan en esta pieza como referencias que ayudan a comprender el salto al estrellato y el regreso de Numan. Ninguno de ellos es entrevistado, eso sí; este es un documental que se zambulle en lo más personal del artista, con acceso a su familia y equipo más cercano. Poco o casi nada de expertos o colegas más jóvenes o veteranos, recurso habitual cuando se trata de hablar de la influencia, peso y presente de una figura significativa. Esa jugada le confiere a este trabajo algo muy propio del músico, que se ve reforzado con que adquiere en su visualidad, montaje y apartado sonoro las particularidades de la creación de Numan. Los sintetizadores, el maquillaje y la carga original de una obra sombría se apoderan del largometraje, dando lentamente cuenta de la personalidad de un artista enigmático, todavía un completo misterio para muchos.

Una carretera invertida que pasa a toda velocidad es la magnética imagen con la que parte el documental, un viaje que alterna entre el recorrido cronológico por el pasado y, traslado de domicilio a California incluido, la preparación de un nuevo larga duración, una obra que ponga al autor de “Cars” una vez más en primera plana. La transición viene dada por la aparición –a veces un poco abrupta– de una gráfica que indica en qué mes se está y en qué se encuentra el músico, su nuevo álbum y su familia. Parte de lo más apasionante reside en asomarse a lo que hubo detrás de ese joven de rostro pálido y movimientos mecánicos, que puso patas arriba al Reino Unido a finales de los 70 y comienzos de los 80, cuando el punk estaba en el aire. Para entendidos y no tan entendidos, la narración provee suficiente información y cuñas para mantener atento, instalándose como indispensable Gemma, la esposa de Numan, que se adentra en lo más oscuro e insólito de la vida de ambos y la carrera del inglés.

gary-numan-android-in-la-la-land-02“Gary Numan: Android In La La Land” va desmenuzando las capas de la estrella del synthpop, un niño en cuerpo de músico-estrella global de 58 años que entre 1978 y 1986 editó un disco al año, sin darse pausas. Esa figura se va esculpiendo, a pesar de que el armado no sea perfecto, pues la pareja de directores conformada por Steve Read y Rob Alexander saca buen provecho a la apertura total con que contó y desempolva archivo vital. A través del relato que hilvanan se consigue penetrar en que detrás de la imagen mediática hay una máquina creadora, y detrás de ello un ser humano, un esposo y padre, dejándose ver algo entre torcido y recóndito en este artista considerado pionero de la música electrónica. Ese retrato es más bien oblicuo y quizás los realizadores no le dedican toda la atención, pero no deja de provocar admiración; y que el documental siga en su tono –muy uniforme– y no se detenga a estrujar lo más sensible, contrario a ser un defecto, es una decisión estimable, pues lo que ofrece queda como una conclusión que cualquiera puede extraer y no es lanzada en el rostro.

Tal vez lo verdaderamente rizado en esta historia –aunque quizá no lo más novedoso– sea que Gary Numan encarna como pocos los desenfoques en torno a la fama y el éxito. En su caso, mediante la urgencia de que, ya que el estatus de vida es elevadísimo, no queda más que encerrarse a grabar otro registro y aterrarse si no se ha escrito una canción en tres o cuatro años. Con bastante tino, el documental da cuenta del abismo que separa a los humanos de las estrellas, gente con otras preocupaciones, con otros apremios, pero que al mismo tiempo son acosados por fantasmas y sombras con los que cualquiera puede empatizar. Aunque quizás el músico no lo sospeche y no dimensione las repercusiones, su figura ahora parece más cercana y trágica.

Por Gonzalo Valdivia

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