In-Edit Nescafé 2013: “No Habrá Revolución Sin Canción”

Martes, 10 de Diciembre de 2013 | 11:30 am | No hay comentarios
In-Edit Nescafé 2013: “No Habrá Revolución Sin Canción”

Título original: No Habrá Revolución Sin Canción

Director: Mélanie Brun

Duración: 89 minutos

La dictadura chilena intentó barrer con toda manifestación cultural del país. La acorraló, persiguió y oprimió, pero no pudo exterminarla. Lo que sucedió, en cambio, fue que la música popular se fortaleció y fue uno de los refugios de la resistencia. Una de las bases de ese fortalecimiento reside en que el vínculo forjado entre la escena musical y los sectores populares se hizo más estrecho, dado que era uno de los pocos canales donde la lucha social tenía eco. De esta manera, sirvió como móvil del descontento. Al fin y al cabo, la canción como compañero inseparable de los sucesos históricos de un país. De eso se ocupa “No Habrá Revolución Sin Canción”, pieza audiovisual que la francesa Mélanie Brun realizó en su estadía de un año y medio en nuestro país. Interesada en el fenómeno cultural que se dio en Chile durante la dictadura, se decidió por hacer un largometraje que documentara el papel que ha ejercido la música en la evolución social nacional.

Para ello, Brun ubica el eje en los músicos –reconocidos y anónimos-, pero también en la gente común y corriente, que no posee más atractivo que sus testimonios, recuerdos y vivencias. Los artistas proveen al relato de un carácter más contundente e introspectivo, mientras que la gente de a pie, sin más que ofrecer que la memoria, también puede llegar a convertirse en un móvil capaz de revelar un período histórico. La cinta va intercalando con habilidad ambos recursos para ilustrar un fenómeno, atributo que le facilita dar con un carácter didáctico y fácil de seguir por cualquier espectador.

Es cierto que no ofrece material nuevo, es cierto que la forma en que organiza sus piezas está lejos de ser novedosa, es cierto que con temáticas similares se han hecho documentales más sólidos, pero tiene un rasgo diferenciador: el punto de vista del extranjero curioso. Mélanie Brun recorre Chile con una mirada que tiene algo de inocente y otro tanto de desprejuiciada. Eso le otorga un baño agradable que la va compensando ante sus limitaciones.

Y las trabas de la cinta van por el lado de que, por ejemplo, entrega excesivo peso al testimonio de la gente “común”. El recurso puede ser útil para matizar y enriquecer de miradas al documental, pero cuando se abusa de ello, las lagunas del relato crecen. A lo que se suma el que los entrevistados pertenecientes al mundo de la música entregan argumentos muy similares. Por eso mismo es que el relato pierde fluidez y parece algo desaprovechado el formato audiovisual, si se piensa que es una realidad que ha sido mejor explorada incluso en libros.

Con sus triunfos y derrotas, queda clara la reflexión en torno al poder de la música y las múltiples identidades que ha adquirido en momentos claves de este país en los últimos cuarenta años. Los años pasan, las generaciones se suceden, pero hay algo que no se altera: el mensaje exuberante de la música, en especial de aquella que rescata las luchas de los más postergados.

Por Gonzalo Valdivia

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