Ida

Jueves, 12 de Febrero de 2015 | 2:27 am | Comentarios (1)

Título original:

Ida

Dirigida por:

Pawel Pawlikowski

Duración:

82 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik, Jerzy Trela, Adam Szyszkowski, Artur Janusiak, Halina Skoczynska, Mariusz Jakus

Más allá de las nominación de “Ida” a Mejor Película Extranjera en los Oscar 2015 –premios que, sin duda, no siempre reflejan el cine en todo su potencial-, las cintas extranjeras, y especialmente de países que no se encuentran en nuestro espectro común, muchas veces señalan y nos acercan a realidades diferentes, pero con elementos que reúnen ciertas características claves, justamente, en las coyunturas de naciones y pueblos. No es azar entonces que esta cinta, con nombres desconocidos para la mayoría, logre imponerse en la carrera por un premio que, al menos, le podría dar un reconocimiento merecido no sólo a su todo, sino que también para uno de sus rasgos más destacables: su delicada fotografía en blanco y negro, potenciada por el inusual formato 4:3.

IDA 01Situada en Polonia de los 60, Anna (Agata Trzebuchowska), una joven huérfana a punto de tomar sus votos como monja, es obligada a visitar a uno de sus familiares recién encontrados antes de realizar cualquier ceremonia de fe. Es por esto que conoce a su tía Wanda (Agata Kulesza), una jueza con problemas de alcohol y personalidad pícara, que le revela a Anna un importante secreto familiar sobre el paradero de sus padres. Así, ambas se unen con recelo en la búsqueda de la verdad, mientras recorren y recapacitan los propios votos que guían sus vidas.

Como dos faroles negros que iluminan tenuemente un camino también oscuro, los ojos de la protagonista orientan desde el inicio lo que será el devenir de la historia, la que se construye y alza admirablemente atada a la realidad, y que juega a desprenderse de los motivos simples de la imagen humana sin ataduras presuntuosas, a través de una delicada fotografía que cumple un rol más allá de ser el escenario visual. La inconmensurable belleza en escala de grises expone simbolismos y nostalgias puras, que se funden con las personalidades de las dos protagonistas.

IDA 02Esas tomas vastas y llenas de alegorías, que no precisan de elementos extra, componen la simpleza de las escenas y otorgan espacios más que suficientes para la reflexión y exploración de un panorama inundado en el letargo de coyunturas y heridas jamás sanadas, precisamente ligadas al pueblo judío. Ambas actrices llevan sobre sus hombros el peso del relato, que no pierde validez ni por un segundo, y demuestran la complejidad incauta detrás de un guión que prescinde de diálogos extensos y que aniquila la posibilidad de desentenderse de la trama en algún punto.

Tras la inocencia en los ojos de Anna se esconde la inusitada –y devastadora- pérdida del espacio conocido y la constante reflexión interna, tanto positiva como negativa, que resulta de este ejercicio. Y es que de la separación y posterior junta de dos vidas y personalidades completamente diferentes, se desprende una creación prematura que crece con traspiés y de manera lenta por el camino del autoconocimiento.

IDA 03La unión de Anna con su tía llevan a la protagonista a mirar por primera vez a su alrededor, sin juzgar desde una visión obligadamente religiosa: es capaz de ver el mundo desde los ojos juguetones de su tía y descubre parte de ella en la historias de su familia desaparecida, y aprende el sitio que tiene la fe su vida. Esto es lo que precisamente complace la historia contada: la credibilidad y la honestidad con que Trzebuchowska y Kulesza exponen a sus personajes, puramente unidos y exudando emotividad, pero sin quedarse en sensiblerías baratas.

En suma, “Ida” es un relato inteligente con una forma narrativa particularmente bella, que cumple con un ideal ingenuo y que no necesita de grandes componentes para tocar en lo profundo los temas relevantes. Eso, sumado al grandioso y políticamente incorrecto uso de tomas que “cortan” elementos prescindibles, reúnen el potencial dibujado para sorprender desde una nostalgia vacía, también enmarcados en el prodigioso debut actoral de Agata Trzebuchowska. Puede ser que no tenga ese gusto a caldo sabroso de Hollywood, pero es una oportunidad formidable para salir de las esferas ostentosas y maravillarse con lo poderoso que puede llegar a ser la simpleza narrativa.

Por Daniela Pérez

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  1. Gabo Fuentes says:

    Notable comentario, de seguro gana el Oscar. Me tincaba fome como “La cinta blanca” de Haneke, pero ahora la veré.

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