Heredero del Diablo

Jueves, 20 de Marzo de 2014 | 11:30 am | No hay comentarios

Título original:

Devil’s Due

Dirigida por:

Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett

Duración:

104 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Zach Gilford, Allison Miller, Robert Belushi, Kurt Krause, Steffie Grote, Sam Anderson, Sloane Coe, Joseph Fischer, Griff Furst, Catherine Kresge, Douglas M. Griffin, Odessa Sykes, Aimee Carrero, Madison Wolfe

Dentro de los géneros del cine, el terror debe estar entre los más difíciles por lo cerrado de sus elementos (al mismo tiempo, sujetos al paso del tiempo y las modas), y estos suelen minar la coherencia del relato, debiendo lograr que una historia con hechos fuera de lo normal y tangible resulte creíble. Así es como las mejores obras del género suelen irse por el camino del exceso, con el fin de desbordar al espectador, o por el contrario, jugando más por la sutileza y apelando a la paranoia. “Heredero del Diablo” se va decididamente por esta segunda alternativa, pero la termina sobre explotando.

Luego de una extraña luna de miel en República Dominicana, los recién casados Samantha y Zach McCall (Allison Miller y Zach Gilford, respectivamente) comienzan a experimentar problemas de índole cada vez más sobrenatural en torno a la gestación de su primer hijo. Obsesionados con dejar material para su descendencia, la pareja grabó todos los hechos.

La técnica de la cámara en mano en el terror no es ninguna novedad, pero lo que sí logra muy bien con esto la película es replicar la vida cotidiana de la pareja, ya que la veracidad de estas secuencias está muy bien trabajada, logrando que parezcan fácilmente imágenes caseras; incluso da la sensación a ratos de estar viendo aburridas grabaciones de una familia joven, demasiado emocionada por todo lo que les ocurre.

Este relajo extremo funciona perfectamente para contrastar con los momentos de tensión, pero el problema es que estos llegan demasiado tarde, con muy poca frecuencia, y con una brevedad e intensidad mínima. De todas formas, hay un par de tramos que dan en el blanco, ya que están bien insertados dentro de esta cotidianeidad complaciente y relajada. A esto se le suman las tomas, donde no se abusa de la cámara en mano, sino que esta trata de mostrar lo más posible.

Finalmente, a pesar de estar construida en su integridad como una progresión hacia un gran desenlace, cuando este ocurre es breve y poco sorprendente, decepcionando bastante y dejando con la sensación de que tanta sutileza y realismo en las escenas cotidianas no sirvió para nada. Pareciera que la realización se hundió demasiado en el relajo, pero no realizó los contrastes necesarios para balancear y justificar la acción.

Como nota aparte, un enorme error –o derechamente un descaro- de la película, y que podría acarrearle muchos problemas, es que el origen “del mal” es Centroamérica y los antagonistas de raza negra, en oposición a los caucásicos protagonistas norteamericanos. Esta contraposición claramente xenófoba y racista no pasa desapercibida, y resulta absolutamente retrógrada en pleno siglo XXI.

Por Lucas Rodríguez

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