Hasta El Último Hombre

Jueves, 19 de Enero de 2017 | 12:41 am | No hay comentarios

Título original:

Hacksaw Ridge

Dirigida por:

Mel Gibson

Duración:

139 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Andrew Garfield, Sam Worthington, Hugo Weaving, Vince Vaughn, Teresa Palmer, Luke Bracey, Rachel Griffiths, Richard Roxburgh, Matt Nable, Nathaniel Buzolic, Ryan Corr, Goran D. Kleut, Firass Dirani, Milo Gibson, Ben O'Toole, Richard Pyros, Robert Morgan, Dennis Kreusler, Michael Sheasby, Ben Mingay, Damien Thomlinson

Por definición, la objeción de conciencia es un derecho que permite negarse a realizar actos que atenten contra la religión o ética personal, permitiendo dar un paso al costado cuando los intereses impuestos por superiores –en ámbitos como la medicina o lo militar– se comprometen con las creencias. Lo que para algunos puede sonar como cobardía frente a una orden o una salida fácil para una decisión difícil, puede ser ámbito de estudio y admiración cuando la convicción y los valores de una persona son más fuertes que la lógica de las circunstancias.

Así lo sugiere la historia verídica de Desmond Doss, soldado estadounidense que en plena II Guerra Mundial fue el primer objetor condecorado por su valentía, sobreviviendo a un hecho pese a que jamás portó arma alguna en el campo de batalla. A casi 10 años de “Apocalypto” y a 13 del estreno de “The Passion Of The Christ“, Mel Gibson vuelve en gloria a la pantalla grande en la dirección de esta historia basada en un hecho tan extraordinario como interesante, por supuesto contada a través de su crudo y visceral lente.

En la Batalla de Okinawa, uno de los combates más sangrientos de la guerra, el soldado Desmond Doss (Andrew Garfield) ingresa voluntariamente al ejército para formar parte del destacamento médico, pero negándose a siquiera poner las manos sobre un arma y mucho menos preparándose para quitarle la vida a otro ser. Pese a las advertencias de su familia y el acoso de sus superiores y compañeros, Doss está convencido de servir a su país sin ser parte de la violencia.

Si hay un adjetivo que puede describir el cine de Gibson, ese es “brutal”, en su sentido más práctico y material. Sin escrúpulos calculados sobre qué mostrar y por cuánto tiempo, el director sabe cómo producir aversión adictiva a través de herramientas pretenciosas –pero eficaces– para cuestionar hasta los sentimientos más básicos de nuestra naturaleza humana. A través de imágenes impetuosas y violentas que destacan lo efímero de la vida (o que tal vez se burlan de la falsa complejidad de la vida decodificando el fin último de los conflictos entre naciones), se logran secuencias realmente asombrosas que, aunque estén llenas de efectismos, no son vacías, sino que permiten entregar valores adyacentes que van más allá de la importancia del protagonista como ícono de valores patrios o religiosos: antes que todo, fue un hombre en cuyo contexto de vida encontró un camino y un motor para enfrentar el resto de su existencia.

Un excelente Andrew Garfield personifica al héroe de esta cinta, en el que es uno de sus mejores papeles hasta el momento. Mediante sus ojos sentimos su miedo, pero también comprendemos su razonamiento y aprendemos de él, de sus circunstancias de vida y de su seguridad, pese a que como cualquier humano es dubitativo. Garfield trabaja con dedicación la riqueza del guion, acompañado de un excelente reparto que funciona de maravilla.

A pesar de sus extenuantes escenas bélicas, que agotan emocionalmente y objetan la capacidad de asombro o aguante, en ningún momento se siente dilatada sin razón, pues su travesía de dolor se balancea astutamente con los toques familiares y sentimentales de la historia del soldado. De esta manera, el horroroso espectáculo de la guerra en las trincheras –franco, áspero y desolador– es una experiencia que sumerge de lleno al espectador, debido a que sus escenas bélicas son sin lugar a dudas las mejores logradas de esta producción. En este aspecto, entran en juego la cinematografía, sucia pero cálida a la vez, además del gran trabajo entre mezcla y edición de sonido, donde la respiración del protagonista y el hábil uso de los silencios conceden un contexto sombrío y humano que traspasa la fisonomía violenta de la guerra como tal.

Hay quienes acusan a Gibson de sensacionalista, y sí que lo es, pero bajo su presuntuosa manera de dirigir y mostrar las historias encuentra una forma de inyectar motivos y significados precisos. En “Hasta El Último Hombre” hay toda una dinámica detrás del vacío solitario y efectista de las imágenes más sangrientas que producen repulsión –perfeccionadas por el trabajo de arte y efectos especiales–, en cuya evaluación más profunda se encuentran representaciones simbólicas que relacionan lo corpóreo y horroroso de los enfrentamientos con su propio existencialismo.

Siempre con espacios para desarrollar temas espirituales, pero con los toques de realismo cercanos a “Saving Private Ryan” (1998), la historia de Doss se cuenta como una sobre admirable convicción dispuesta a través de un certero film acerca de los principios que nos mueven como humanos. Un relato intenso y dramático, a veces redundante, pero con álgidos momentos de suspenso, crudeza visual y emocional, y sobre todo de valor humano trascendente.

Por Daniela Pérez

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