Following

Viernes, 22 de Junio de 2012 | 11:58 am | No hay comentarios

Título original:

Following

Dirigida por:

Christopher Nolan

Duración:

69 minutos

Año:

1998

Protagonizada por:

Jeremy Theobald, Alex Haw, Lucy Russel, Dick Bradsell, John Nolan

El primer trabajo de un autor es siempre difícil. Como punto de partida de una carrera, exige respetar el espíritu de creación, y sortear paso a paso problemas de diversa índole, relacionados con la inexperiencia, la falta de recursos y el exceso de expectativas. Eso es lo que sucede con “Following”, ópera prima de Christopher Nolan, rodado con la ridícula suma de 6 mil dólares, durante los fines de semana con amigos y actores aficionados.

Antes de Twitter, el concepto de “seguir gente” era mal visto, un síntoma de desequilibrio mental. Es lo que hace El Joven (Jeremy Theobald), quien se obsesiona con la idea de seguir los pasos de transeúntes en Londres, llegando a construir un sistema de reglas para pasar desapercibido. Al romper su regla más importante –no repetir al sujeto-, termina involucrado con Cobb (Alex Haw), y la Rubia (Lucy Russell), personajes que configuran una historia noir clásica de mentiras, engaños y crímenes. Tal como sucede en las historias de este género, nadie es lo que aparenta. El joven personaje asume esa desconfianza, pero, tal como un ratón acercándose a la trampa, llegará un momento en que estará demasiado involucrado para escapar. El protagonista quiere ser escritor, pero aún no lo es. Por esto busca a los demás, los observa y sigue, intentando de una u otra forma vivir aquella existencia ajena. Es el juego del voyerista que lo atrae el peligro y el tabú. Aquí aparece Cobb, uno de los seguidos que comienza a repetir. Este personaje, ladrón de poca monta, deambula como fantasma de casa en casa, revolviendo objetos ajenos. Él lo invita a acompañarlo, a acercarse más y más a aquellos que sigue.

La intención de Cobb es revelar a los moradores –y a nosotros los espectadores- aquello que perdemos frente a los ojos en el tedio de la vida diaria. Cobb busca objetos sin importancia y los lee, robando el recuerdo que reside en ellos. Además, los oculta, cambia de posición o roba, para que esa idea que aloja en ellos se resignifique, tomando un matiz sublime de pérdida y reencuentro. En ese sentido, más que vivir la vida de otros, busca en esos seres pasivos por la vida diaria un asombro, un gesto que los deslumbre.

Uno de los elementos más patentes que cruzan la obra de Nolan es la narración no lineal. Aquí presenciamos una historia donde los efectos anteceden a las causas, donde la acción es anterior a la intención. Por este motivo, ningún personaje tiene escapatoria, ya han cometido el error antes que incluso el espectador intentara advertirlo. En su siguiente filme, “Memento” (2000), Nolan afina esta técnica a niveles magistrales, al configurar un relato que por un lado camina hacia atrás, por otro camina hacia adelante y que termina al medio de la narración cronológica. Quizás su trabajo más tradicional, en ese sentido, son las dos entregas de Batman, aunque él mismo ha confesado que tenía planeada la última escena de la trilogía antes de siquiera comenzar a escribir los guiones de “Batman Begins” (2005) y “The Dark Knight” (2008).

Nolan es uno de los pocos cineastas experimentales que van quedando en el circuito de Hollywood. Más allá de la propuesta 3D o de los efectos digitales –de los cuales siempre ha escapado y renegado-, el director construye filmes donde la técnica cinematográfica está unida a la narración, y hacen imposible pensar que la película “podría ser de otra forma”. En Following lo vemos experimentando, condicionando el trabajo detrás de cámara y el montaje a la narración, y la misma a los vaivenes de un rodaje determinado por actores amateur, locaciones a las cuales se podía acceder de día, y trabajo durante los fines de semana.

Otra idea fuerza que se repite en todo su trabajo es la intención de jugar con la mente del público. Si bien en  “Inception” (2010) esto raya en el paroxismo, en su primera entrega lo vemos anunciar esa premisa: implantar ideas en la cabeza de otros, para confundir y difuminar la delgada línea entre realidad y ficción. Así lo confiesa Cobb (apellido que comparten los personajes en los dos filmes) la primera vez que lo vemos entrar a un departamento. Además, este personaje es, en ese sentido, un prestidigitador que busca con sus pequeños robos sentimentales ocultar a la gente algo que apreciaban, para luego revelarlo con otro espíritu y sentido. Este es el mismo gesto que realizan los magos en “The Prestige” (2006) con los famosos tres pasos de un truco de ilusionismo.

No se puede negar, frente a todo, que esta es la primera película de un director joven, un estudiante de literatura inexperto, que hasta ese momento sólo había rodado cortos con amigos en su tiempo libre. Este aspecto se revela en la mínima duración del metraje y el forzoso desenlace, que impide apreciar un desarrollo más acabado de los personajes en el giro final de la historia. Pese a todo, “Following” cumple con lo que propone y configura un relato asombroso para ser una ópera prima, que deja gusto a poco, múltiples preguntas abiertas, y que experimenta en el formato cinematográfico más que muchos directores anquilosados en su fama y prestigio.

“Todo el mundo tiene una caja” afirma Cobb, un objeto escondido a la vista de todo el mundo, donde guardamos nuestro espíritu, nuestros recuerdos, nuestras ideas. “Following” es esa estructura, herméticamente cerrada, donde Christopher Nolan introdujo sus ideas y obsesiones, antes de embarcarse en el camino de la creación cinematográfica hollywoodense. Y hasta ahora, tanto él como nosotros podemos verificar que sigue firme con sus convicciones y principios artísticos, ante la vorágine de esta fábrica de hacer salchichas llamada industria cinematográfica.

Por Juan Pablo Bravo

Enlace corto:

Comentar

Responder