Fargo

Jueves, 17 de Mayo de 2012 | 4:57 pm | No hay comentarios

Título original:

Fargo

Dirigida por:

Joel Coen

Duración:

98 minutos

Año:

1996

Protagonizada por:

Frances McDormand, William H. Macy, Steve Buscemi, Peter Stormare, Harve Presnell, John Carroll Lynch, Kristin Rudrud

Considerada por algunos como la pieza clave del cine de los Coen y, por otros, como el punto más sobrevalorado de su filmografía, lo que sí resulta innegable es que “Fargo” (1996), la sexta entrega de estos hermanos norteamericanos, emerge hoy en día como una de las obras más representativas de toda su narrativa. Famosos por constituir en sus entregas una mezcla constante entre lo que podríamos denominar como neo noir y el complejo lenguaje de la comedia, cierto es que es en esta cinta, donde se hace más palpable el poder apreciar cómo esta dupla logra conducir a nuevos límites el género de la violencia, al ser capaces no sólo de sumergirse en ella para hacerla aparecer plagada de las más altas dosis de humor negro, sino que además, consiguiendo llevar a la misma a convertirse en un comercial y rotundamente exitoso híbrido.

Jerry Lundegaard (Macy), es un hombre fracasado, de personalidad introvertida y atravesando por serios problemas económicos. Su esposa Jean (Rudrüd), es la hija de un millonario magnate, que se presentará como la única vía de escape, a través de la cual Jerry podrá solucionar su crisis monetaria. Para ello, urdirá un plan consistente en el falso secuestro de su mujer, con el fin de que el padre de ella se decida a pagar la recompensa. Dicho secuestro será llevado a cabo por la dispar dupla compuesta por Carl y Gaear (Buscemi y Stormare, respectivamente), una inusual pareja de criminales que tomará esta misión sin saber toda la avalancha de situaciones que la misma conlleva.

Como es de esperar, y tal como sucede habitualmente en el universo fílmico de los Coen, este plan, en apariencia sencillo, derivará en una serie de desafortunados eventos, entre los que destacará el constante acecho de parte de la ley a la figura de estos maleantes. El personaje de la sheriff Marge, interpretado por la genial Francis McDormand, será en este punto quien tome especial relevancia, al caracterizar a la perfección el papel de una suspicaz y embarazada policía, tras la pista de los hechos de violencia acontecidos en el pueblo de Fargo.

La historia se desarrollará así en medio de una suma de giros y situaciones inesperadas, todas ellas entrecruzadas por el permanente factor de la ironía y en la que los constantes virajes (del thriller a la comedia, del crimen a la ternura) se convertirán en los grandes protagonistas. Las actuaciones, en tanto, absolutamente magistrales, harán también lo suyo, para llevar a este metraje al sitio de gloria que hasta hoy para muchos suele tener.

Visualmente, el uso de planos generales, frecuentes tomas exteriores y la presencia constante de una fotografía gélida, propia del norte de los Estados Unidos, darán cuenta no sólo de lo arraigado que el cine de los Coen está dentro de su propio territorio (para bien o para mal), sino que hablará también acerca de la misma frialdad, o más bien neutralidad, que atraviesa en este metraje el relato propiamente dicho. Así, las decisiones y objetivos de cada personaje, no se verán determinados tanto por temas emocionales o pasionales, sino que responderán más que nada a los intereses personales de cada quién. La concepción de un hombre poniendo en riesgo la vida de su esposa, no resulta entonces aberrante ni cuestionable a los ojos de esta historia, sino que se presenta simplemente como el movimiento necesario para activar todo el artificio cinematográfico.

Esta misma falta de cuestionamientos morales, será también extrapolada al resto de los personajes, conformándose así en esta historia, un escenario en el que nadie resulta ser puramente bueno o malo, y en el que finalmente, la ejemplaridad en la conducta pasa a un segundo plano. La constitución de roles será entonces definida a partir de la figura del absurdo, en una configuración en la que el uso de la caricatura tomará primordial status, y para lo cual los directores nos presentarán una serie de delirantes y patéticos personajes. La aparente torpeza de los mismos será, sin embargo, combinada hábilmente con un guión inteligente, que encuentra su fuerte en los dinámicos giros y certeros diálogos al interior de la cinta, con lo que no será complejo el adentrarnos en un ambivalente y sofisticado universo de parodia.

El cine de los Coen es, ante todo, una suma de ácidas radiografías de todo aquello que resulta intrínsecamente gringo en el cine, una burla al establishment hollywoodense, en la que el delirio de lo absurdo, pasa a ser la mejor arma para ir en contra de la narrativa comúnmente establecida, como lo hace, por ejemplo, el falso/verdadero comentario que nos asegura hallarnos frente a una película basada en una historia real. “Fargo” resulta entonces una buena muestra de todo el leitmotiv del imaginario de estos hermanos y un imperdible, tanto para los seguidores de la dupla, como para todo aquél que comience a adentrarse en este universo coeniano. Una película dinámica e inteligente, que es capaz de mantenernos atento a su trama, pero con la que se corre el riesgo de adentrarse quizás demasiado hondo en las profundas aguas del patetismo y la ridiculez humana. La advertencia ya está hecha y la decisión depende de cuánto humor macabro sea cada uno capaz de soportar.

Por Macarena Bello

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