Everest

Jueves, 1 de Octubre de 2015 | 10:05 am | No hay comentarios

Título original:

Everest

Dirigida por:

Baltasar Kormákur

Duración:

121 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Jason Clarke, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Elizabeth Debicki, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright, Emily Watson, John Hawkes, Clive Standen, Michael Kelly, Martin Henderson, Vanessa Kirby, Thomas Goodman-Hill, Mia Goth

El hombre y sus deseos de conquistar a la naturaleza como un tema siempre sugestivo para transformar en película; más todavía, considerando el amplio espectro de lecturas que se pueden hacer en torno a aquella problemática. Si eso se amplifica sobre el indeleble “basado en hechos reales”, lo más probable es que el producto resultante tenga grandes posibilidades de captar la atención del mayor porcentaje del público. Bajo esta definición, es lógico que un largometraje como “Everest” tenga la capacidad cierta de concentrar las mejores expectativas, entendiendo que la cinta no sólo se debe quedar en la ilusión de una epopeya motivacional que ubica al hombre desafiante con su entorno, sino también se obliga a disponer una historia que ratifica en la experiencia verdadera la plena potestad que tiene la naturaleza sobre el anterior.

EVEREST 01Llegar a la cima del mundo es llegar al tope del monte Everest, cumbre que se empina por los 8.848 metros de altitud. Simbolizado como uno de los puntos terrestres más inaccesibles para el ser humano, la película dirigida por Baltasar Kormákur trata sobre un grupo de alpinistas que se aventura en la búsqueda de la hazaña, cada uno de ellos teniendo distintas motivaciones para hacerlo. Separados en diferentes expediciones, la figura de Rob Hall (Jason Clark) surge como la de un líder transversal, contrastando con la de algunos de sus compañeros, como Scott Fischer (Jake Gyllenhaal) o Beck Weathers (Josh Brolin), que son mucho menos metódicos que él. En el ascenso de todas las escuadras, se irán presentando una serie de inconvenientes que harán replantear el riesgo en algunos. Sin embargo, el mayor problema de todos se producirá en el descenso, cuando una tormenta, que no estaba en los planes de nadie, aparece implacable para poner en serio peligro la vida de los montañistas.

“Everest” introduce en su relato la tragedia sucedida en 1996, cuando 15 personas murieron en una escalada hacia la cima del risco. Así, la cinta dispone sus argumentos en la completa base de los hechos, que hablan de la masificación de la actividad en el monte como la principal responsable de este accidente. Poniendo las múltiples situaciones del contexto en un prólogo que es mucho más largo de lo necesario, el largometraje se asume como uno donde la acción no es lo preponderante; aquí, la proximidad en el fondo de los diálogos y la relación entre los personajes, se van mostrando como las mejores instancias para reflexionar sobre el porqué de cada alpinista: desde el profesor de EVEREST 02una pequeña escuela que toma parte en la aventura simplemente porque puede hacerlo y quiere demostrárselo a sus alumnos, hasta una mujer que ve la culminación de su carrera como excursionista precisamente en la cúspide de esta montaña. Nivelando todos esos arcos dramáticos, que son bastantes por la cantidad de roles que existen, la película se arroja a la tarea de responder a esas interrogantes a través de los sucesos ocurridos en el caso real.

Es el drama por sobre las escenas de mayor vuelo el que posiblemente no sea entendido por el espectador, pues, a pesar de que el título no adhiera a la fórmula tras la que se intenta la espectacularidad a como dé lugar –tan común en las producciones de este tipo-, tampoco es solvente en el equilibrio de los dos géneros. Durante el transcurso del metraje sobrevienen logradas secuencias en las que se maneja muy bien la tensión, pero para poder llegar a ellas hay que pasar por un barro argumental que se encuentra demás, y a veces queda incluso fuera de lugar. Ahora, considerando lo anterior, también se logra transmitir de buena manera cómo es la vida en la montaña, donde todas las dificultades meteorológicas y la propia convivencia de las personas, se van acumulando como problemas exponenciales dado el escenario.

En el otro extremo, la fotografía de “Everest” va construyendo un espectáculo visual que es enorme por varios pasajes. No obstante, el oscilante oscurecido intencional de la imagen va mermando la EVEREST 03prolongación de un lienzo que es mayormente claro, por lo tanto el objetivo del contraste no funciona bien. Por otra parte, el 3D no se alcanza a justificar por la consecuencia de lo último, y porque la acción queda relegada en su gran porción. El muy buen sonido que tiene la cinta no logra redimir los errores en este ítem, del que se esperaría un cien por ciento –pensando en la clase de película que es- y no un ochenta como finalmente es.

Indistintamente de lo que se deba mostrar como la verdad inobjetable tras los hechos reales, “Everest” acusa un golpe muy fuerte al resolver uno de sus conflictos más interesantes de la forma más imprudente posible, restando absoluta credibilidad a la historia del escalador Beck Weathers que, a todas luces, es increíble. A lo anterior, también se suma negativamente la poca implicancia de la figura femenina en el relato, más todavía porque reconocidas actrices, como Keira Knightley o Robin Wright, no son aprovechadas en sus potenciales, haciendo de sus papeles unas piezas totalmente insustanciales para la trama. Todo aquello confirma el vaivén permanente de un film que gusta o aburre sin grises de por medio.

Por Pablo Moya

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