Enemigo Invisible

Jueves, 7 de Abril de 2016 | 11:50 am | No hay comentarios

Título original:

Eye In The Sky

Dirigida por:

Gavin Hood

Duración:

102 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Aaron Paul, Helen Mirren, Alan Rickman, Iain Glen, Barkhad Abdi, Phoebe Fox, Carl Beukes, Richard McCabe, Tyrone Keogh, Babou Ceesay, James Alexander, Lex King, Daniel Fox, John Heffernan, Luke Tyler

No es muy común toparse con una película traída desde EE.UU. que se enlace con el género bélico y que sea más modesta que las luces de su reparto. Claramente los británicos lo saben hacer bastante mejor, y así lo refrenda “Enemigo Invisible”, el séptimo largometraje del sudafricano Gavin Hood, ganador del Oscar por “Tsotsi” (2005). Aun si la cinta no es el derroche de tensión, energía y ambigüedad que su premisa puede ofrecer, hay margen para sacar cuentas favorables y darle algo de frescor a la cartelera que, a falta de lo nuevo de los hermanos Coen –estreno inexplicablemente cancelado–, parece un yermo que sólo transmite desolación.

EYE IN THE SKY 01La coronel Powell (Helen Mirren) encabeza una operación secreta que busca la captura de un grupo de terroristas en Nairobi, Kenia, detrás de la que también están involucrados el Teniente Frank Benson (Alan Rickman) en compañía de un conjunto de otras autoridades; un piloto estadounidense (Aarol Paul), y cerca del lugar de los hechos, un agente encubierto (Barkhad Abdi). La misión cambia su carácter cuando se descubre que el grupo planea un ataque suicida y, peor aún, cuando una niña local se ubica cerca del lugar de los hechos, desarmando todo lo inicialmente previsto.

Suministrando una suave y delgada capa de historia a cada personaje, la cinta presenta sus rasgos de ejercicio calculado y medido, que economiza sus recursos y los pone sólo en función de sus pretensiones. Inicialmente, es abarcado únicamente lo fundamental para atrapar, quedando fuera del cuadro un mayor hincapié en el contexto, porque –y esto sólo irrumpe más tarde– sus dardos examinadores e interrogantes trascienden en el tiempo y no se estacionan en el siglo XXI de la guerra contra el terrorismo.

EYE IN THE SKY 02Luego, la película viene hacerse cargo de lo suyo, sacarle trote a la tirantez implícita de la misión, y ahí es donde se mueve con facilidad, yendo de un lado a otro con pericia; cuatro frentes se reparten la historia y proveen un ángulo e interés diferente, en un filme concentrado menos en lo físico y más en las pequeñas consideraciones que hacen inclinarse a los seres humanos hacia un lado u otro, para decidir, muchas veces, los destinos de la humanidad.

Es atractiva la óptica que concede la película, porque permite amplitud y mantener no sólo al ojo atento, sino que inquietar desde el primer momento con los reales alcances de su historia. Siendo pequeña y directa, contiene  riquezas que incluso la propia cinta desconoce, y llega más lejos como acercamiento fílmico al terrorismo y la lucha de occidente que muchas otras producciones infladas, sin que eso implique que se conduzca por otra vertiente, como hiciera Anton Corbijn con el delicado cine de espionaje en “A Most Wanted Man” (2014).

Como buen profesional, Gavin Hood impone su oficio en la puesta en escena y en la dirección de actores (impecables Mirren y Rickman), prescindiendo de una banda sonora demasiado omnipresente y manipuladora, y ejecutando sin aspavientos el recurso del dron. Sin embargo, debe lidiar con un guión que, por homogenizar en cada frente y concentrar la atención en lo que va opinando uno y otro personaje, termina volviéndose parejo y previsible. Para darle una vuelta a eso, la película inyecta complicaciones, una tras otra, y genera más lejanía que cercanía. No por ello la cinta deja de contener EYE IN THE SKY 03algo muy adictivo, pero se extravía una parte importante de brillo, observándose de ahí en adelante con mayor distancia los dilemas expuestos. Ante el desconocimiento de cómo son realmente los procedimientos de este tipo, queda la duda de si el filme exagera en lo embrollado que se vuelve o derechamente es desmedido en su fidelidad a la realidad. Pero lo claro es que, por darle más cuerda a la tensión en incremento, se pone momentáneamente en jaque la trascendencia de la película.

Es probablemente su final lo que la devuelve a ese estado original, emanado de su premisa, y la transforma en un ejercicio mucho más serio que un entretenimiento que se puede consumir y desechar en un santiamén. Se acuña algo que queda en la retina, se instala una postura, y eso ya es digno de reconocimiento. Si “Ender’s Game” (2013) era un aceptable ejercicio de ciencia ficción, con “Enemigo Invisible” Gavin Hood se pone un escalón más arriba. Tal vez jamás sea un Paul Greengrass o una Kathryn Bigelow, pero su cine está adquiriendo un peso que no se pilla en cada realizador que se atreve con el thriller.

Por Gonzalo Valdivia

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