En Trance

Miércoles, 1 de Mayo de 2013 | 11:00 am | No hay comentarios

Título original:

Trance

Dirigida por:

Danny Boyle

Duración:

101 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

James McAvoy, Vincent Cassel, Rosario Dawson, Tuppence Middleton, Danny Sapani, Wahab Sheikh, Lee Nicholas Harris, Ben Cura, Gioacchino Jim Cuffaro, Hamza Jeetooa

El espectáculo cinematográfico es siempre comparado al ejercicio inconsciente de soñar. Se dice que en la sala oscura compartimos los sueños, y quizás en ese fenómeno está el poder de las imágenes en movimiento: porque podemos emular una experiencia onírica sin sufrir los peligros de lo impredecible, como sucede en los sueños regulares. Sin embargo, a veces en la estructura misma de la narración cinematográfica, o en su construcción expresiva, o en la maestría del director, se puede subvertir esta regla implícita, dando a cada fotograma la posibilidad de hacernos olvidar que estamos despiertos, para sumergirnos en nuestros sueños, anhelos y también pesadillas.

El surrealismo cinematográfico ha explorado estas premisas, siendo Buñuel su carta más reconocible. Con una mezcla de narrativa onírica y expresionismo visual, supo cargar sus montajes de una perturbadora sensación entre la vigilia y el sueño, sin jamás explicitar en el texto cuándo la narración correspondía a lo puramente onírico o a la “realidad”, lo que configuraba una experiencia aún más perturbadora y difícil de abarcar de manera racional.

Danny Boyle, reconocido por sus cintas cargadas al efectismo visual, a veces muy bien justificado, otras veces exagerado, se la juega por borrar cualquier atisbo de certeza en la película “En Trance”. Sólo en el comienzo sabemos, a ciencia cierta, en el lugar donde estamos parados. Simon (James McAvoy) es el encargado de seguridad en una casa de subastas en Londres, acostumbrado a lidiar con sofisticados ladrones interesados en obras de arte que cuestan millones, como con “Las Brujas en el Aire”, obra de Goya que es robada durante uno de los remates. Pero la pandilla liderada por Franck (Vincent Cassell) falla en el botín, acosando por esto a Simon, quien sabe la ubicación de la pintura. Como él no recuerda nada tras el robo, es necesario contratar a Elizabeth (Rosario Dawson), una experta en hipnosis, que irá descubriendo los secretos que esconde la mente de Simon en cada viaje onírico que realicen para dilucidar el paradero de la tela.

El director británico siempre promete expresionismo visual, uso de recursos rebuscados, y un manejo del montaje casi neurótico. Lo complicado para cualquier tipo de propuesta audiovisual es justificar toda esta pirotecnia, entrando en sinergia con un guión que la sustente, como se vio en “127 Hours”. Acá encausa el relato con una voz en off, como preámbulo de lo que vendrá: una trama que sucederá la mayor parte del tiempo dentro de la cabeza de Simon, quien con la ayuda de Elizabeth, buscará la pista que le permita recuperar la valiosa pintura, descubriendo de paso todos los giros ocultos en los recuerdos del personaje.

Evitando explicaciones simples u obvias, “En Trance” se estructura sobre arenas movedizas desde el comienzo al final, en elementos propios del guión y en el uso de recursos estéticos propios del manejo de cámara, iluminación, fotografía o montaje. La puesta en escena está pensada para acentuar, a cada instante, la sensación de que nada es seguro, ningún personaje es lo que parece, y no se debe confiar en ningún momento sobre el carácter del relato. Porque “En Trance” es un viaje de superposiciones narrativas, de niveles y complejidades imposibles de ordenar y mensurar en un sólo visionado.

La magia del cine está en hacernos olvidar la realidad, ese aburrido estado de consciencia que percibimos mientras tenemos los ojos abiertos. Al entrar a una sala oscura, invitamos a los personajes a poblar nuestros sueños, moldearlos y compartirlos, entregando parte de nuestra propia experiencia para construir a voluntad un relato. Las películas a veces no vienen previamente montadas, somos nosotros quienes las cortamos, pegamos y otorgamos sentido, aunque en ocasiones esa construcción sea demasiado absurda; o demasiado racional; o demasiado aterradora. “En Trance” (para no olvidar la película que nos convoca) juega con el texto que la sustenta, disfrazándolo, perdiéndolo y rearmándolo sobre la marcha, cada vez que se despierta de la sesión de hipnosis, que muchas veces ni siquiera posee una señal clara. Es esta su mayor riqueza, la de otorgarnos la posibilidad de rehacerla a cada instante que la volvamos a revisitar.

Por Juan Pablo Bravo

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