En Primera Plana

Jueves, 11 de Febrero de 2016 | 6:10 pm | No hay comentarios

Título original:

Spotlight

Dirigida por:

Tom McCarthy

Duración:

128 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Stanley Tucci, Brian d'Arcy James, Gene Amoroso, Billy Crudup, Elena Wohl, Doug Murray, Sharon McFarlane, Jamey Sheridan, Neal Huff, Robert B. Kennedy, Duane Murray, Brian Chamberlain, Michael Cyril Creighton, Paul Guilfoyle, Michael Countryman

Las historias sobre grupos de gente penetrando en círculos para lograr un propósito, suelen ser terrenos excelentes para analizar las motivaciones de esos personajes, la naturaleza de los dilemas que deben enfrentar, las repercusiones emocionales de quienes empujan para romper el cerco, la validez de los métodos empleados y, más trascendental, la relevancia de alcanzar ese fin último. El director Tom McCarthy se encarga de ennoblecer el clasicismo de Hollywood con su quinta película, una cinta que afronta con una narración impecable un hecho complejo y amplio en repercusiones e involucrados. Concebido con esa génesis, la cinta da con la simpleza y la contundencia de un modo que el cine estadounidense parecía haber extraviado.

SPOTLIGHT 01Situada en 2001, la película arranca con la entrada de un nuevo editor a The Boston Globe, Marty Baron (Liev Schreiber), quien luego de leer una columna de un abogado que acusa al arzobispo de Boston de saber que un cura abusaba de niños y no haber hecho nada al respecto, incita a que Walter “Robby” Robinson (Michael Keaton) y el equipo de investigación que lidera, “Spotlight”, comiencen a seguir de cerca el tema. De ese modo, el pequeño grupo de periodistas dedicados a reportear durante meses antes de publicar, compuesto además por Michael Rezendes (Mark Ruffalo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Brian d’Arcy James), se abocará a investigar a la iglesia y sus redes de pederastia.

En estrecha competencia en la temporada de premios con “The Revenant”, “The Big Short” y “Mad Max: Fury Road”, la cinta de Tom McCarthy, aunque es la más clásica y pequeña de todas ellas, expone algo tan simple como potente: que las buenas historias contadas por buenos narradores son el verdadero corazón de Hollywood, y donde la industria se reconoce a sí misma. Elaborando sobre una historia que a ojos de algunos puede parecer árida, el guión del propio director y Josh Singer se escabulle astutamente entre explicaciones, personajes y datos duros, para hilvanar una narrativa que mantiene cautivo.

SPOTLIGHT 02Es verdad que puede acercarse a contar algo tan poco digerible como lo que relata “Bridge Of Spies” (2015) de Spielberg, pero de su lado tiene algo intrínseco y muy favorable: si bien el grupo de periodistas persigue una historia de dimensiones devastadoras y difícil de encapsular, su propia historia es de por sí apasionante. Si a eso se añade que se encuentra basada en una investigación que ganó el Pulitzer y la revelación remeció a todo un país, y todo está en manos de un cineasta sagaz como McCarthy el asunto no tiene cómo desbandarse. Así, tal como “All The President’s Men” (1976) de Pakula, hace un portentoso uso del material que maneja y garantiza el mantener en vilo.

En un principio, la cantidad de nombres entregada puede abrumar, pero la película paulatinamente va afinando sus clavijas con la inclusión de un pulcro montaje paralelo. No obstante allanar el camino con recursos como ese, la cinta conserva lo propuesto inicialmente: esto es diálogo tras diálogo y acción tras acción, trabajado más finamente conforme la cuerda se tensa y las puertas para el equipo se van cerrando. Con un nervio constante y el disparo incesante de información que podría apuntar al éxito de la investigación, la cinta se hace un bocado irresistible, gozando como buen mérito de no tomar caminos fáciles para hacer más llano y digerible el relato. A su cuerpo también le añade pausas sustanciales, como cuando los personajes de Mark Ruffalo y Stanley Tucci se reúnen en SPOTLIGHT 03un bar y se detienen a observar por medio segundo el asunto desde fuera, por su sangre extranjera, y todo adquiere un carácter aún más devastador.

Todos esos atributos están bastante claros. No está tan claro qué tan contundente e incisiva es en escarbar en las honduras y ecos de lo que está contando. Si bien alude a la ciudad, a la iglesia como institución, hay un carácter de ingenuidad que recorre a los personajes del que la película no puede sacudirse. Mirado desde 2016, cuando ya se han destapado miles de casos en que la iglesia ha sido declarada culpable de ocultar delitos sexuales de sus propios miembros, cuesta compatibilizar con la incredulidad y vacilación que por momentos se manifiesta en su historia. Es una cuestión de sensibilidad, dirán algunos. Puede ser, pero si existe algo despejado de dudas es que la cinta no se cubre las espaldas respecto a la temporalidad y todo lo que ha cambiado la percepción del tema en el mundo. Eso no quita, por supuesto, que siga siendo efectiva en el impacto que provoca, especialmente con las entrevistas y cada episodio en que se les clausuran caminos a los periodistas.

Menos punzante es en cuanto a las repercusiones íntimas y profesionales que muestran sus personajes, pues aunque a medida que la historia progresa va adentrándose en los caracteres de cada uno, no se introduce a plenitud en sus ambigüedades. Lo más lejos que llega es con el personaje de Ruffalo –el más protagonista– y su estallido en la SPOTLIGHT 04oficina de “Spotlight”. Eso se puede explicar en que, audazmente, la película prefiere privilegiar la narración y usar esas vacilaciones y particularidades para hacer un juego de mostrar-ocultar que termina por generar más tensión e intriga. Ahí la cinta no muestra indecisión; todo lo contrario: ante el desafío de contar una historia de estas dimensiones desde una óptica más grupal que personal, prefiere darle espesor y oscuridad al relato, en vez de complejizar a sus personajes y aumentar su riesgo artístico. De ese modo genera más dudas y contribuye en hacer todo más cautivador, pero desperdicia oportunidades, como ahondar aún más en los dilemas del personaje de Keaton, el más complicado moralmente del The Boston Globe. Así se termina por configurar una película moderada en lo formal, pero completamente arrojada en su ímpetu narrativo e interpretativo. No luce como una obra trascendental, pero su meticulosidad, inteligencia y audacia merecen aplausos. Como una “Argo” (2012) menos pop y en el mundo del periodismo, es digna heredera del cine que se dejó de hacer hace más de cuarenta años.

Por Gonzalo Valdivia

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