El Viaje Más Largo

Jueves, 9 de Abril de 2015 | 12:54 am | No hay comentarios

Título original:

The Longest Ride

Dirigida por:

George Tillman Jr.

Duración:

139 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Scott Eastwood, Britt Robertson, Alan Alda, Oona Chaplin, Jack Huston, Melissa Benoist, Lolita Davidovich, Amber Chaney, Lindsey Elizabeth, Brigham McNeely, Tommy Brown, Perry Ball, Mary Austin, Brenda Moss-Clifton, Stephen Mackenzie Brown

Es difícil creer que la predilección del público por la película en lugar del libro vaya a cambiar, mucho más cuando entendemos que somos nosotros mismos quienes tenemos la oportunidad de ser los hacedores de escenarios ficticios a través de nuestra imaginación cuando nos detenemos por una buena novela. Sin embargo, el cine puede llegar a ser un excelente complemento, en la medida que los intereses económicos de productoras y editoriales no primen, y la relación entre los formatos se mantenga sólo a nivel argumental, situando en la forma como se aborda una historia el valor real de la adaptación. Si esto no pasa, es poco lo que se puede hacer por la calidad del trabajo audiovisual.

THE LONGEST RIDE 01Cuando Sophia (Britt Robertson) y Luke (Scott Eastwood) recién se estén conociendo, algo va a cambiar el curso de sus vidas: en medio de la autopista se encuentran con un vehículo chocado, que tiene en su interior a Ira (Alan Alda), un hombre mayor que, al ser rescatado por Luke, le pide también a Sophia que saque una pequeña caja de mimbre desde el interior del auto. Entre Ira y Sophia se empieza a forjar una gran amistad, así él le explica a la joven que la caja contiene todas las cartas que le escribiera al gran amor de su vida cuando estaban juntos. La relación que podría comenzar entre Sophia y Luke, irá haciendo un paralelo con la propia historia de Ira, de quien los jóvenes aprenderán valiosas lecciones.

Décima adaptación cinematográfica de una novela escrita por Nicholas Sparks, autor que a través de su fácil y sencilla forma narrativa, impulsadora de grandes epopeyas de amor contemporáneas en la ficción, como “The Notebook” (1996) o “Dear John” (2006), ha visto cómo el total de su bibliografía (17 libros publicados) ha alcanzado siempre la lista de los bestseller. Con tanto material disponible, podría resultar lógico que más de alguno de estos relatos termine siendo malogrado en la pantalla grande, sin embargo, para pesar –o alegría, depende su perspectiva- del escritor, es el grueso de sus THE LONGEST RIDE 02obras las que han sido devenidas en películas olvidables. En “El Viaje Más Largo” aquella constante sigue presente por medio de un título que se mantiene plano, incluso dentro de los límites que arrastra el romance como resquicio.

Por más atractivo que parezca el ofrecimiento de las dos historias contrastadas temporalmente en la cinta, no existe amago de querer abandonar todos los clichés impuestos por el género, no sólo en su apartado argumentativo, sino que en su aspecto técnico, inclusive. Así, la estructura narrativa del relato pretérito, aleccionador de los hechos en el presente y reflejado en las características de los mismos, hacen del filme una apuesta por la simplicidad de las relaciones entre sus personajes principales, predominando las instancias más exploradas en la historia de Sophia y Luke, desaprovechándose la posibilidad de ahondar de forma más consistente en los recuerdos de Ira. Más allá del intento metafórico –ese que se resiste a ser literal para no apuntar a lo obvio, pero que podría quedar totalmente fuera de lugar- con el que están tratados ciertos pasajes, la mayoría de los giros se pueden advertir con mucha anticipación.

Considerando el último punto, si los diálogos aquí se muestran en el textual de: “Cuando volví de la guerra, no volví a ser el mismo; ahora peleaba una batalla mucho más grande”, o “Te amo tanto que sólo deseo que seas feliz, aunque esa felicidad no me incluya a mí”, la sorpresa de la película debiera THE LONGEST RIDE 03venir por añadidura, no obstante, en “El Viaje Más Largo” no hay nada de aquello; la redundancia en la historia de Luke, por ejemplo, o el gran número de elementos sin asunto, llegan a ser irritantes. De la misma manera, la relación que se muestra entre Ira y Sophia raya en la caricatura, y el catalizador que se ocupa para la fluidez de la cinta, asumido aquí en forma de celestino, extreman el tono edulcorante de un largometraje que ve en esta fórmula sus principales y erradas fortalezas.

Como suele pasar en la mirada del lenguaje fílmico sobre el romanticismo, la fotografía es uno de los lugares que más destaca en los títulos que por ese estilo se mueven; lastimosamente, en “El Viaje Más Largo”, a pesar de ser este aspecto uno de sus fuertes (si es que existiera alguno más), se ve completamente disminuido por la ausencia de un ítem donde el filme pueda afirmar un planteamiento distintivo, un espacio donde pueda desarrollar su propia identidad. Esta vez, ir al cine no es necesario.

Por Pablo Moya

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