El Verano de los Peces Voladores

Jueves, 28 de Agosto de 2014 | 11:04 am | No hay comentarios

Título original:

El Verano de los Peces Voladores

Dirigida por:

Marcela Said

Duración:

95 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Gregory Cohen, Francisca Walker, María Izquierdo, Emilia Lara, Bastián Bodenhöfer, Carlos Cayuqueo, Roberto Cayuqueo, Guillermo Lorca

Que una película enfrasque dentro de sí temas actuales y cercanos acerca de conflictos que van más allá de las opiniones propias, supone una mirada final generalmente polémica o, al menos, un logro al llamar la atención y dejar un espacio abierto para una reflexión posterior. Funciona mucho mejor cuando la ficción logra conectarse con la realidad, presentando esquemas fuertes en cuanto a la ideología partidaria o elegida, por el simple hecho de que, subjetivamente, es imposible EL VERANO DE LOS PECES VOLADORES 01desentenderse totalmente de tomar uno u otro bando. Estampado a través del llamado conflicto mapuche, “El Verano De Los Peces Voladores”, cinta escrita y dirigida por Marcela Said, quien hace su debut en la ficción, intenta tomar intrínsecamente un bando, pero con la gracia (o desgracia) de que está mirada austeramente desde el otro.

Manena Ovalle (Francisca Walker), una adolescente curiosa e impasible proveniente de una familia acaudalada, pasa las vacaciones de verano junto a algunos parientes en las plácidas instalaciones termales que sus padres Pancho (Gregory Cohen) y Teresa (María Izquierdo) tienen en tierras araucanas. La joven, de por sí en una etapa de autodescubrimiento, comienza a fijarse cómo se encuentra dentro de un ambiente de tensión comunitaria, tanto amoroso y familiar, como cultural. Las diferentes personalidades de cada integrante de su vida comienzan a desentenderse de su mundo, mientras absorbe nuevas convicciones gracias a su amistad con Pedro (Roberto Cayuqueo), uno de los trabajadores mapuche de su padre.

EL VERANO DE LOS PECES VOLADORES 02Con una estética especialmente limpia y cuidada, que oscila entre la calma y el letargo, gradualmente nos trasformamos en un acompañante más en la mesa y en el quehacer de la familia Ovalle. Pero así como en un principio nos acercamos sin problemas, pronto se nos va distanciando intencionalmente. Partiendo por el tratamiento de los arquetipos representados de las familias pudientes, ricas en algunos aspectos, pero que carecen de sabiduría y son ignorantes respecto de los temas en palestra. Luego, la desconexión total de una línea narrativa clara termina por apartarnos en su totalidad de todo aquel intento de conseguir movernos con lo que se muestra. A pesar de todo, es un relato inofensivo, con aguijones demasiado cortos como para producir algún tipo de herida.

Porque, si bien por un lado nos cautivamos con los parajes recónditos y hermosos del sur de Chile –una de las cosas mejor logradas en la película- y con todo el misterio que guardan en sí, esa molesta distancia creada impide apreciar desde una perspectiva amplia y sin tapujos el importante conflicto principal que se pretende mostrar. La motivación de ser un cine reflexivo, se acerca más a la idea de documental cotidiano e idealizado que a una ficción intensa y dinámica. Hay menos acción de la esperada y excesiva contemplación vaga per se.

Ningún personaje ni actuación reluce por sí sola, ni son capaces de saltar el limbo de la mediocridad convencional. La manifiesta insuficiencia, tanto en guión como en línea narrativa, nuevamente le pasa la cuenta a cada sujeto y protagonista. Esto se percibe principalmente en el desgano no sólo de los EL VERANO DE LOS PECES VOLADORES 03diálogos, sino que también en la ambigüedad de sus diseños dramáticos. Si bien vale destacar que varios de los actores que representan personajes mapuche realmente lo son, esto se pierde con lo simplista del relato y con la mirada esencialmente sesgada, que termina por minimizar los problemas y los personajes de la contraparte.

El remate final se queda demasiado tiempo en la forma, y el fondo es pobremente explotado. Los lazos que unen la realidad con la ficción se cortan tan rápidamente como se intentan redimir, y la profundización de emergencia termina por liquidar la idea accionaria que podría tener esta cinta, básicamente porque somos meros espectadores de un conflicto que, lamentablemente, no alcanza a llegar, ya que la vaguedad de los argumentos, la imagen de la familia burguesa y el vaivén inagotable de la conceptualización insinuada del problema, no nos permiten, desgraciadamente, sentirnos parte real de este.

Por Daniela Pérez

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