El Pulso

Jueves, 7 de Julio de 2016 | 9:56 am | No hay comentarios

Título original:

Cell

Dirigida por:

Tod Williams

Duración:

98 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

John Cusack, Samuel L. Jackson, Isabelle Fuhrman, Stacy Keach, Lloyd Kaufman, Griffin Freeman, E. Roger Mitchell, Alex Ter Avest, Clark Sarullo, Wilbur Fitzgerald, Rey Hernandez, Catherine Dyer, Elizabeth Davidovich, Abbey Ferrell, Angela Davis

Al parecer, los niveles de absurdo varían dependiendo de quién es el responsable. Porque si ha sido el maestro del terror Stephen King, entonces una idea irrisoria es dotada de significancia a la fuerza. La riqueza yace en el subtexto, desde luego, por lo que atreverse a juzgar es básicamente delatar la falta de comprensión y es entonces culpa de uno. No es como que el uso del concepto del muerto viviente como metaforización de una sociedad dopada por el consumismo, individualismo y tecnología, sea CELL 01antiguo. Basta con que la idea la agarre un pez gordo y ya es rupturista.

El novelista gráfico Clayton Riddell (John Cusack) acaba de llegar a Boston para celebrar con su familia la venta de derechos de su último trabajo, cuando se desencadena un terrorífico fenómeno: frente a sus ojos, la gente se transforma en zombies. Causada por la señal de celular, la peste es bautizada como “el pulso” y amenazará con llevar al apocalipsis.

El guión es adaptado en parte por el mismo King, de su best-seller de 2006 “Cell”, escritor icónico del género que con justicia se ha ganado el trono, pero que sigue siendo un ser humano defectuoso. Especialmente ambicioso, prestando por milésima vez una obra suya para ser proyectada en pantalla grande a cambio de una cifra rica en ceros, lo que es comprensible. Lo que no lo es tanto es que una película tan malograda haya sido aprobada: se pensaría que, con semejante puñado de clásicos del cine inspirados en sus creaciones, el estadounidense contaría con una capacidad selectiva más afilada. En vez de ello, acá se entrega un error de hora y media, donde John Cusack y Samuel L. Jackson se repiten el plato tras CELL 021408” (2007) como dupla protagónica. Malas decisiones que arrancan desde ahí, dada una desabrida química entre los actores y equivalentes desempeños individuales. Un aire de conformismo los envuelve a ambos, una especie de auto-consciencia de sus estatus que los ilustra apenas decentes (al menos Jackson, pues hasta un amateur brinda una actuación más convincente que Cusack). La ley del mínimo esfuerzo para justificar el sueldazo impera.

Los créditos iniciales acaban de completarse, recién uno se acomoda en el asiento y el conflicto explota sin más. Improbable que el shock cale hondo si no se ha sido preparado para ello, a menos que la idea sea delegarle la responsabilidad al espectador, forzándolo a impactarse. Es cierto que la autosugestión es importante en la experiencia del terror, pero va de la mano de un tratamiento que estimule los sentidos. Al darse cuenta que todavía resta la mayoría del metraje, surge la interrogante: ¿qué pasa ahora, cuando el caos ya se ha desatado y el mínimo asomo de susto desapareció?

Desde ahí, una historia que se arrastra y que obliga a interesarse por cuenta propia, porque la misma no se molesta en ofrecer un material sólido. El director Tod Williams delata su falta de tacto, incapaz CELL 03de manejar el ritmo, fallando en inspirar a los actores, permitiendo que el relato se diluya y coquetee con cobrar fuerza hacia el clímax sólo para culminar en un final incomprensible. Incluso el departamento de maquillaje cumple a medias, dando vida a unos zombies fastidiosos, asunto que contrasta con el deficiente trabajo dramático de los extras que se ponen en sus zapatos: de caras hilarantes, Williams olvidó recordarles que se supone que dan miedo.

Se reitera majaderamente, a través de la imagen y el sonido, que es una metáfora del teléfono móvil como elemento dopante de la sociedad contemporánea, con la falta de sutileza principal dentro de un trabajo que en lo global no es sutil. Ya que el mensaje se capta enseguida, se extraña la búsqueda de una distracción que ofrezca una vuelta a la hipótesis. Por más que sea la esperada adaptación fílmica de un éxito literario, sigue siendo torpe en la superficie y en el concepto, transformándose en la prueba de que grandes nombres no siempre aseguran calidad.

Por María José Álvarez

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