El Prodigio

Miércoles, 5 de Diciembre de 2012 | 2:13 pm | No hay comentarios

Título original:

Mao's Last Dancer

Dirigida por:

Bruce Beresford

Duración:

117 minutos

Año:

2009

Protagonizada por:

Bruce Greenwood, Kyle MacLachlan, Amanda Schull, Joan Chen, Chi Cao, Alice Parkinson

Se tiende a pensar que cualquier producción biográfica o histórica contiene un valor intrínseco que la hace escapar de la crítica y que, finalmente, la convierte en una obra digna de ser vista. La frase “basado en una historia real”, predispone a los espectadores a anular, de cierta forma, la capacidad de discernir si lo que se presencia es valioso como obra de arte, teniendo una justificación por el solo hecho de inspirarse en la sobrevalorada “realidad”. Este fenómeno se refleja en la predilección que tiene la industria norteamericana a llenar de galardones a cualquier producto donde se retrate la vida de prohombres o de gente común, que frente a las circunstancias de la existencia, han realizado actos destacables. Lo que nuevamente se deja de lado es un concepto que este redactor ha repetido hasta el perogrullo: la realidad es un medio, no un fin en sí mismo. Por eso, sólo los grandes maestros del cine han logrado trascender con cintas biográficas, en donde muchas veces las licencias narrativas o expresivas terminan por desdibujar el auténtico pasar de los involucrados. Para todas las demás, queda un espacio en la programación del cable en canales que nadie ve. Quizás este era el destino más lógico para “El Prodigio”, película australiana de 2009, basada en el libro autobiográfico “Mao’s Last Dancer”, y que llega esta semana a la cartelera chilena.

Estamos en el año 1981, y la vida de Li Cunxin (Chi Cao) cambia radicalmente cuando se abre la posibilidad de perfeccionar su arte y técnica al viajar a Estados Unidos, donde recibirá clases de danza en el Ballet de Houston. Sin embargo, aunque la muerte de Mao ha posibilitado una apertura cultural impensada en el comienzo de la revolución, Li deberá resistir a las tentaciones del capitalismo y mantener el espíritu comunista. El conflicto se presentará cuando el bailarín se convenza que el Partido Comunista Chino anula la posibilidad de superarse como artista, y comience a albergar la idea de quedarse en Norteamérica.

El relato parte del arribo de Li a Estados Unidos y plantea dos líneas temporales: su infancia y adolescencia en China; y cómo este deberá aprender y lidiar con la cultura capitalista, junto al desarrollo de su carrera en la danza. La película se narra de forma simple, sin mayor sorpresa. Incluso la referencia que se hace a otro bailarín, Mijaíl Baryshnikov, anticipa el conflicto y su resolución. La primera gran falla está precisamente en eso, porque no hay nada más interesante que justifique la narración. Ni el choque de culturas, ni la incapacidad de Li para traducir algunos códigos norteamericanos y capitalistas, ni el romance, son significativos, y pasan a ser meras anécdotas.

Más allá de la misma historia, que en el papel puede sonar esperanzadora o digna de relatarse, el cine como arte y medio expresivo requiere una adaptación inteligente de los elementos que se quieran entregar en el metraje. El paralelo que se hace de la vida de Li, entre la pobreza y superación a través del trabajo en China o la libertad artística y personal en Estados Unidos, no encuentra en ningún instante su equivalente en lo que observamos. Por eso lo que finalmente se ve, más que una historia valiosa o destacable, se vuelve de una intrascendencia tal, que impide lograr algún tipo de empatía. Más que estar presenciando cine, a ratos lo que parece “El Prodigio” es un telefilm correctamente ejecutado, pero sin pretensiones más allá de lo puramente efectista.

Finalmente, no queda nada que rescatar del visionado de esta película. No porque los conceptos no estén presentes, que como se ha mencionado refieren al choque de culturas, a los conflictos ideológicos y cómo estos afectan a la creación artística. Lo lamentable es que, aunque estén, no presentan ninguna novedad, o plantean una inocencia tal, que incluso hace pensar que esta cinta fue rodada hace dos décadas. Por eso la sensación de estar ante una película baladí, atrasada en su tiempo, que viene a reabrir una discusión que fue zanjada hace bastantes años, y que sin una mirada fresca o actual, ni siquiera justifica su visionado.

Por Juan Pablo Bravo

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