El Príncipe Inca

Jueves, 8 de septiembre de 2016 | 10:44 am | No hay comentarios

Título original:

El Príncipe Inca

Dirigida por:

Ana María Hurtado

Duración:

81 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Documental

El cine indígena latinoamericano comienza a expandirse más allá de las pequeñas salas para instalarse cada vez con más fuerza dentro de los grandes circuitos cinematográficos. Un paso importante en este camino fue la llegada a la ceremonia de los Oscar de la colombiana “El Abrazo De La Serpiente” (2015), la que a la fecha no se ha estrenado en salas chilenas, a pesar de que ha recorrido el mundo dando cuenta de la riqueza cultural que reside en las culturas indígenas de Latinoamérica. Este es el contexto que abraza “El Príncipe Inca”, recientemente estrenada en la última edición de SANFIC y que, de alguna forma, busca aportar al viaje de conciliación con las raíces amerindias de esta tierra innegablemente mestiza.

el-principe-inca-01Para ello, “El Príncipe Inca” relata el viaje del artista visual Felipe Cusicanqui, a través de los Andes bolivianos en busca de su propia historia familiar, guiado por los escuetos relatos de su abuelo, quien afirmaba eran descendientes del gobernador inca Tupac Yupanqui. En su viaje, Felipe se encontrará de golpe con la realidad de la frontera boliviana, pequeños poblados rurales descendientes de quechuas y aymaras, evidenciando que poco y nada queda del supuesto reino del que sus ancestros eran soberanos.

Y es ante esta realidad, predominante dentro del relato de la cinta, a la que el protagonista pareciera ser mínimamente resiliente, dando cuenta de una sensación constante de encontrarse perdido en una realidad muy diferente a la que imaginó, a la que tampoco demuestra facilidad en adaptarse o siquiera interés por conocer este mundo tan distante. Es así como esta tensión finalmente se resuelve presentando la clásica versión caricaturezca del indígena como aquel ser exótico, algo incivilizado, con esas costumbres tan rudimentarias y actuar inexplicable, sin ahondar más allá en su historia y su el-principe-inca-02pensamiento, su forma de entender el mundo. En este sentido, “El Príncipe Inca” queda marcada por la personalidad de su protagonista: ingenuo y apático, con un acercamiento muy superficial al mundo en que ingresa, pero también muy falto de curiosidad por conocer de verdad la riqueza que reside en la diferencia.

Esta forma de acercamiento es coherente con su lenguaje fotográfico, donde la baja saturación de colores presenta al desierto boliviano como un lugar gris y homogéneo, inhóspito, ajeno, pese a la calidez con que sus habitantes reciben a Felipe en el transcurso de su viaje. Y si bien cada forma de retratar un paisaje es válida en tanto responde a una visión personal del mismo, en “El Príncipe Inca” esto pareciera responder más a un desconocimiento del paisaje, a una incapacidad de comprender las diferentes luces y de ver la variedad en la paleta de marrones que componen el desierto, los colores de su gente y la vida que hay en él. Nuevamente, se construye un relato distante, ajeno, casi indiferente.

En este sentido, la búsqueda de Felipe Cusicanqui por la historia de sus antepasados podría estar pecando de ir sólo detrás de sus títulos nobiliarios, de conocer su poderío y su reino, el cual –como él el-principe-inca-03mismo reflexiona en la cinta– ya no existe. Una búsqueda infructuosa que tampoco se aborda correctamente desde el guión, el que pareciera ser inexistente o demasiado vago, cargando en el protagonista la responsabilidad plena de llevar a cabo un buen relato, tarea de la que finalmente parecieran desentenderse todas las entidades involucradas, dando como resultado una narración trivial, carente de contenido, donde lamentablemente se desaprovecha el potencial de abordar una amplia gama de temas y reflexiones.

Es así como “El Príncipe Inca” se queda corta en lo que propone; el viaje hacia los orígenes queda reducido a algunas conversaciones anecdóticas y las reflexiones acerca del pasado multicultural parecen no llegar a ninguna conclusión, dejando la sensación de que la odisea vivida ha sido algo en vano. Al situarla dentro del contexto del cine latinoamericano de temática indígena, lamentablemente se queda como un escaso aporte dentro de un género cada vez más propositivo que, poco a poco, se plantea con prestancia. Aquella otorgada por el sumo valor de poseer una identidad propia, única, mestiza, orgullosa de toda esa diversidad que compone a la América Latina.

Por Evelyn Munzenmayer

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