El Poder de la Moda

Miércoles, 12 de octubre de 2016 | 11:03 pm | No hay comentarios

Título original:

The Dressmaker

Dirigida por:

Jocelyn Moorhouse

Duración:

119 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Kate Winslet, Judy Davis, Liam Hemsworth, Hugo Weaving, Sarah Snook, Sacha Horler, Caroline Goodall, James Mackay, Kerry Fox, Alison Whyte, Barry Otto, Julia Blake, Rebecca Gibney, Shane Jacobson, Genevieve Lemon, Shane Black, Shane Bourne, Hayley Magnus

¿Qué impulsaría a una mujer bella y exitosa a marcharse de las luces de París para volver a las sombras del agujero de donde proviene, si no es la urgente necesidad por encontrar su paz interior? Redimirse y reconciliarse, motivaciones siempre vigentes, trascendentes al contexto. La sangre tira y el dicho aplica por encima de cualquier refinamiento y realización profesional, argumento base para una historia que entremezcla el diseño de vestuario, la muerte de un chico y una jocosidad a instantes histérica con tal de darle forma.

the-dressmaker-01Basta con el abrupto regreso de Myrtle “Tilly” Dunnage (Kate Winslet) para que el pueblito australiano de Dungatar se revolucione por completo. Convertida en una fabulosa diseñadora de modas, Tilly se vengará de aquellos que la desterraron tras protagonizar un supuesto homicidio.

Es tentador entusiasmarse con una película que arranca con una divina Kate Winslet retornando en gloria y majestad a su pueblo natal en plan vendetta, no obstante, es inexorable poner los pies en la tierra y aceptar que seguramente es de esas producciones que recurren a estrellas de grueso calibre como único salvavidas. La verdad es que la propuesta es un híbrido entre ambos puntos de vista que se inclina hacia la primera observación, porque si bien Winslet nunca decepciona, sus compañeros de reparto –incluso el cara bonita de Liam Hemsworth– la acompañan en su alto nivel.

De híbrido sigue teniendo un poco, eso sí, dotada de imperfecciones e inestabilidades que amenazan con sentenciarla como desastre a secas en vez de desastre adorable. Es que pareciera nunca empezar, de forma oficial. El arribo de Tilly desencadena el relato, se entiende, pero obviamente ocurre demasiado temprano, ella se instala en su vieja casa junto a su madre y entonces la trama se estanca. Personajes secundarios se introducen, dramáticos flashbacks de un homicidio van y vienen, el interés the-dressmaker-02romántico asoma sus narices, y uno que todavía aguarda que la película comience en serio. Lamentablemente, no lo hace nunca.

A pesar de su accidentado ritmo, el film es divertido. No en términos de hilaridad per se, sino en esa atmósfera medio irrisoria medio surrealista que la envuelve, que evoca un tanto al humor que puede ofrecer un Tim Burton inspirado. Dungatar es presentado como un pueblo ridículo, de una falsedad casi ingenua, infantil, pero como todo cuento de niños esconde una lectura siniestra de la cual la protagonista es víctima. Tilly proclama estar maldita, cuando en realidad la maldición yace en el pueblo que existe sumido en el odio, la desconfianza y el conservadurismo, intoxicándola a ella. Cuando Tilly se da cuenta de esto es que los ribetes se tornan más oscuros, sin perder el ritmo que adaptó al segundo tercio del metraje.

Aquella frescura y pequeñas vueltas de tuerca mantienen la cinta interesante, entretenida, una caja de sorpresas cuyo desorden pasa a segundo plano. Todo ese vasto material a mano, estilo pueblo chico infierno grande, daba para una adaptación a mini serie, que habría sido mucho más provechoso. Así, the-dressmaker-03el arco de Tilly, su madre, el policía y el resto, habría tenido el tiempo suficiente para desarrollarse del todo, así como las subtramas entre personajes, ya que, a pesar de durar dos horas, no se alcanza a profundizar demasiado. Lástima, porque son elementos que, seductores, merecían más paciencia. Aquel atractivo igualmente alcanza a servir como punto a favor, pues están ejecutados con tremenda gracia por sus respectivos intérpretes.

Como un menú sobrecargado y sin cohesión entre platos, pero de todas formas rico: “El Poder De La Moda” será la extensa adaptación de una novela, torpe en su ejecución, desorientada y desorganizada a ratos, no del todo virtuosa en su balance del absurdo, sin embargo, innegable en su encanto. Y en eso influye su buena dosis de humor, grandes actuaciones de todo el reparto y en cómo empatizamos con la revancha de la desgraciada protagonista. La última adición a la lista de placeres culpables.

Por María José Álvarez

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