El Nombre

Jueves, 19 de Noviembre de 2015 | 9:28 am | No hay comentarios

Título original:

El Nombre

Dirigida por:

Cristóbal Valderrama

Duración:

72 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Nicolás Saavedra, Erto Pantoja, Eduardo Barril, Paula Zúñiga

Convertirse en otro, cambiar de piel, alterar el nombre e intentar partir de cero, ¿se puede? Si la literatura y el cine nos ha enseñado algo, entre muchísimas cosas, es que no. Los vestigios persisten, los hábitos se mantienen y las piedras vuelven a aparecer para de nuevo tropezar con ellas. “El Nombre” no plantea una tesis diferente, pero sí quiere mostrar qué ocurre en ese proceso de modo distinto, ya sea cuáles errores se repiten, así como nuestras viejas costumbres que nos quisieron hacer huir, reaparecen bajo los mismos patrones. Cosas que la nueva película de Cristóbal Valderrama consigue, entre otras cosas, a través de la elección de una forma diferente de narrar: por medio de fotografías que arman el relato. Esto no sólo será un intento innovador para hacer películas, sino que uno, sobre todo, de contar mejor las vicisitudes de un cambio de nombre e identidad.

EL NOMBRE 01Santiago Herrera (Nicolás Saavedra) acaba de salir de la cárcel sin muchas expectativas laborales, por ello decide participar de un robo, sin embargo, este no sale como se planeaba. Luego de casi ser atrapado por culpa de su compañero de faena (Erto Pantoja), Santiago querrá ajustar cuentas, pero las cosas sólo empeorarán. Es por ello que decidirá emigrar hacia Santiago, en cuyo trayecto se encontrará con un hombre (Eduardo Barril) que le dará las pistas para intentar comenzar de nuevo, donde cambiar de nombre será un requisito esencial para salir a flote.

Transformarse en otro no es fácil, tampoco narrar cómo esto ocurre, menos cuando este ha sido un tópico tan ampliamente formulado en la narrativa, y que exige innovar, ya sea con un protagonista o con giros inesperados que logren captar la atención del espectador. En el caso de “El Nombre” la decisión pasa por cómo contar la historia, y donde Valderrama ha escogido las fotografías que se pliegan y se disponen en la pantalla para mostrar su transcurso. Pese a ser una historia sencilla –joven reincidente huye y se cambia el nombre para no ser atrapado-, no por ello es menos densa, al punto de casi no ofrecer minutos de distensión, pero sin ser arbitrariamente trágica. Puesto que el director de “Malta Con Huevo” (2007) ha sabido contar una historia, que fácilmente podría decantarse por imágenes estereotipadas, de un modo más astuto y, si se quiere, realista, donde los personajes y acciones no funcionan gratuitamente. De este modo, el protagonista que acaba de salir de la cárcel no EL NOMBRE 02se definirá inmediatamente a reincidir, sino que lo hará luego de circunstancias que lo inviten a tal; y en la que cambiar de identidad ha sido un proceso caracterizado por las dudas de otros, donde el personaje principal repetirá viejas pautas e inseguridades que ya una vez lo hicieron escapar.

Vale la pena también referirse a la construcción y elección de espacios de la cinta, las que se han alejado de figuras estandarizadas por otras más ajustadas a realidades locales, donde las poblaciones no se caen tan a pedazos o donde las fugas resultan mucho menos entretenidas y glamorosas que lo usual. Punto extra por usar un lenguaje sin acentos excesivamente marcados y de exclusiva agresividad, ya que también hay momentos para el silencio y temas coloquiales, produciendo que el relato de “El Nombre” parezca una historia que ya alguna vez habíamos escuchado o leído, pero sin la escabrosidad o morbo de la crónica roja.

Por otro lado, las elecciones estéticas complejizan y texturizan el relato; el uso de fotografías y no de una continuidad cinematográfica, pareciera obedecer no sólo al simple deseo de presentar una novedad, sino de asemejarse a la reconstrucción memorística de los hechos, en los que estos no EL NOMBRE 03duran lo que señala el tiempo cronológico, sino que se convierten en segundos  eternos, como cuando el protagonista ve a su ex con otro. La cinta tiene el mérito además de ser mezclada hábilmente con la narrativa en voz de Eduardo Barril, la que, con un estilo literario, sostiene el ambiente de incertidumbre y en la que las actuaciones se develan en cada fotografía, donde, careciendo de movimiento, el suspenso de los gestos es suficiente para traspasar las emociones de los personajes.

Finalmente, hay que señalar que, aunque es posible que entre el numeroso arribo de películas chilenas a los cines “El Nombre” no goce de suficiente espacio y tiempo en cartelera que merece, es una película que posee varias cualidades que invitan a verla. Por un lado, el haber escogido un tema habitual, pero con una narración y escenario sin exageraciones ni concesiones, y por otro, añadir un estilo de narrativa enriquecedor e innovador. Así, pese a que el protagonista de esta cinta no abandona viejas pautas de su verdadera identidad, su director y su equipo sí alcanzan a expresar un antiguo conflicto de un modo diferente, e incluso mucho más realista de lo que suele ser.

Por Javiera Quiroga

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