El Niño

Jueves, 4 de Febrero de 2016 | 12:44 pm | No hay comentarios

Título original:

The Boy

Dirigida por:

William Brent Bell

Duración:

97 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Lauren Cohan, Rupert Evans, Ben Robson, Diana Hardcastle, Jim Norton, James Russell, Jett Klyne

Desembarcan, sacan su botín y se retiran sin dejar huella. Así podría resumirse el andar de las películas de terror por los cines en los últimos lustros, en que han caído en la elaboración desproporcionada y sin alma, tal como el resto de los géneros abocados por naturaleza a lo comercial. En sus amenazantes títulos llevan “infierno”, “diablo”, “demonio” y, por supuesto, “terror”, sucediéndose sin dejar más que migajas para el análisis. Casualidad o no, justamente una cinta a la que no le toca cargar con un título grotescamente obvio respecto al género en el que se enmarca, al menos muestra intentos de escapar de eso y ser algo más que otra infame representante.

THE BOY 01Huyendo de una relación pesadillesca, Greta (Lauren Cohan) abandona Estados Unidos para intentar encontrar tranquilidad en un retirado pueblo inglés, asumiendo un trabajo que luce de lo más normal: hacer de niñera de Brahm, el supuesto hijo pequeño de los ya mayores señor y señora Heelshire (Jim Norton y Diana Hardcastle). Sólo al arribar a la antigua mansión se entera de que ha sido contratada para encargarse de los cuidados de un muñeco de porcelana del tamaño de un niño, al que los ancianos tratan como si fuera de carne y hueso. Si bien ante tal perturbadora sorpresa Greta acepta, su desconcierto pasará a otro nivel cuando el matrimonio revele que debe salir, quedando sola con Brahm y una larga lista de indicaciones que debe seguir al pie de la letra, como despertarlo y alimentarlo.

A poco de iniciada la película se aclara el porqué de la presencia del muñeco y el trato que recibe éste de parte de sus “padres”, lo que podría lucir como una torpe zancadilla que la propia cinta se hace, como un autogol si la intención clara es poner un manto de intriga. Pero, tal vez, esa jugada más que encarnar eso sea un paso obligado a modo de THE BOY 02justificar lo irrisorio de la premisa, que inicialmente es expuesta en todo su disparate. Lo que luego propone el director William Brent Bell, sin embargo, merece al menos una cuota mínima de atención. Su elaboración descansa en el thriller psicológico, haciendo uso de todos esos artilugios y mañas propias de un género que no quiere extinguirse ni tampoco renovarse.

Brent, quien viene de ejecutar propuestas mucho más directas y cercanas al gore –“Devil Inside” (2012) y “Wer” (2013)–, hace esfuerzos por empujar el género en otra dirección, partiendo por trazar progresivamente un paralelo entre el pasado reciente de la protagonista y el infierno que empieza a vivir en esa casa (como siempre, antigua, enorme, terrorífica). Un esbozo de una bienvenida aspiración de dejar todo en el mundo de lo que podría eventualmente pasar o estar ocurriendo, alejando la intriga del muñeco, y así apostar por generar atmósferas y jugar con cuándo y cuánto mostrar.

Eso en el grueso de la película sólo queda como un intento, porque el susto tras susto se impone finalmente y porque los recursos que emplea para expresar que Greta está perdiendo la razón están mediocremente utilizados –lo que, curiosamente, no pasa con los instrumentos que saca del maletín para hacer saltar del asiento a la galería–. El THE BOY 03director se termina refugiando en ese terruño, que maneja y conoce mucho mejor que el mundo de las sutilezas, dejando sin cumplir un intento que podría haber sido valorable, pero que sólo resulta cosmético dentro de un paquete sin muchas luces, por más efectividad que exhiba a ratos.

Lo que la hace decepcionante es que, como tantas otras cintas que no hallan cómo salvarse del olvido, inserta una última vuelta de tuerca que borra de un plumazo todo lo que podía quedar de una búsqueda más noble y arriesgada. Así, incompresiblemente, todo lo que, sumando y restando, va construyendo de manera sigilosa se termina evidenciando innecesariamente. Aunque a su favor cuenta con más de algún mérito, y es considerablemente mejor que la deleznable “Anabelle” y que gran parte de las legiones de largometrajes similares que copan cada mes los cines, esa última decisión gatilla que entre en el terreno de lo prescindible y que haga pensar que no hay nada que hacer para revertir el pobre estado del género.

Por Gonzalo Valdivia

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