El Niño y La Bestia

Jueves, 25 de agosto de 2016 | 9:45 am | No hay comentarios

Título original:

Bakemono No Ko

Dirigida por:

Mamoru Hosoda

Duración:

119 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Animación

Las cintas de Mamoru Hosoda están colmadas de un subtexto rico en contenido, que va mucho más allá de su premisa principal. Jugando con la modificación de la realidad como la conocemos, y siempre bajo un contexto donde los lazos familiares tienen un rol esencial, los personajes llevados a la animación son seres multidimensionales y complejos, a los que les son encomendados una búsqueda física o personal de algo que carecen, encontrando en su camino algo más de lo que esperaban.

BAKEMONO NO KO 01Estén basadas en novelas, como el caso de “Toki O Kakeru Shôjo” (2006), o ideas propias como “Samâ Uôzu” (2009), la animación tradicional con las que son llevadas a pantalla encuentran en su simpleza y meticulosa realización espacios que abordan tanto la acción como la reflexión, ensalzando las temáticas particulares en cada caso y siendo capaces de suspender nuestra realidad por un instante, sumergiéndonos en un ficticio y maravilloso mundo que traspasa edad y culturas.

En Jutengai, el Reino de las Bestias, los poderosos Iozen y Kumatetsu se preparan para un enfrentamiento que decidirá quién sucede al Gran Maestro. Pero Kumatetsu, guerrero con aspecto de oso, mal carácter y egoísta, primero necesita conseguir un discípulo que siga su legado. Desesperado, acude al mundo de los humanos donde tropezará con el solitario Kyûta, un niño que escapó de su familia para vivir en las calles de Shibuya, entablando una relación que será mucho más fuerte que la de maestro-aprendiz.

BAKEMONO NO KO 02Si bien Hosoda ha sido catalogado por algunos como “el siguiente Hayao Miyazaki”, pues al igual que su compatriota tiene una técnica levemente similar tanto en la ejecución de sus historias como en los resultados, los directores distan bastante en el tratamiento y los focos cardinales de sus filmes, siendo el fundador de Studio Ghibli más prolífero y exitoso en articular sus incomparables y mágicos relatos. No obstante, Hosoda ha sabido hacerse un nombre dentro del rubro, logrando ser premiado en el circuito de festivales dentro y fuera de su país por la calidad y calidez de sus producciones.

Tal como en las demás obras del nipón, en “El Niño y La Bestia” está totalmente impresa la importancia de los lazos familiares, especialmente la del padre e hijo, y la reconciliación con el pasado y el presente. A través de la relación que el pequeño niño entabla con el oso antropomórfico, con el que comparte una serie de rasgos negativos –y, por lo demás, graciosos–, se va construyendo un relato donde el camino al aprendizaje, la valentía, el abandono y la redención son tanto o igual de importantes. Fiel a su estilo, la sensibilidad con que se tratan estos temas es llevada con paso sereno, más lento a lo que acostumbramos, pero no por ello negativo.

BAKEMONO NO KO 03La sencilla y deslumbrante animación, que mezcla el rotoscoping con algunos elementos 3D, pone una atención especial a los detalles. Los escenarios de fondo, estáticos o en movimiento, tienen un nivel de prolijidad notable, con pequeños y múltiples elementos que en la suma conforman atmósferas con distintas emociones. Pero no solo eso; también hay especial cuidado en la animación de los ciudadanos, animales y humanos, que exaltan las escenas donde son partícipes, tal como si se tratara de un fondo con “personas reales”.

Otro de los grandes temas de “El Niño y La Bestia” es el paso de la infancia a la juventud, atributo que concibe un relato en dos partes: la primera con el argumento central y el encuentro entre niño y su mentor, y la segunda con la transformación de niño a adolescente, con todos los líos que ello carga y llevando la narración hacia lugares inesperados.

BAKEMONO NO KO 04Tal vez sea por el alargue de lo anterior o por ese inevitable tratamiento visible en las series y películas de animé donde todo debe explicarse –excepto el tierno y extraño acompañante de Kyûta–, que la segunda mitad de la historia va perdiendo su energía inicial. Aquí se da paso, incluso, a clichés propios del animé contemporáneo con momentos un tanto innecesarios. Por suerte, lo anterior jamás se desconecta de la trama y, de alguna u otra forma, todo se cierra en su debido momento.

La solidez y delicadeza por igual de este tipo de producciones japonesas tienen un potencial tremendo cuando se trata de contar historias con toques fantásticos, imaginando mundos que jamás han pasado por nuestra mente y traspasando no sólo culturas, sino que toda concepción que podemos tener frente a una cinta animada. Porque, a pesar de que este tipo de filmes son considerados más de nicho –para seguidores y conocedores del anime, para entendidos de la animación en general o incluso para niños–, la heterogeneidad y complejidad de sus temáticas, más la sutileza y exquisitez de sus animaciones, acompañadas de una musicalización formidable, atraviesan cualquier prejuicio que tengamos. La frase “es de monitos” no puede ser menos relevante. Y siempre será bueno poder ser espectadores de animación japonesa de calidad en pantalla grande.

Por Daniela Pérez

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