El Legado Bourne

Miércoles, 24 de Octubre de 2012 | 1:03 pm | No hay comentarios

Título original:

The Bourne Legacy

Dirigida por:

Tony Gilroy

Duración:

135 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Jeremy Renner, Rachel Weisz, Edward Norton, Joan Allen, Albert Finney, Oscar Isaac, Scott Glenn, Stacy Keach, David Strathairn, Corey Stoll

Es menester del negocio del entretenimiento, tan necesitado de ideas, el resucitar franquicias que al parecer ya estaban finiquitadas, e intentar exprimirles hasta la última gota de ganancia. Siendo benevolentes, hay que considerar que la cantidad de historias a contar son limitadas, los recursos también, y casi la totalidad de la oferta creativa ronda en los mismos tópicos, cambiando escenarios o vestimentas para la ocasión. En la industria del cine en particular, los remakes, reboots o enésimas partes, son pan de cada día, llegando a generar sagas incombustibles, como por ejemplo James Bond, que ya cumple su quinta década en cartelera. Para lograrlo, sólo se necesitan dos elementos que deben cumplirse: tomar el universo ya creado, agregarle elementos y luego reordenarlos de tal manera que parezca una idea nueva, original, nunca antes vista. Como si de una prenda de vestir se tratara, se necesita cortar un poco por aquí, agregar un pedazo por acá, y la rescatas para usarla otra vez. Algo que sucede con “El Legado Bourne”, película que toma el universo creado por el escritor Robert Ludlum y la adorna con nuevas caras, pero sin aportar nada novedoso a la exitosa trilogía aparentemente cerrada.

La nueva entrega corre en paralelo con la línea temporal de “The Bourne Supremacy” (2007), comenzando de la misma forma que su antecesora. Al constatar que el programa secreto Outcome ha sido filtrado a la prensa, y con la división Treadstone comprometida, la CIA y el Departamento de Defensa deciden cerrarlos, eliminando cualquier evidencia. Aaron Cross (Jeremy Renner) es uno de los agentes que deben ser silenciados, y cuando se percata de las intenciones de sus antiguos jefes, decide buscar a la doctora Martha Shearing (Rachel Weisz) para que lo ayude a recuperar la libertad arrebatada por la dependencia al tratamiento farmacológico entregado por el programa.

El relato tiene un inicio lento y errático. Las citas a las anteriores películas son tantas, que no sería exagerado pensar en un manual con tips de  Bourne para no perderse en los primero 30 minutos. Cuesta recordar tanta información, porque en las anteriores cintas, y en la tercera en particular, estos datos son puramente anecdóticos, no son centrales en el conflicto presentado. Aquí, por el contrario, son esenciales para seguir el hilo narrativo trazado, y el subtexto que pretende hilvanar. Luego de este percance, “El Legado Bourne” es incapaz de escapar de sus predecesoras, y si bien aporta algunas escenas de acción entretenidas, no es nada que no hayamos visto y apreciado en las anteriores entregas y en toda la larga tradición de películas de acción, espionaje y conspiraciones hollywoodense.

Como se ve, “El Legado Bourne” camina sobre las huellas de las tres entregas anteriores protagonizadas por Matt Damon. Pese a seguir incluso la misma línea temporal, tropieza en el elemento más característico de la anterior saga dirigida en dos oportunidades por Paul Greengrass: el uso del montaje vertiginoso, entrecortado, con planos que no duraban más de 20 segundos, dando la sensación de un relato fragmentado, sin un punto de vista definido, acentuando la sensación de incertidumbre respecto a lo que se ve en pantalla. Como es obvio, en esta nueva película la clave no está en la búsqueda del pasado y el rescate de una memoria trastocada, sino que en la conquista de una libertad arrebatada por el deber. Pero el recurso expresivo de la edición, que en la tercera parte “The Bourne Ultimatum” incluso fue digno de un Oscar, al no ser incluido, hace que la película pierda identidad. Queda claro que ya no vemos una película Bourne, pese a usufructuar de sus personajes y su universo narrativo.

Aunque se trate de escapar del lugar común de “las comparaciones son odiosas”, la misma cinta nunca deja de hablar de las tres anteriores, y obliga al espectador a comparar. Lo más lamentable en este caso, es que “El Legado Bourne” se cuenta y suena demasiado parecida a todo lo demás, llegando al nivel del déjà vu exagerado, incluso en el clímax y el final. La pregunta entonces es ¿vale la pena reflotar una saga donde, al parecer, ya está todo dicho y que no aporta nada nuevo? Porque “El Legado Bourne” no llega a ser más que un ejercicio a ratos entretenido, repetido, y que busca justificarse en el recambio de rostros protagónicos y en la inclusión de factores que no fueron explicados en las cintas anteriores. No obstante, en originalidad, no queda mucho que rescatar.

Por Juan Pablo Bravo

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