El Inventor de Juegos

Jueves, 3 de Julio de 2014 | 12:25 pm | No hay comentarios

Título original:

The Games Maker

Dirigida por:

Juan Pablo Buscarini

Duración:

110 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

David Mazouz, Joseph Fiennes, Megan Charpentier, Alejandro Awada, Valentina Lodovini, Tom Cavanagh, Edward Asner

Criticar la adaptación cinematográfica de un libro propone la misma dificultad que opinar sobre un hijo que ha repetido el comportamiento del padre. Por un lado son entes independientes que merecen juicios distintos, pero por el otro el vínculo que los relaciona es un antecedente inevitable. Que la película no es suficiente fiel, que se toma demasiadas atribuciones, que peca de dejar escenas afuera, que el casting no se ajusta a la identidad de los personajes, etcétera. Las aristas a considerar son numerosas, pero es probable que “El Inventor de Juegos” repita lo que cintas como “Harry Potter And The Philosopher’s Stone” (2001) y “The Hunger Games” (2012) cometieron con la mejor de las intenciones: plasmar sus afanes de lealtad a la novela, en un relato fílmico que falla en la progresión hacia el clímax y que, por ende, sólo termina siendo tedioso.

THE GAMES MAKER 01Iván Dragó (David Mazouz) es un niño de diez años que postula a un concurso de invención de juegos. Dado que su familia tiene prestigio en el rubro, Iván hereda el talento y gana la competencia, pero el premio no es más que un enigmático tatuaje. Su vida, sin embargo, da un triste vuelco cuando sus padres (Tom Cavanagh y Valentina Lodovini) desaparecen en un confuso accidente, siendo enviado a un estricto internado cuyo edificio no cesa de hundirse. A partir de entonces, Iván experimenta una serie de aventuras que involucra encariñarse con una niña “invisible”, echar abajo el colegio, irse a vivir con su abuelo a un pueblo muerto que solía ser la capital de la creación de  juegos, y luchar contra Morodian (Joseph Fiennes), el villano que lo separó de sus padres y quien pretende utilizar el talento de Iván para que su imperio de juegos siga prosperando.

Cuando se trata con historias infantiles de  carácter  artificioso como esta, hay que desarrollar cierto nivel de tolerancia y perspectiva, sobre todo cuando están inmersas en universos paralelos que, desde un punto de vista pragmático, son bastante improbables. Se debe tener presente, por tanto, que la manera en que se resuelven los conflictos sigue una lógica que deja mucho que desear, y que las mismas problemáticas carecerían de sentido en la vida real en primer lugar. Todo esto para que, a posteriori, la sensación de letargo no induzca una improvisada siesta en la sala de cine. Con esta película (una co-producción canadiense, argentina e italiana) eso apenas se logra y ya es mucho decir, puesto que no sólo el argumento es ingenuo y derechamente insulso, sino que además su construcción se presiente accidentada.

THE GAMES MAKER 02La narración está claramente dividida en dos partes –siendo el hundimiento del colegio el acontecimiento separatorio-, lo que de por sí es un error, porque interrumpe bruscamente la concentración y descoloca, pero también desnuda la incapacidad de los realizadores por dar con un buen guión y unificar las escenas. La belleza del montaje cinematográfico radica, después de todo, en dotar de un sentido coherente al film. En este caso eso se desaprovecha. Es esta torpeza también la culpable de que el metraje se perciba más extenso de lo que realmente es, pareciendo incluso que la película comienza de nuevo en cierta parte del metraje. La necesidad de acercarse a la estructura del libro escrito por el argentino Pablo de Santis no es excusa para presentar dos cintas en una.

Lo que tampoco se justifica (además del muy innecesario 3D) es la musicalización interminable; literalmente no hay silencios, lo que nuevamente responde a la errada sensación de ritmo. Independiente de su tono infantil que exige melodías estimulantes de fondo que decoren la aventura, una película debe poseer cierta sensibilidad que permita empatizar con la humanidad de sus personajes, generar atmósferas de quietud y, de paso, darle un respiro al espectador. El silencio cumple con esa tarea, pero en este caso la producción parece ignorar aquello. El trabajo visual sí se rescata, destacando la fotografía de Roman Osin, responsable de la delicada estética de “Pride And Prejudice” (2005) y que aquí se preocupa especialmente de diferenciar los distintos contextos por donde pasa Iván, llenando de luminosidad y colorido su instancia en su hogar y luego subexponiendo con tinieblas una vez que queda huérfano. Poco se les puede pedir a los actores con personajes tan THE GAMES MAKER 03caricaturizados, pero curiosamente es el chico protagonista quien entrega un desempeño más sólido que los adultos.

La película de Juan Pablo Buscarini difícilmente va a encantar a un público aparte del infantil, y ni siquiera a cualquier niño, porque no propone un espectáculo ni fluido ni del todo divertido, ni menos merecedor de asombro. En su empeño por ser honesto a la trama que lo origina, diseña una historia que se siente demasiado larga, y por alcanzar el nivel de cualquier producción estadounidense, recurre a herramientas que no aportan o que caen en el exceso. Es el riesgo que se corre cada vez que se adapta una novela de aventuras: el fruto final puede ser esplendoroso, pero también se puede manchar lo que funcionaba infinitamente mejor en la mente de cada uno de los lectores.

Por María José Álvarez

Enlace corto:

Comentar

Responder