Dunkerque

Jueves, 27 de Julio de 2017 | 12:28 am | No hay comentarios

Título original:

Dunkirk

Dirigida por:

Christopher Nolan

Duración:

106 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Harry Styles, Jack Lowden, Aneurin Barnard, James D'Arcy, Tom Glynn-Carney, Bradley Hall, Damien Bonnard, Jochum ten Haaf, Michel Biel

La guerra, tanto las batallas como el antes y el después de los conflictos, ha sido siempre una fuente invaluable de historias para la televisión y el cine; es el drama humano, el dolor, la esperanza y el honor lo que nos mueve a contar una y otra vez estos sucesos desde cientos de miradas distintas y ángulos que ya han llegado a convertirse en clásicos de este género cinematográfico. Es por esto que plantear una nueva película basada en conflictos bélicos es siempre un desafío a la habilidad del equipo técnico para poder plasmar un hecho conocido desde una manera novedosa y, en mayor o menor medida, capaz de emocionar a la audiencia. La búsqueda de cómo encontrar esa originalidad y conexión con el público es la que lleva a una película como “Dunkerque” a poner especial énfasis en el ritmo con el que se cuenta una historia que, a diferencia de otras películas de rescates, como “Saving Private Ryan” (1998), centra su atención en el desarrollo psicológico de sus personajes más que en tomas de acción que retraten la crueldad de la guerra.

“Dunkerque” se posiciona, entonces, como una nueva entrega de Christopher Nolan, nombre mayormente conocido por su trabajo en la serie de películas que componen la saga de Batman (2005 – 2012), pero que ya posee una trayectoria y una filmografía sensible a los detalles y comprometida con el desarrollo de personajes que se remonta hasta “Following” (1998) y la inolvidable “Memento” (2000).

En esta historia seremos testigos del rescate de 400 mil soldados británicos de Dunkerque a través de los ojos de tres de sus protagonistas: Tommy (Fionn Whitehead), un soldado en búsqueda de volver a casa, un pescador británico (Mark Rylance) que se lanza al mar para ir a recoger a las tropas en la misma Dunkerque, y un piloto de la fuerza aérea británica (Tom Hardy) encargado de derribar a los bombarderos alemanes que evitan la evacuación. La multiplicidad de los puntos de vista genera una rítmica profundamente lograda a lo largo de los 106 minutos de película. Cada una de estas historias tiene un ritmo propio y reconocible, que interactúa con los otros relatos a través de saltos temporales y eventos cruzados que tejen la gran odisea del rescate de la playa de Dunkerque.

Una de las cosas que más destaca dentro de este planteamiento narrativo son los escasos diálogos presentes en el filme. Se esperaría, al tratarse de una película de rescate, encontrarse con un sinnúmero de interacciones verbales que sirvan para contextualizar y agregar tensión a la situación de los soldados, no obstante, estos diálogos no llegan a presentarse en el trabajo de Nolan, sino que son reemplazados por un rico lenguaje no verbal, un juego de cámara brillante y una banda sonora que entrega de manera sobrada la tensión argumental necesaria para que la película funcione sin necesidad de explicaciones, apostando a una inversión emocional que haga sentir la desolación y desesperanza de los soldados desde el silencio cansado que llevan a cuesta, y relegando los diálogos a unas pocas interacciones que articulan las distintas aristas argumentales presentes en cada una de las tres historias.

Desde ese trabajo de guion es que se plantea la sonoridad como esencial para sumergir al espectador en el clima de la película y hacerlo parte del relato. Sin embargo, este elemento no trabaja de manera independiente en forma de canciones envasadas, sino que se construye complementando plenamente la rítmica narrativa de la película, presentando violines y chelos eléctricos que conviven con el sonido de motores de aeronaves y disparos, hasta amalgamarse en una sinfonía que transporta al espectador de clímax en clímax a medida que la historia se mueve a través de las notas musicales y los juegos de cámara.

De igual manera, desde el punto de vista visual, el filme nos entrega una propuesta de encuadre impecable, que sabe utilizar ángulos y tomas centradas en los personajes principales sin caer en el error de sobreexplotar las caras conocidas de su elenco. Por el contrario, se dedica a insertar esos encuadres cercanos con tomas panorámicas que cambian rápidamente a medida que una historia se entrecruza con la siguiente. Del mismo modo, las decisiones de cambio entre los relatos se acompañan de una paleta de colores que caracteriza cada uno de estos momentos, mostrando un trabajo cuidado y decidido sobre la visualidad del filme.

En resumen, “Dunkerque” se presenta como una experiencia fílmica completa; un justo homenaje a los veteranos de la guerra y a los fanáticos del cine, capaz de arriesgarse y tomar su lugar como arte, es decir, hacernos sentir, soñar y emocionar a través de un trabajo consciente y maduro. Es claro que, más allá de lo experimentado de su director, esta película cuenta con una mirada fina de todo su equipo, y es muy difícil encontrarle fallas importantes e imperdonables que superen lo bien logrado de su composición.

Por Ricardo Tapia

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