Dos Días, Una Noche

Jueves, 18 de Junio de 2015 | 1:16 am | Comentarios (1)

Título original:

Deux Jours, Une Nuit

Dirigida por:

Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne

Duración:

95 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Marion Cotillard, Fabrizio Rongione, Pili Groyne, Simon Caudry, Catherine Salée, Batiste Sornin, Alain Eloy, Myriem Akeddiou, Fabienne Sciascia, Olivier Gourmet

En febrero pasado Julianne Moore se quedó con la estatuilla a Mejor Actriz en los Premios de la Academia por su incuestionable y desgarrador papel en “Still Alice” (2014). Sin embargo, otra de las favoritas para llevarse a casa ese título era Marion Cotillard, precisamente por su actuación en “Dos Días, Una Noche”, una película con menos renombre mediático en este lado del globo, pero que dentro de su sencillez visual esconde una realidad universal justificada. No es una sorpresa, entonces, DEUX JEURS, UNE NUIT 01percibir por qué Cotillard fue tan aclamada por la crítica al protagonizar esta producción dramática llena de suspenso humano.

A Sandra (Marion Cotillard), madre de dos y quien recientemente estuvo alejada de su trabajo producto de una crisis depresiva, le avisan que en su empleo pueden prescindir de ella. La administración propuso a sus trabajadores elegir si recibían un bono de 1.000 euros cada uno, a cambio de que fuese despedida. En esa ocasión, sólo dos rechazaron el dinero. Sin embargo, gracias a una amiga, se realizará otra votación en la fábrica el lunes siguiente, por lo que Sandra tiene el fin de semana para convencer en persona a los 14 compañeros que faltan y, junto a su esposo, Manu (Fabrizio Rongione), se embarca en la ardua travesía.

Desde una premisa a simple vista sencilla, los hermanos Dardenne proponen una historia que, a medida que avanza, logra traspasar el sentido compasivo de su personaje principal. La depresión, temática que frecuentemente se torna compleja en el cine, es restituida sin aprensiones como parte de la vida de la protagonista, sin cumplir con el rol de antagonista único. Es un aspecto más para la construcción y evolución de Sandra, quien lucha no sólo para no volver a caer en los vicios de su DEUX JEURS, UNE NUIT 02trastorno, sino que también por dejar atrás el estigma lastimero y demostrar que es capaz de rehacer su vida como cualquier otra persona. De ahí que uno de los principales caminos, el tener que pararse frente a sus compañeros para intentar disuadirlos de escoger el bono, sea terriblemente difícil de afrontar (y de ver en pantalla).

La honestidad de la trama, la empatía de la disyuntiva moral, y el juego entre la dignidad personal, la miseria humana y la necesidad del dinero, por un lado, y de las dudosas prácticas laborales que incluso en este siglo siguen causando inconvenientes en miles de núcleos familiares, por otro, es donde recae el valor de “Dos Días, Una Noche”. Es la lucha de una mujer consigo misma, contra la angustia de la incertidumbre laboral y contra el apremiante tiempo, mientras se hace parte de las demás historias que cada hogar esconde celosamente.

Con una actuación indiscutiblemente sólida y que eriza la piel, Marion Cotillard demuestra una vez más que su talento no es efímero al interpretar un papel que, con honestidad, va evolucionando íntimamente, no sin las dificultades propias de retratar fragmentos sacados de la vida real y que DEUX JEURS, UNE NUIT 03mantienen un suspenso imprevisible hasta el final. A su vez, Rongione entrega con benevolencia íntegra el rol paciente y preocupado del esposo que sostiene el peso de la situación en que su pareja se ve envuelta. Y ambos funcionan con una complicidad prodigiosa para la trama.

El ritmo pausado de la cinta otorga un aire de realismo que no es solemne ni trágico, mucho menos elegante, como se ha de esperar en producciones europeas. No es condescendiente con la historia ni con sus propios impedimentos, sino que va dejando el espacio para comprender más allá de las palabras el proceso que experimenta la protagonista, del cual formamos parte sin saberlo. Abierta, cercana y concreta, “Dos Días, Una Noche” proporciona una historia franca sustentada por una magnífica actuación principal y que ofrece sin pretextos un potente mensaje final.

Por Daniela Pérez

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  1. El Señor Lápiz says:

    Solo señalar que los hermanos Dardenne son belgas.

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