Directo Al Corazón

Jueves, 28 de Mayo de 2015 | 1:43 am | No hay comentarios

Título original:

Danny Collins

Dirigida por:

Dan Fogelman

Duración:

106 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Al Pacino, Annette Bening, Jennifer Garner, Bobby Cannavale, Christopher Plummer, Josh Peck, Michael Caine, Katarina Cas, Cassandra Starr, Melissa Benoist

“Escribes como John Lennon”, le asegura un director de sello discográfico a un promisorio cantante, allá por los 70. La comparación, junto con resultar algo exagerada,  compromete a quien sea que la recibe. En el caso de Danny Collins (Al Pacino) sirvió como nada más que puntapié inicial para una carrera que no tardó en estancarse en la comodidad, satisfecha con haber instalado unos cuantos hits que permitieran facturar hasta que los pies no se puedan arrastrar al escenario. El paralelo entre lo que pudo ser y lo que fue, lo revela un salto temporal de cuatro décadas, que muestra a Collins como un cantante de pop facilón, que aún encandila a costa de sus glorias pasadas.

DANNY COLLINS 01El punto de quiebre en una vida que luce como desaprovechada –que en la actualidad alberga los excesos y la esposa joven de rigor (Katarina Cas)- lo detona el regalo que le hace su amigo y manager, Frank (Christopher Plummer): una carta que le escribió de puño y letra cuarenta años antes el mismo Lennon. Para ese hombre que vive de manera tan desinhibida y despreocupada, tal revelación marca un viraje que lo lleva instalarse en un hotel en Nueva Jersey y a intentar establecer una relación con el hijo que nunca conoció (Bobby Canavale).

Las cosas en su lugar: el título que tiene acá el debut de Dan Fogelman sugiere una película más inofensiva y cursi de lo que realmente es. Cierto es que emerge como una cinta luminosa y optimista, un baño de energía ideal para ver en días sin mucho que hacer, pero también es indesmentible que se las arregla para anidar en su interior un interesante componente de cinismo. De que, está bien, es una historia de revancha, pero no prevalece el ánimo de aleccionar o pontificar sobre los vaivenes de la vida.

DANNY COLLINS 02Eso cuaja perfecto en una película que en ningún momento  pretende ser otra cosa, del mismo modo que su fanfarrón rockstar protagonista es consciente de su mediocridad, y que cuando se lanza en búsqueda de la redención no lo hace con propósitos completamente genuinos o con ambición de recibir todo. La respuesta a eso se encuentra, quizás, en que pocas películas de este tono menor han alcanzado una conjunción tan sólida entre el actor central con el espíritu y la ambición de la misma. De un modo no tradicional, “Directo al Corazón” marca cierta reinvención en la carrera de Pacino, como un actor que no teme, entusiasmado, ponerse ropajes de autoparodia. No hay momentos para mayores lamentos, parece decir la estrella de “Dog Day Afternoon” (1975), del mismo modo que su Danny Collins persigue otra oportunidad, pero sabiendo que la jodió hasta el fondo y la redención total no es posible. El guión no teme estrechar lazos con la vida de Pacino y ahí asoma, probablemente, lo más interesante de la cinta.

Naturalmente, la cinta funciona con menor jerarquía cuando irrumpen los clichés propios del género, que desatan con desconcertante facilidad nudos que en películas de mayor hondura serían cumbres inabordables. Y menos aun cuando el romance entre Collins y el personaje de Annette Bening pasa a DANNY COLLINS 03ser el foco de las luces. En ese plano, Dan Fogelman no tiene para ofrecer más que migajas. En un mero intercambio de líneas de manual, la cinta flirtea con películas mucho menos afortunadas, como “Love Punch” (2014), o todo lo que ha venido protagonizando Diane Keaton en las últimas dos décadas.

Pero “Directo al Corazón” está lejos de ser eso. Tampoco, por fortuna, es el regreso de una estrella de glorioso pasado o el rescate tardío de un tipo menospreciado en su momento. Es la historia de lo que decide hacer una estrella de medio pelo –que despilfarró un supuesto gran talento- al enterarse de lo que pudo haber sido su vida, desde una óptica que evidencia esfuerzos por tomar prudente distancia de la complacencia. Ese halo de desenfado se agradece en una película que, en otras manos, podría haber sido una lata tremenda.

Por Gonzalo Valdivia

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